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Nutrición

Cómo Marisa Jara pudo adelgazar 13 kilos en solo medio año: dos expertas dan las claves

Analizamos la gran pérdida de peso de Marisa Jara, con datos clave para entender el éxito de su dieta

Cómo Marisa Jara pudo adelgazar 13 kilos en solo medio año: dos expertas dan las claves

Marisa Jara | Gtres

Marisa Jara, de 46 años, se ha consolidado como empresaria con su propia línea de bisutería llamada JadeJara, en la que diseña joyas que ella misma promociona y luce en redes sociales, donde también ejerce como influencer de moda, belleza y estilo de vida. Aunque ha pasado momentos difíciles —especialmente en 2018, cuando la modelo sufrió un cáncer de estómago—, la vida le ha vuelto a sonreír. Ahora se encuentra centrada en su familia: disfruta de su papel como madre junto a su pareja, el asesor inmobiliario Miguel Almansa, y su hijo Tomás, de 3 años.

Y todo ello ha sido posible por su actitud ante la vida y por cambiar aspectos que no le gustaban de ella, como el sobrepeso que padecía. Tal y como ella misma explicó a finales del pasado año, adelgazarno se trataba únicamente de una cuestión estética, sino de bienestar. Marisa Jara reconocía que se sentía cansada con facilidad y poco cómoda en su día a día. Por ese motivo, inició un plan de pérdida de peso con el que adelgazó 13 kilos en seis meses.

Marisa Jara adelgazó 13 kilos en seis meses

Ante la curiosidad sobre cómo ha conseguido este cambio físico en tan poco tiempo, Marisa Jaraha sido clara. Al ver que le resultaba complicado hacerlo por su cuenta, optó por recurrir a profesionales especializados. El método elegido fue la dieta Pronokal, un sistema basado en principios de la dieta cetogénica y diseñado para la pérdida de peso bajo control médico.

Este plan alimenticio prioriza el consumo de proteínas de alto valor biológico junto con verduras bajas en hidratos de carbono, como hojas verdes, pepino, espinacas o brócoli. Durante las primeras fases se restringen alimentos ricos en carbohidratos —como pan, pasta o patatas—, así como determinadas frutas y lácteos azucarados. Conforme se alcanzan los objetivos, estos alimentos se reintroducen de forma gradual y supervisada.

El propósito final del método es llevar al organismo a un estado de cetosis controlada, en el que la grasa acumulada se convierte en la principal fuente de energía. Para ello, se reduce al mínimo la ingesta de azúcares y se apuesta por proteínas magras y vegetales con bajo índice glucémico, siempre con seguimiento profesional para garantizar la seguridad del proceso.

Perdió peso sin ansiedad y sin pasar hambre

El éxito del adelgazamiento de Marisa Jara se debió sobre todo, a que no pasó hambre y a que no sintió ansiedad al seguir el plan. «Su mensaje, centrado en la salud más que en la estética, conecta con un cambio de paradigma que los expertos llevan tiempo defendiendo: adelgazar no debería implicar castigo, restricción ni sufrimiento psicológico. El peso pasó de moda», resume Teresa Bueno, farmacéutica experta en salud nutricional. «Hoy las personas ya no buscan tanto encajar en estándares de belleza, sino sentirse sanas. Y eso cambia completamente el enfoque: ya no hablamos de dietas, hablamos de hábitos y de equilibrio», añade.

Para Bueno, uno de los grandes errores históricos ha sido asociar el concepto de dieta con control estricto y prohibiciones. «La palabra dieta es casi sinónimo de restricción, y nuestro cerebro lo interpreta como una amenaza. En cuanto pensamos que vamos a comer menos o que se avecina escasez, se activan mecanismos de supervivencia que aumentan el hambre», explica.

Desde el punto de vista fisiológico, este fenómeno tiene nombre y apellido. «Dos hormonas juegan un papel clave: la grelina, que es la hormona del hambre, y la leptina, responsable de la saciedad. Cuando hay restricciones, la grelina sube rápidamente y, además, el cerebro deja de reconocer bien la señal de la leptina. El resultado es más hambre y menos sensación de estar lleno». Es decir, no se trata de debilidad. El cuerpo, literalmente, empuja en contra.

«Perder peso sin ansiedad no es una heroicidad, es una consecuencia de dejar de vivir el proceso como una amenaza»

Marta Masí, farmacéutica experta en salud integral femenina, coincide: «El hambre real es un mecanismo biológico regulado principalmente por el hipotálamo. Cuando faltan reservas energéticas, aumenta la grelina; cuando hemos comido suficiente, actúa la leptina. Es un proceso relativamente estable».

La ansiedad, sin embargo, nace en otro lugar. «Está relacionada con el sistema límbico, especialmente con la amígdala, que detecta amenazas y activa la respuesta al estrés. Cuando una persona vive bajo presión emocional o cansancio acumulado, se incrementa la liberación de cortisol, la hormona del estrés».

El problema es que ambos sistemas se influyen mutuamente. «El estrés mantenido altera las señales normales de saciedad y favorece la necesidad de comer de forma impulsiva, sobre todo alimentos ricos en azúcar y grasa. No porque el cuerpo los necesite, sino porque activan los circuitos de recompensa y producen un alivio momentáneo. Así, el cerebro interpreta ansiedad como si fuera hambre».

Desde esta perspectiva, perder peso sin ansiedad no es una heroicidad. «Es una consecuencia de dejar de vivir el proceso como una amenaza. Cuando el cerebro no percibe escasez, el cuerpo deja de activar sus defensas». Por eso, desde la práctica clínica, el enfoque ha cambiado. «No existen alimentos prohibidos, existen frecuencias. La base debe ser frutas, verduras, legumbres, grasas buenas y fibra. Pero el cuerpo también tiene que saber que puede disfrutar de aquello que le gusta. Un día, no todos los días».

Este mensaje conecta directamente con la experiencia de Marisa Jara, que ha hablado de cuidar su salud para estar mejor para sus hijos y afrontar su vida con más energía. «Pensar que siempre puedes volver a optar por hábitos saludables y tener motivación para hacerlo forma parte del camino», apunta Bueno. «No es un todo o nada», añade

El caso de Marisa Jara resulta interesante precisamente porque rompe con el relato épico del sacrificio. No hay una historia de sufrimiento extremo, sino de constancia, comprensión y cuidado. Un relato mucho menos llamativo, pero mucho más realista.

«Durante años se ha vendido que adelgazar es sufrir», concluye Teresa Bueno. «Y eso es falso. El verdadero cambio ocurre cuando dejamos de pensar en castigarnos y empezamos a pensar en nutrirnos».

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