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Donelli y Sócrates Serrano: «La fe es una posibilidad de cambio más allá de la religión»

El fotógrafo y el actor hablan sobre sus proyectos en torno a la figura de José Gregorio Hernández y su objetivo de llegar a un público masivo «para sanar a través del arte y de la fe»

Donelli y Sócrates Serrano: «La fe es una posibilidad de cambio más allá de la religión»

Fotografía de la publicación 'Hilos de fe', con Sócrates Serrano transfigurado en José Gregorio Hernández. | Cedida por los autores

Una obra de teatro, dos recorridos viajeros y un libro a punto de publicarse, muestran la vida y obra de José Gregorio Hernández (1864-1919), también conocido como «el doctor de los pobres» y el beato más popular de Venezuela. Charlamos con el fotógrafo Mauricio Donelli (Coro, 1964) y el actor Sócrates Serrano (Caracas, 1969) para que nos cuenten sobre cómo estos proyectos en torno a la figura del médico buscan establecer conexiones con la situación actual.

PREGUNTA.- Mauricio tienes un gran recorrido como fotógrafo, empezaste a muy temprana edad…

MAURICIO DONELLI.- Cierto, mi madre tomaba muchas fotos y mis tíos tuvieron los primeros fotos estudios del pueblo de Coro en el que nací. En las vacaciones de colegio, siempre me quedaba cuidando el espacio, jugando por los cuartos oscuros y con las cámaras. Empecé temprano a fotografiar de manera muy didáctica, mirando calendarios y libros, a los dieciséis años hice las fotografías de la boda de una prima, se iba a celebrar de noche y pese a mis nervios por no saber manejar el flash, lo pude hacer bien.

Desde entonces, me empezaron a llamar para más bodas y paralelamente iba retratando temas que me interesaban de manera personal. Cuando salí del colegio estudié propedéutica para luego estudiar ingeniería civil, en realidad lo hice para agradar a mi familia, lo mío seria siempre la fotografía. 

P.- ¿Cómo nace entre ustedes la devoción o creencia por José Gregorio Hernández?

M.D.- No sé bien porqué su imagen siempre estuvo en casa, pero mi madre siempre la tuvo. A los diecinueve años tuve un accidente y estuve a punto de morir, quedé en coma ocho días y estuve en la clínica mucho tiempo. Puede ser que en ese momento le pidiera un milagro, no lo sé, pero sí recuerdo haber ido con ella a visitar su santuario en Trujillo, cuando mi madre estuvo con un cáncer, que luego superó. 

SÓCRATES SERRANO.- Fue por mi hermana. Enfermé de un adenocarcinoma y estaba bastante desanimado, un día me dijo que me llevaría a la iglesia de la Candelaria de Caracas para visitar el sepulcro de «Gregory». Antes de ello, lo había visto en muchas partes como ícono de la fe venezolana, pero esa fue la primera vez que tuve un contacto con él en una situación de fragilidad. A partir de entonces empecé a estudiar su vida como mortal, como científico, académico y como el médico tan generoso que fue.

Me conectó mucho con él saber que vivía entre dos pasiones, la ciencia y la religión, porque yo siempre he sentido las misma pulsión entre la psicología y la actuación. Desde entonces, me empezaron a ocurrir cosas muy particulares en mi proceso de enfermedad y sanación, me regalaron muchas estampas, figuras y escapularios con su imagen y comencé a soñar con él. En la primera sesión de radioterapia que tuve, le pedí que me acompañara en el proceso, visualizarlo en el tratamiento me hacía sentir muchísimo mas seguro. Desde entonces tuve la absoluta certeza de que todo lo que me había sucedido, era para que utilizara mis herramientas como actor para hablar sobre José Gregorio y así nació la obra Gregory Canal de Fe

P.- La obra la dirigió Miguel Issa. ¿Cómo fue interpretarlo?

S.S.- Fue un proceso de investigación física y corporal que duró nueve meses. Por medio de la improvisación y la búsqueda a través de la música, fue apareciendo el personaje, consolidándose y evolucionando. En un comienzo, tenía un componente muy onírico, porque el personaje que aparecía era el que yo había visto en mis sueños.

Con mucho respeto y distancia trataba de aproximarme a él y luego empecé a sentir que su energía me acompañaba durante los ensayos e incluso en las funciones. Al representarlo también sentía que era una ofrenda y agradecimiento hacia él.

P.- ¿Mauricio, el primer proyecto que haces con su imagen es el de José Gregorio viajero?

M.D.- Sí, me llevaba su estatuilla de viaje a donde fuera. A cada lugar que tenía que ir por trabajo me lo llevaba. Recorrió conmigo gran parte de Venezuela: Maracaibo, Maturín, Isla Margarita, Falcón, los tepuyes, Barinas…

P.- ¿Cuándo adquiriste la estatuilla? tampoco es muy pequeña, mide sesenta centímetros… 

M.D.- Y es de yeso, se ha partido varias veces y la he reparado. La compré cuando murió mi madre, en mi pueblo al entrar a una pequeña tienda a comprar dulce de leche, fue una compra muy intuitiva, no sabía porqué la estaba comprando. Para regresar a casa, tenía que tomar una avioneta con veinte personas más, al sentarme la puse de espaldas entre mis piernas para poder llevar mi cámara en el pecho. Los pasajeros me pidieron que lo voltease para que los mirara a ellos y así los hice.

A los cuarenta minutos de vuelo, el avión empezó a perder altura y empezó a caer. Por algún motivo, quizá por el accidente que tuve de joven, nunca le he tenido mucho miedo a la muerte así que cogí mi cámara y empecé a retratar lo que ocurría. Al revelar las fotos vi las escenas del miedo de la gente cogida de las manos, abrazándose y consolándose, mientras José Gregorio los miraba de frente.

Una imagen de la serie ‘José Gregorio viajero’.

P.- ¿Desde ese momento empiezas a llevarlo a tus viajes?

M.D.- Unas semanas después, me tenía que ir a la playa en Morrocoy a trabajar y sentí que lo tenía que llevar conmigo porque de alguna manera u otra, él me había protegido. Así que lo llevé y empecé a tomarle fotos incluyéndolo en el espacio, al ver las imágenes digitalmente, me di cuenta que algo estaba haciendo mal, y decidí colocarlo mirando hacia el frente. Me di cuenta que ahí se creó la magia, al igual que en la avioneta, sentí como si me hubiera pedido ser una proyección de lo que yo observara.

P.- También participaste de su exhumación y posterior beatificación…

M.D.- Pasé más de veinte años viajando y retratando a la estatuilla en todos mis recorridos. Cuando me enteré de que lo exhumarían, quería ser parte del proceso y lo intenté durante mucho tiempo, pero era prácticamente imposible. Había conocido a Sócrates el año antes de la pandemia, mientras actuaba en Gregory Canal de Fe y quería fotografiarlo representado a José Gregorio. Al hacer las fotos ambos sentimos una energía muy particular, como si el doctor estuviera de alguna forma presente. Al día siguiente me llamó mi amiga Karina Vallés de la funeraria Vallés, encargados de la parte técnica de su exhumación, para que los apoye con las fotos del proceso. 

«Al hacer las fotos ambos sentimos una energía muy particular, como si el doctor estuviera de alguna forma presente»

P.- Estuviste en el estudio forense ¿Cómo lo lograste?

M.D.- Porque el doctor que manejaba el grupo forense era de mi pueblo y resulta que una vez había retratado a su hija, yo sin saberlo. Se presentó y me dijo que él dirigía la parte forense y que podía entrar. Fue alucinante porque además era plena pandemia, era casi imposible que algo así sucediera. A partir de esto ya pude abarcar la parte religiosa, técnica y la forense. 

P.- ¿Cómo nace el proyecto Hilos de fe?

M.D.- Justo antes de su beatificación, tuve un sueño en el que José Gregorio me preguntaba que qué le iba a obsequiar para ese día. Pensé hacer un recorrido de 24 horas por Caracas el 31 de diciembre de 2020 junto con Sócrates personificándolo y que finalizara con el nuevo año. Visitaría lugares clásicos donde él había estado, culminando un año tan doloroso por la pandemia. De este periplo pensé hacer un libro con las fotografías. 

P.- ¿Cómo fue el recorrido?

M.D.- Empezó en la madrugada en el Hospital Vargas donde José Gregorio trabajó y murió. En la mañana visitamos el Ávila, el Parque del Este, el Jardín Botánico, el Teatro Municipal y la Academia de Medicina. Por la tarde estuvimos en la Pastora, una de las parroquias más antiguas de Caracas, por la plaza O’Leary, en el Teatro Junín y en las Torres de el Silencio, del arquitecto venezolano Cipriano Domínguez. El último recorrido nocturno se inició en el Teatro Teresa Carreño, luego visitamos el Parque Central, Altamira, el paseo de los Próceres y Las Mercedes. En cada lugar, hicimos una descripción de lo vivido.

S.S.- Fue maravilloso hacerlo ese día de fin de año, era también el ultimo día del primer año de pandemia. Llegar a los lugares icónicos de la ciudad y mezclarnos entre la gente reviviendo a José Gregorio fue maravilloso. Recorrer sus pazos y ver la sorpresa de la gente al ver al personaje fue impresionante. El proyecto en sí mismo fue muy especial, el recorrido integral terminó desde una montaña donde se ve todo Caracas.

Fotografía de la publicación ‘Hilos de fe’.

P.- ¿Porqué eligieron publicar el recorrido en formato periódico?

M.D.- Mi idea siempre fue hacer un libro. Pero como te cuento, yo siento que siempre me llegan mensajes de José Gregorio, ya sea en sueños o en distintas situaciones y cuando comencé con el libro sentía que a él le hubiera gustado algo distinto. Me di cuenta que era el formato lo que no cuadraba. Luego entendí que lo debíamos publicar en periódico, por más que me bajara la calidad y cantidad de las fotos, de esa forma llegaría a muchísimas más personas. La petición que me había hecho tenía que llegar a un público masivo, para sanar a través del arte, de la fe, con algo que diera felicidad.

P.- José Gregorio trabajó durante la pandemia de la Gripe Española a principio del S.XX, tú terminaste el proyecto Hilos de fe, luego del año fatal de la pandemia de la covid. ¿Crees que la tragedia aleja o acerca a la fe?

M.D.- Yo hablo de la fe como un tema universal, no como tema católico o cristiano. Creo que la fe es una fuerza única que tiene la gente, algo que está en cada uno, una capacidad que uno tiene y que surge cuando llegan momentos complicados. Es una entrega a algo que probablemente no sea religioso, y que es de donde salen justamente esas fuerzas que vienen a ti para sobrevivir. Es una fuerza atómica que tiene cada persona de manera independiente.

«La fotografía es muy de corte contemporáneo, porque nos interesaba acercarlo al tiempo real para que la gente se empape nuevamente de él e interactúe con su presencia»

P.- ¿Estuviste presente en su beatificación, celebrada el 30 de abril de 2021?

M.D.- Sí, fui el único fotógrafo que pude asistir. Una semana antes de la beatificación entró el gobierno y tomó el espacio de la Iglesia La Salle, donde se celebraría  y negaron todos los permisos de prensa que se habían dado, nacionales e internacionales, el mío incluido. Un día antes del reconocimiento, a las once de la noche me llamaron de un lugar militar para que vaya a buscar mi credencial. Fui el único que pude fotografiar la beatificación, mientras que a la vez tuve que compartir en tiempo real el material con toda la prensa para que lo puedan mostrar alrededor del mundo.

El actor Sócrates Serrano. | Foto: Juan José Alonso

P.- Están a punto de publicar Grego. Camino de fe, cuéntenme del libro…

M.D.- Se titula así porque es la firma que José Gregorio usaba cuando escribía cartas a sus padres o a su hermana. Es una firma extraña y muy avanzada si pensamos que la utilizaba a finales de 1800 o inicios de 1900. El libro muestra el recorrido del doctor personificado por Sócrates, viajando por Venezuela, por lugares donde estuvo y otros en los que no. También lo veremos en Nueva York, en Italia visitando Roma y el monasterio de Lucca en Florencia, en París va a la Escuela de Medicina o en Madrid donde conoció al Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal.

La fotografía es muy de corte contemporáneo, porque nos interesaba acercarlo al tiempo real para que la gente se empape nuevamente de él e interactúe con su presencia. La idea también es seguir conociéndolo porque murió muy joven, a los cincuentaicuatro años. Al morir, sus reliquias fueron llevadas por todo Venezuela. El libro saldrá publicado la segunda semana de diciembre.

S.S.- El libro es también un testimonio artístico que muestra un proceso de profunda fe y un homenaje a José Gregorio. Es un proyecto a manera de ofrenda, muy inspirador. Las imágenes son transformadoras, oníricas y sanadores, los textos realzan y explican el recorrido. 

Retrato del fotógrafo Mauricio Donelli. | Anderson Diaz

P.- En las experiencias que narran pareciera que ha sido un proyecto hecho por los tres casi en partes iguales ¿Cómo ha sido la dinámica de trabajo entre ambos y José Gregorio?  

M.D.- Hemos sido los tres los autores y el trabajo ha sido mágico. Casi todo ha ido sucediendo sin errores ni directrices. Las puestas en escena que elegíamos, eran como si fuesen una repetición de algo que ya había existido. Sócrates es muy alto y tiene ojos claros a diferencia de José Gregorio, pero es insólito ver cómo se logra trasmutar. El proyecto lo hemos disfrutado mucho, los prólogos están hechos por la periodista Milagros Socorro, el filósofo y fotógrafo Erik Del Bufalo y la caricaturista Rayma Suprani, todos han plasmado una visión antagónica del libro. 

S.S.- Mauricio es un gran artista, una vez que está metido en el acto creativo no tiene limites con la posibilidad de creación. Mi manera de vincularme con el arte es muy parecida y eso hace que me identifique con él con mucha facilidad. A veces llegamos al set y simplemente con una observación o sentir algo se crea el impulso para empezar a accionar. En este proceso siempre he sentido que José Gregorio también ha estado presente, creo que la triada que hemos formado es muy afortunada y especial.

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