Lourdes Moreno, experta en dermocosmética, lo confirma: estás perdiendo el tiempo con cremas hidratantes sin usar retinol
Si tu skincare tiene más de seis pasos, desde THE OBJECTIVE te contamos por qué menos es mejor

Piel saludable | Canva pro
El retinol lleva años ocupando un lugar privilegiado en el discurso de la dermocosmética. Presente en rutinas antiedad, recomendado por dermatólogos y respaldado por una sólida base científica, este derivado de la vitamina A se ha consolidado como uno de los activos más estudiados y eficaces del cuidado facial. Sin embargo, su popularidad también ha abierto el debate sobre si su fama responde realmente a sus resultados o si existen otros ingredientes capaces de ofrecer beneficios similares. Para responder a esta cuestión, desde THE OBJECTIVE nos ponemos en contacto con Lourdes Moreno, experta en dermocosmética para analizar su papel dentro de una rutina bien planteada con la visión.
¿Está sobredimensionada la fama del retinol frente a otros activos?
La eficacia del retinol no se sustenta únicamente en tendencias o campañas de marketing. La comunidad científica lo considera el activo cosmético con mayor respaldo clínico por su capacidad de actuar en profundidad. Estudios publicados en PubMed muestran que su aplicación tópica aumenta el grosor de la epidermis, estimula la producción de colágeno tipo I y III y reduce visiblemente las arrugas tras varias semanas de uso, confirmando su acción más allá de la superficie de la piel. Tal y como explica Lourdes Moreno, «es el ingrediente con mayor respaldo científico en dermocosmética, porque actúa a un nivel profundo de la piel regulando en función de sus necesidades».
A diferencia de otros activos que trabajan sobre un único mecanismo, el retinol destaca por su acción integral. Estimula la producción de colágeno y elastina, mejora la renovación celular, ayuda a regular la producción de sebo y refina la textura cutánea. «Su gran valor es que normaliza funciones clave y no hay otro activo cosmético que actúe de forma tan global y completa», señala la experta. Esta versatilidad explica por qué sigue siendo el pilar central de cualquier estrategia antiedad bien diseñada.

El retinol mantiene su posición de referencia porque sus resultados son medibles y sostenidos en el tiempo. Según Moreno, su valor diferencial reside en que no se limita a mejorar el aspecto superficial de la piel, sino que interviene en procesos biológicos esenciales. «Por eso, bien formulado y correctamente utilizado, sigue siendo insustituible dentro de una estrategia antiedad». Eso sí, la experta subraya que su eficacia depende de un uso adecuado y progresivo, siempre adaptado al tipo de piel y acompañado de una rutina equilibrada.
El retinol dentro de una rutina eficaz, estrategia antes que productos
Uno de los errores más habituales es considerar el retinol como un producto aislado capaz de transformar la piel por sí solo. En este punto, Lourdes Moreno es clara, «el retinol es uno de los activos más transformadores, pero no funciona de forma aislada, y hay que incluir otros que son fundamentales para que pueda hacer su efecto».
Una rutina eficaz debe cubrir varias funciones esenciales. La limpieza prepara la piel y garantiza una mejor absorción de los activos. Los antioxidantes protegen frente al daño oxidativo diario. La hidratación y el refuerzo de la barrera cutánea minimizan la irritación y mejoran la tolerancia. El retinol actúa como motor del cambio y la protección solar diaria preserva los resultados. «El retinol es el activo que genera cambios visibles y medibles a medio y largo plazo, pero sin una piel bien preparada, protegida e hidratada, su eficacia disminuye», advierte.
¿Es eficaz hidratar la piel sin usar retinol?
La popularización del cuidado facial ha traído consigo rutinas cada vez más extensas, con múltiples cosméticos que repiten funciones similares. Para Moreno, el problema no está en la cantidad, sino en la falta de una estrategia clara. «Simplificar no es quitar lo importante, sino prescindir de lo redundante», explica.
Cuando se plantea a qué producto habría que decir adiós para dar protagonismo al retinol, la respuesta no apunta a un cosmético concreto, sino a una categoría muy habitual, los tratamientos que no aportan una transformación real. «Lo prescindible suelen ser los tratamientos que duplican funciones, como múltiples hidratantes sin un objetivo claro», afirma. Y es que según Moreno, apostar solo por hidratación sin incorporar activos que modifiquen el comportamiento de la piel limita los resultados a corto plazo y no responde a un enfoque antiedad eficaz.

Los pasos de una rutina antiedad bien planteada
Una rutina antiedad eficaz no necesita ser extensa ni compleja, sino bien estructurada y coherente. «El objetivo es cubrir las funciones básicas que permiten a la piel responder correctamente a los activos y mantener su equilibrio a largo plazo» explica Moreno.
- Limpieza facial: sencilla por la mañana y doble por la noche para eliminar suciedad, maquillaje y protección solar, y preparar la piel para recibir los tratamientos.
- Antioxidantes por la mañana: protegen frente al daño oxidativo diario, ayudan a prevenir el envejecimiento prematuro y refuerzan la acción del protector solar.
- Retinol por la noche: es el activo transformador por excelencia, responsable de estimular la renovación celular y mejorar la textura y firmeza de la piel.
- Hidratación reparadora: refuerza la barrera cutánea, mejora la tolerancia al retinol y mantiene la piel equilibrada y confortable.
- Protección solar diaria: paso imprescindible para evitar el daño solar y preservar los resultados obtenidos con la rutina.
Como recuerda la experta, «sin estos pilares, ningún activo, incluido el retinol, puede ofrecer resultados reales». El retinol no es una moda, sino un ingrediente avalado por la ciencia cuyo potencial solo se alcanza cuando se integra dentro de una estrategia constante y bien planteada.
