THE OBJECTIVE
Viento nuevo

Un ciego contra el viento

«La especulación espera en la esquina, tras el perro hambriento de la población, y quien tenga plata hará negocios»

Un ciego contra el viento

Javier Milei. | Europa Press

Lo dicen juristas del máximo relieve, lo cantan intelectuales del máximo prestigio, lo cuentan sabios en todos los idiomas posibles: la Constitución abrocha el Estado de Derecho en todas partes. No hay más garante de las libertades individuales y colectivas que la Constitución. No hay ley más universal que la Constitución. No hay justicia sin Constitución. Milei, en Argentina, va a por ella. Los juristas argentinos le avisan que su texto es inconstitucional y por ahí no pasan. 

El tío que habla con su perro muerto, el músico de la motosierra, el liberaloide de las tijeras largas, pasea su decreto contra la Constitución con puño de hierro y mano de seda. Quiere desmantelar el Estado a través de sucesivas derogaciones y modificaciones normativas. La Calle, la Justicia y el Congreso se enfrentan a él. Algo le avala y juega con ello: todos los presidentes de Argentina de los últimos veinte años firmaron decretos de necesidad y urgencia, ninguno fue derogado por el Congreso. Los decretos de necesidad y urgencia (DNU) es un mecanismo constitucional, he ahí el embrollo, creado en 1994. 

Escenarios similares a catástrofes, naturales o sociales, permiten el abordaje de las instituciones. Así el Ejecutivo argentino modifica leyes para hacer frente a asuntos urgentes que, supuestamente, no pueden guardar cola en el Congreso. Ningún constitucionalista avala dicho escenario para los conciertos de Milei. Sus reformas no son necesarias ni urgentes. El presidente ya está manejando el poder Legislativo, una crítica feroz desde la oposición, y la Constitución abrocha los tres poderes porque su liquidación sería la ruina. Catorce millones votaron a Milei, rockstar, pero eso viene a ser el 56% de la población y en segunda vuelta, algo que muchos olvidan, no en primera. 

Pobreza, inflación y estancamiento pueden encontrar en Milei una vacuna pero el campo tiene límites. El fascista o autócrata que lleva dentro precisa doma. Las formas de sus decretos no son demócratas. Son 300 medidas las que han puesto en marcha y una, por ejemplo, impide al Estado intervenir para controlar los precios de los alimentos básicos, alquileres y seguros privados de salud. Todo eso lo decidirán empresarios. Las empresas públicas, sí, podrán ser privatizadas. Los clubes de futbol podrán ser sociedades anónimas. Los extranjeros tendrán un límite para comprar tierras en Argentina. Los contratos serán tanto en pesos argentinos como en cualquier otra moneda. El Estado está en venta. La especulación espera en la esquina, tras el perro hambriento de la población, y quien tenga plata hará buenos negocios. Se acabó el derecho a huelga para los trabajadores. La mayoría agonizarán en casita.

«Milei va a por todas y a por todos. Podemos, perfectamente, estar ante un Fidel Castro de derechas»

Argentina, dentro del caos, será la tierra de los listos (todos empresarios). Nadie multará a un tío que tenga trabajadores ilegales, por ejemplo. Nadie controlará si un obrero excede las doce horas de trabajo reglamentario. Los bancos podrán ocultar las comisiones de las tarjetas de crédito a sus clientes. La industria nacional dejará de estar protegida mediante aranceles. Milei va a por todas y a por todos. Podemos, perfectamente, estar ante un Fidel Castro de derechas. Vamos con una de sus mejores perlas: «Cuando sale un DNU significa  que ya está vigente. No hace falta sacar otro. Ya está en vigencia». El populismo ya no tiene collar, es tanto izquierda como derecha: «Quedarán en evidencia frente a los argentinos quienes están en contra del progreso y quién es casta». El monstruo es la inflación pero el ciego maneja un arma.

Muchos sostienen que lo mejor de Milei es haber cortado el flujo monetario del Banco Central: la hiperinflación sería monstruosa. Su dolarización es otra evidencia: «Dejó de ser delito. Vas a comprar los dólares que quieras y nadie te va a perseguir por eso. En el mercado libre pueden comprar lo que se te ocurra». Reduce Educación y Salud a un 75% sin importarle las consecuencias. Blanquea el despido con brocha de trazo grueso: «¿Si me echan, voy a ganar menos como indemnización? No, vas a estar mejor porque cuando elimines la carga de litigiosidad es menos probable que te echen; y si lo hacen, no pasa nada, vas a conseguir más fácilmente trabajo». Suena a chiste de Arévalo. Su reforma laboral por decreto será la peor anestesia posible. Algunos no despertarán. Las privatizaciones (¿qué duda cabe al respecto?) son despidos. «No vine a guiar corderos sino a despertar leones», dice el tipo. 

En mitad de todos los fuegos artificiales navega un cometa sideral, el de la quita de impuestos: «Los impuestos son una rémora de la esclavitud y evadirlos debería ser un derecho humano». Sin impuestos, la ecuación es fácil, pocas prestaciones públicas habrá sobre la mesa. Todo privado, todo para ricos, todo negocio. Se trata de un populismo de libro. El pueblo, sobrecogido, se agarra al clavo ardiendo. La ceremonia entera de la confusión permite situar al enemigo en Venezuela y a ver a Macri como un afín. Milei quiere hacer lo que le salga del bolo. Dijo no hace tanto: «Entre la mafia y el Estado, prefiero a la mafia». Se etiqueta como «libertario de derechas» y aplaude a Trump y Bolsonaro. Su populismo es similar al de Rothbard, hoy olvidado, a principios de los 90. Se define como «anarcocapitalista» donde la abolición del Estado es el primer peldaño. La utopía libertaria sopla contra el viento de una coherencia mínima. Un ciego pelea sin tregua contra el viento.             

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