Paloma Borregón, dermatóloga madrileña: «Se puede tener una piel grasa y deshidratada»
Nuestro rostro no solo cumple una función estética, sino que refleja el estado general de como se encuentra nuestra salud

Rostro mal cuidado | Canva pro
Son muchas las mujeres que a día de hoy siguen sufriendo problemas en la piel del rostro. Con tanta información disponible, a menudo se crea un caos de consejos contradictorios sobre lo que conviene o no, lo que termina llevando al uso de productos que no se ajustan a las necesidades reales de cada piel. La piel no es igual en todas las personas, cada rostro es diferente y único, por lo que acudir a un profesional o informarse correctamente es la mejor manera de cuidarla. En este sentido, Paloma Borregón, dermatóloga madrileña, apunta a un concepto que sorprende a muchos: «Se puede tener piel grasa y deshidratada». Y es que según Borregón, es un error común evitar la hidratación por creer que la piel grasa no la necesita. «Si tus glándulas sebáceas notan que estás deshidratada, se ponen a trabajar y añaden más grasa», explica, subrayando que la clave está en nutrir la piel de forma equilibrada, no en evitar los productos hidratantes por completo.
La dermatóloga insiste en que muchas personas confunden la grasa con hidratación. La piel puede producir sebo en exceso, pero aun así carecer de agua, lo que genera esa sensación de tirantez, brillo irregular y, a la larga, puede empeorar imperfecciones y dilatar los poros. «No hace falta invertir una fortuna en cosméticos, sino tener los productos adecuados. Si el dermatólogo te pone una rutina para ti, lo tendrás más fácil y no perderás ni tiempo ni dinero», asegura Borregón, haciendo hincapié en que la personalización de la rutina es más efectiva que seguir modas o comprar productos por impulso.
La influencia del sol y el exposoma en la piel
Borregón también advierte sobre los efectos acumulativos del sol en la piel. La llamada piel fotoenvejecida es aquella que ha sufrido los daños del sol a lo largo del tiempo. «En el envejecimiento la genética solo marca el 20-30%. El resto son factores del exposoma: tabaco, falta de sueño, estrés, alimentación… y, sobre todo, el sol», puntualiza. La exposición solar sin protección acelera la aparición de arrugas, manchas y pérdida de elasticidad, evidenciando que muchas de las señales que atribuimos al paso de los años son, en realidad, consecuencia de hábitos cotidianos y de la exposición ambiental.

La experta describe la piel como “chivata”, capaz de contar la historia de lo que ha sucedido en el cuerpo. Cuando existe un proceso crónico de inflamación, ya sea por acné, dermatitis o incluso estrés, la piel refleja esos cambios: se ve apagada, irregular, con imperfecciones y poros más dilatados. Este enfoque recuerda que la piel no solo es un órgano estético, sino un indicador de la salud general y del estilo de vida de cada persona.
Rutinas personalizadas y prevención
Para Borregón, la prevención y el cuidado personalizado son esenciales. Recomienda adaptar la rutina de cuidado a las necesidades específicas de cada tipo de piel, combinando limpieza, hidratación, protección solar y tratamientos puntuales según el diagnóstico dermatológico. Esto permite no solo mantener la piel en buen estado, sino también corregir signos tempranos de envejecimiento o inflamación sin recurrir a productos innecesarios o caros.
El mensaje de la dermatóloga es claro: la constancia y el conocimiento de tu propia piel superan con creces la inversión en productos de moda. Comprender la diferencia entre grasa y deshidratación, protegerse del sol y atender los signos de inflamación puede marcar la diferencia en la salud cutánea a largo plazo. «La piel refleja lo que pasa en el interior y en el exterior. Con una rutina adaptada y hábitos saludables, se puede prevenir mucho más de lo que se imagina», concluye Borregón.
