The Objective
Hastío y estío

La sustituta de Sánchez será una «Charo»

«Dirá que el PSOE es el partido del feminismo, ignorando que ha sido el refugio de tiranos, ladrones, déspotas y mafiosos»

La sustituta de Sánchez será una «Charo»

Pedro Sánchez, María Jesús Montero, Yolanda Díaz, Sara Aagesen, Félix Bolaños en el Congreso de los Diputados. | Eduardo Parra (EP)

Conociendo lo previsible que es el Partido Socialista y su manera de adaptarse a las circunstancias, queda claro que cuando Sánchez deje su lugar al mando de esa siniestra organización, la elegida para sustituirle será una «Charo». El nerviosismo que hay en el partido de la rosa marchita por los casos aparecidos de violencia sexual de alguno de sus miembros ejercida sobre mujeres de la organización, no se ha visto en ningún momento con los numerosos casos de corrupción que podrían sepultar por completo a ese partido. A los afiliados y votantes del partido parece no afectarles ni molestarles toda la basura esparcida por los políticos que representan a la organización que financian y que avalan con su voto. 

Pero ante el machismo, inventado o real, su sensibilidad aparece tras estar escondida en un lugar más a la vista que su desaparecida moral. Esta es la razón por la que el partido cree que su única salvación es agarrarse a una «Charo» desconocida en la jerarquía actual de la organización, que dé una imagen de aire fresco y renovado. Es una pena que la justicia haya «pillado» a Leire Díez, pues era la perfecta candidata. La «Súper Charo» concebida para proteger a las funcionarias aburridas de más de cincuenta años, o que trabajan en sindicatos u organizaciones sociales donde el ánimo de lucro es lo único evidente.

Imaginemos a esa «Charo» ideal, esa salvadora de un socialismo en decadencia. No será una mujer con un currículum brillante y trayectoria impecable. El PSOE, en su infinita sabiduría estratégica, optará por una figura salida de las profundidades de la militancia, una de esas que ha pasado años en comités federales provinciales, organizando cenas de confraternidad y pegando carteles en elecciones municipales de cualquier pueblo perdido. Tendrá unos cincuenta y tantos, el pelo teñido de un rubio cegador, y una sonrisa permanente que intentará ocultar el cansancio de décadas lidiando con «machirulos» del partido, a estos sí que se les puede llamar así, que serán convenientemente ocultados en las catacumbas del partido. Pero eso sí, manteniendo su sueldo.

Esta «Charo» será la típica funcionaria aburrida. Quizá una delegada sindical en alguna administración autonómica. Experta en colocar a primas y amigas en puestos públicos sin que nadie pregunte demasiado. Hablará de renovación, de aire fresco, pero su aroma será el mismo de siempre. Ese olor a moqueta vieja de Ferraz, mezclado con el perfume barato de las asambleas eternas donde se aplaude todo lo que diga el líder de turno.

Esta «Charo» será maestra en el arte de la victimización selectiva. «Llorará» en su rueda de prensa de presentación por las mujeres acosadas dentro del partido, ahora que ya no hay remedio, pero se indignará ferozmente si alguien menciona los millones desviados en mascarillas o el resto de graves corruptelas cometidas por el que sería el «antiguo régimen». Dirá que el PSOE es el partido del feminismo, ignorando que ha sido el refugio de tiranos, ladrones, déspotas y mafiosos, eso sí, todos con carné socialista. Proclamará transparencia y acusará de patriarcado al anterior partido socialista, olvidándose de que allí estaban y en puestos muy importantes, María Jesús Montero, Pilar Alegría, Margarita Robles, Nadia Calviño, Teresa Ribera, entre otras, y haciendo mención especial para Begoña Gómez, la mujer del jefe. 

Lo peor es que los suyos aplaudirán ese cambio sin necesidad de procesarlo. Porque en el PSOE la memoria es selectiva y la hipocresía, infinita. Esta «Charo» llegará como heroína, pero se irá dejando el partido igual de podrido. Porque el problema no es Sánchez, ni los «machirulos», ni las corruptelas. El problema es que el partido de la rosa marchita hace tiempo que perdió el olor a fresco y solo huele a cerrado, a rancio, a fin de ciclo. Esa Charo será el espejo del sanchismo. Mucho ruido feminista para tapar el vacío ético. Porque para el PSOE, ser una «Charo» evidentemente no es un insulto. Se trata de algo muy importante, crucial para la organización, y es que es la última estrategia de supervivencia que les queda.

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