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Cultura

Málaga, el dandi rojo y la 'Desbandá'

Una exposición sobre la trágica huida de los malagueños en 1937 y una biografía del legendario vecino Sir Peter Chalmers recuerdan la Guerra Civil en la ciudad

Málaga,  el dandi rojo y la ‘Desbandá’

Una de las imágenes presentes en la exposición sobre la 'Desbandá' que se celebra en Málaga. | Cedidas

En Málaga, donde resido desde hace cuarenta años, he sido testigo del esfuerzo realizado para historiar los sucesos vividos en la ciudad durante los años de la Guerra Civil de 1936. Es una labor meritoria, porque había hechos poco conocidos y episodios relevantes sin investigar, y era justo y necesario conocerlos y trasmitirlos al público. Es cierto que este mismo esfuerzo historiográfico no se ha realizado para dilucidar los hechos acaecidos en la ciudad en los años previos a la guerra, lo que nos permitiría tener un conocimiento menos sesgado de la Historia, que algunos se empeñan en reabrir continuamente. Y no siempre para conocerla mejor, sino para utilizarla con fines partidistas.

En la rentreé en curso coinciden en Málaga la publicación de un libro y una exposición, que vuelven a tratar los hechos históricos arriba aludidos. Ambos, más allá de su localismo, tienen interés general y merecen lectura y visita, pues aportan a la cadena de estudios y exposiciones anteriores nuevos documentos y despiertan nuevas reflexiones sobre la tan traída y llevada Guerra Civil. El primero en comenzar esta pesquisa, el que abrió la veda de ese coto hasta entonces vedado, señalando caminos y pistas que otros recorrerían después, sin nombrarlo ni reconocérselo, y es de justicia hacerlo ahora, el primero, insisto, fue el trabajo pionero del profesor Antonio Nadal, su tesis doctoral, después publicada en libro, La Guerra Civil en Málaga (Arguval,1984). ¡Ay!, todavía me rechinan los ojos cuando veo, sobre la portada de la primera edición de tan meritorio libro, la tilde sobre el adjetivo «civíl» (sic). 

El libro al que me refiero arriba es El dandi rojo (Ediciones del Genal, 2022), de Andrés Arenas y Enrique Girón. Es un libro misceláneo, en el que también colaboran Enrique Benítez, Cristóbal Villalobos y José Antonio Hergueta. El «dandi rojo» es Sir Peter Chalmers-Mitchell, un distinguido intelectual y aristócrata escocés, al que el azar, y tal vez la necesidad, puso en medio de la catástrofe incivil. Sir Peter había fijado su residencia en la ciudad unos años antes, para disfrutar de la jubilación y del buen tiempo de la Costa malagueña. Había comprado una hermosa villa, Santa Lucía, en el exclusivo barrio de la Caleta-Limonar, donde vivía plácidamente rodeado de extranjeros y nativos pertenecientes a la oligarquía. De pronto, en la tarde del 17 de julio del 36, la tranquilidad y el bienestar de aquella elitista arcadia se rompieron, y Sir Peter (bautizado con fonética popular malagueña como Sopita) se vería sorprendido por la furia de las masas, provenientes de los barrios obreros, asaltaban y quemaban las casas de sus vecinos.

Sir Peter Chalmers-Mitchell, en una imagen de archivo.

Los autores de este libro habían traducido antes las memorias malagueñas, My house in Málaga (1938), de Sir Peter Chalmers-Mitchell, con el título de Mi casa de Málaga (Renacimiento, 2010). Además de este libro, con la autobiografía de Chalmers, My fill of days (1937) y las referencias que se encuentran en otras memorias de coetáneos de Chalmers, Arenas y Girón componen una muy sugestiva semblanza para presentar al lector español al personaje. Con anterioridad, solamente Antonio Nadal, en el libro citado, se había ocupado de Chalmers y de su protagonismo en los primeros meses de la guerra. Arenas y Girón, que han devenido en una suerte de expertos de tan singular personaje, al identificarlo con tan curioso y paradójico apelativo, nos advierten de las cualidades ambiguas y contradictorias que le permitieron navegar con soltura en las procelosas aguas malagueñas de 1936 y principios de 1937.

«En casa de Chalmers se detuvo a Arthur Koestler, lo que le hizo caer en desgracia en el bando nacional»

Chalmers era vecino y amigo de la familia de los Bolín, cuyo vástago mayor, el capitán Luis Bolín, fue uno de los artífices del levantamiento militar y de la compra en Londres del Dragon Rapid, el famoso avión que, como es sabido, llevó a Franco de Canarias a Marruecos para dirigir la insurrección desde las colonias africanas, y de allí saltar a la península. Chalmers los acogió y los escondió en su casa, protegiéndolos de las milicias populares que habían asaltado y ocupado su lujosa mansión para detenerlos. También, por el contrario, mantuvo una estrecha y amistosa relación con los grupos anarquistas y socialistas, que le permitió intervenir en defensa y protección de vecinos del Limonar que habían sido detenidos y encarcelados. De hecho, en My fill of days, se declara simpatizante y partidario de una especie de comunismo libertario, abogando por el fin del capitalismo, del dinero y la propiedad privada… También en casa de Chalmers se detuvo a Arthur Koestler, lo que le hizo caer en desgracia en el bando nacional por sospechoso de colaborar con el conocido espía e intelectual comunista. Sería el desencadenante de su salida de Málaga en 1937, poco después de la entrada de los nacionales en la ciudad, camino de Gibraltar y de allí a Inglaterra.

Portada del libro ‘Mi casa de Málaga’. | Renacimiento

Solo con estos datos creo que es suficiente para darse cuenta de que Chalmers era realmente un personaje complejo y contradictorio, y se comprende que sea un tipo atractivo, que despierte simpatía y admiración en los autores, hasta conferirle incluso una dimensión heroica. El que suscribe, sin embargo, no llega a participar de esa admiración, y aunque reconozco su imagen brillante y atractiva (entre otros atributos se vestía impecablemente con pulquérrimos trajes de color marfil en plena refriega malagueña), el personaje me despierta alguna reserva, fruto sin duda de mi incapacidad para creer en mitos y leyendas, y por mi carácter desconfiado hacia las unanimidades acríticas. Uno sospecha que, en Sir Peter, hay un punto de frivolidad y supremacismo colonial que le permite estimar adecuado e incluso recomendable para las colonias lo que no se quisiera para la metrópolis. Dicho de otro modo, pienso que los devaneos anarco-libertarios que encontraba adecuados para España difícilmente los habría aceptado para Gran Bretaña.

Fue también el profesor Nadal el primero (si no me falla la memoria: como personal, falible), que habló del episodio más estudiado después, el que ha concitado una ingente cantidad de publicaciones, actos y exposiciones, para conmemorar lo que se ha conocido como la Desbandá, de la que este año se cumplió el octogésimo aniversario. Es decir, la huida aterrorizada y caótica, en los primeros días de febrero de 1937, ante la proximidad de las tropas nacionales, de una multitud de malagueños, de la ciudad y de la provincia, refugiados en ella, por la carretera de Almería, con consecuencias trágicas. A pesar de los trabajos de investigación todavía se desconoce la magnitud de la huida y muchas de sus consecuencias: no se conoce ni el número de los que huyeron ni de los que murieron. En cualquier caso, el desconocimiento de las cifras exactas no reduce la magnitud de la tragedia. Se ignora también el papel cumplido o incumplido de las autoridades militares y políticas republicanas en la huida despavorida de las masas. La gravedad de los hechos es incontestable, pero todavía falta conocer estos datos y otras circunstancias. 

«Los testimonios de los supervivientes de la huida son un ejemplo de cómo tratar los hechos históricos sin excesos revanchistas»

La actual exposición, con el título de La Desbandá, 1937, organizada por las profesoras Barranquero y Prieto, se puede visitar hasta el final de octubre en el palacio episcopal de la plaza del Obispo de Málaga. No es la primera, pero se puede considerar la más completa, documentada y exhaustiva de las que hasta ahora se han celebrado, sin llegar tampoco a resolver las incógnitas arriba señaladas. Prosigue la labor de las anteriores, comisariadas por Jesús Majada y por Fernando Arcas. Añaden a aquellas una presentación más cuidada y espectacular, y sobre todo una mayor presencia de las extraordinarias fotografías de la Desbandá, las únicas que se conservan de la huida, tomadas por Hazen Size, colaborador del médico canadiense Norman Bethune que estuvo presente en la carretera de Almería con su unidad móvil de trasfusiones. 

Portada del libro ‘El dandi rojo’.

Se cierra el recorrido de la exposición con algunos testimonios audiovisuales de los supervivientes de la huida que pudo entrevistar Fernando Arcas para su modélico documental, Yo estuve allí (2017). El documental y los testimonios, sin regatear la fuerza emocional y reivindicativa de las víctimas, son un ejemplo de cómo tratar históricamente estos hechos sin incurrir en los excesos revanchistas ni estimular revisiones parciales. Las personas entrevistadas recuerdan, cuentan el terror padecido y las miserias soportadas con una sencillez que los hace admirables. Todo un ejemplo de bonhomía y resistencia ante la crueldad de hechos de los que no eran responsables. Son la viva imagen de la gente corriente que sufre la historia con dignidad y entereza, son, ellos sí, los verdaderos héroes, anónimos y ejemplares. Al rememorar los hechos hablan sin rencor. Perdonan, pero no olvidan, guardianes de un pasado que no quieren que se repita. Ojalá que su ejemplo cunda.

¡Qué ejemplo para aquellos nietos de vencedores que, con impostadas poses, se sienten «perdedores y culpables» de la guerra que sus abuelos ganaron (¡Curioso!). Coinciden y parecen secundar la vengativa consigna guerracivilista del joven Pablo Iglesias: «El miedo debe cambiar de bando». Por fortuna, testimonios como los de los héroes de la desbandá ayudan a la reconciliación de los españoles. Nos hacen concebir esperanzas de que un futuro de entendimiento pacífico y sin rencor es posible. Entonces podremos decir que no estamos perdidos del todo. Que todavía no nos hemos vuelto completamente locos.

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