THE OBJECTIVE
Opinión

Sofía Vergara no tiene un pelo de tonta

«La actriz no le dejó pasar ni una a Motos, parecía que hubiera decidido poner punto final a tantas tomaduras de pelo»

Sofía Vergara no tiene un pelo de tonta

Ilustración de Alejandra Svriz.

Sofía Vergara es, de lejos, el mejor personaje que ha creado jamás la actriz colombiana Sofía Vergara. Se trata de una mujer sexy, divertida, algo alocada, distraída, que habla un pésimo inglés y se mete en mil jardines por culpa de su mala pronunciación y el uso indebido de palabras o expresiones que provocan hilaridad entre el público anglosajón. Es el prototipo de latina pasional incapaz de manejarse con soltura en otro idioma que no sea el suyo, marcada por su cultura y tradiciones, que contrastan con las del país que la ha acogido.

Sofía, con su encanto y su belleza, se hace la tonta y lo borda. Pero seamos claros: Sofía no tiene un pelo de tonta. Lleva años perfeccionando el personaje, domina todos los detalles para sacarle el máximo partido en las entrevistas, donde saca la artillería para el lucimiento personal conquistando a la audiencia con su encanto, sin perder la sonrisa, haciendo de cada error semántico un guiño con el que ganarse al espectador. Básicamente, lo que ha hecho es llevar a la vida real la criatura de ficción que forma parte del universo Modern Family con el que consiguió la fama.

Por si fuera poco, Sofía es rubia natural, aunque los años han oscurecido ligeramente su cabello. Guapa y rubia, una combinación letal. No hay más que echar mano de la hemeroteca digital para encontrarnos con algunas de las desagradables situaciones con las que ha debido lidiar: en 2003, por ejemplo, como invitada de The Late Show, fue entrevistada por Bill Cosby, que cubría la baja por enfermedad de David Letterman. «Los hombres te miran y solo piensan en el pecado», «Me haces sentir joven de nuevo, me haces sentir excitado, mira», son algunos de los comentarios que le tocó sufrir en directo.

En 2010 acudió a The Tonight Show, presentado por Jay Leno, con un Gordon Ramsay empeñado en gastarle bromas de cariz sexual e, incluso, en meterle mano delante de toda la audiencia. Gajes de un oficio marcado por el machismo. Pero Sofía Vergara encontró su mejor aliada televisiva en Ellen DeGeneres, con quien formó un loco y divertido tándem: las entrevistas daban mucho juego y ella se sentía en su salsa porque, aunque seguía explotando el personaje, esta vez era ella quien marcaba el paso.

Años de talk shows y alfombras rojas fueron curtiendo a Sofía Vergara. Hasta que llegó El hormiguero. La actriz no le dejó pasar ni una a Pablo Motos. Zasza tras zasca, parecía como si hubiera decidido poner punto final a años de tomaduras de pelo a costa de su acento, de su físico, de su condición de mujer latina. El repaso fue antológico y el presentador fue perdiendo los papeles, reclamando que no le cuestionara cada pregunta porque, de lo contrario, el programa iba a ser eterno.

«Te lo van a cancelar», recalcó ella. «Hazme preguntas más concretas si quieres respuestas más precisas», le espetó sin reparo alguno. Cuando Pablo cuestionó que fuera rubia natural tras enseñarle una foto de cuando era joven, Sofía no pudo contenerse: «Ahí tenía 20 años y ahora tengo 51, ¿qué quieres? ¿Tú naciste con ese pelo? Pues si no te lo has teñido tú, ¿por qué me lo tengo que teñir yo?».

Tampoco le perdonó broma alguna sobre su forma de pronunciar Modern Family: «¿Ah, que tú hablas mejor inglés que yo? ¿A cuántos Emmy te han nominado? ¿Cuántos Globos de Oro tienes?». Aquello fue un recital interminable de golpes bajos con los que Sofía Vergara se ganó de calle al público y demostró que, a diferencia de otros invitados que ‘vienen al hormiguero a divertirse’, ella vino a dar guerra, a demostrar que no todas las entrevistas tienen que basarse en estereotipos y esperar sonrisas cómplices: ella está hasta el moño de que la tomen por tonta. Se acabó.

Hubo quien pensó que todo era una estrategia entre Pablo Motos y Sofía Vergara para dar espectáculo. En otras circunstancias sería verosímil. Pero la cara enrojecida del presentador y su tono, intentando mantener la compostura para no perder los papeles, no parecían encajar con el juego. Por si fuera poco, las horas posteriores a la emisión del programa, las redes se llenaron de vídeos destacando las brutales pullas de la actriz, que fueron inmediatamente retirados por petición expresa de la productora por infringir los derechos de autor. Cuanto más eficaz era la maquinaria censora, más rápidamente se reproducían los retuits: es lo que se conoce como el efecto Streisand. Tantos años en este negocio y todavía no entienden cómo funciona esto.

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