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Opinión

España gana sin Maduro, pero Sánchez pierde

Es una auténtica falacia pedir que hay que respetar el Derecho Internacional

España gana sin Maduro, pero Sánchez pierde

El presidente español, Pedro Sánchez, estrecha la mano de su homólogo estadounidense, Donald Trump

Maduro no era el referente de Sánchez, era su cómplice. Y este ya se encuentra detenido bajo la égida del país —todavía— más poderoso del mundo: Estados Unidos. La primera reacción de España fue una mezcla de hipocresía y temor: la primera, porque hay que tener la cara de cemento para exponer como gran baza política el hecho de que Sánchez nunca reconociera la falsa victoria de Maduro en sus elecciones generales cuando ni siquiera tuvo una exigencia expresa de pedir las pruebas de su triunfo. Temor porque en este momento es de creer que al aún presidente de nuestra Nación le llegue la camisa al cuerpo. ¿Cómo puede afectarnos el arresto de Maduro? Insisto de entrada en el término «arresto», porque de eso se ha tratado: una operación policial realizada por los cuerpos especiales, pero planificada sobre todo por la DEA, la entidad que persigue el narcotráfico en todo el mundo. Pues bien: lo más sensato es esperar, pero solo un poco porque, desde luego, no hay motivo alguno para que Estados Unidos ofrezca al Gobierno de Sánchez la mediación con lo que resta del Estado bolivariano. Es decir que por ese lado, nada, de nada. Trump tiene una opinión pésima del jefe del Ejecutivo español, al que considera precisamente cómplice del sostenimiento hasta ahora mismo del entramado de Maduro.

Nuestra situación en todo caso ha mejorado; por lo pronto se ha derrumbado —eso creemos— un régimen tan terrorista como narcotraficante. Por ambos delitos y algunos más va a ser juzgado. No hace falta ser un adivino para prever que Sánchez y el pequeño Albares van a hacer verdaderas piruetas para asimilarse al nuevo estado de cosas. A Sánchez ya solo le quedan como amigos políticos más ideológicamente próximos Colombia, México y Nicaragua en América y, de forma más tibia, pero explícita, Irán y la Rusia de Putin, bien cruzado el Atlántico. Con estos parámetros tiene que comportarse un Gobierno, el nuestro que, recuérdese el dato, ni siquiera tuvo la gentileza de felicitar a la presidenta electa María Corina Machado por su Premio Nobel de la Paz. Sánchez se va a topar con un país que no alberga la menor duda —lo ha dicho Trump— sobre su papel en la renovada Venezuela.

Y Trump ya lo ha advertido: si hay que emplearse aún más fondo, si hay que lanzar una segunda ola, lo hará. Sánchez debería por eso obrar en consecuencia y penalizar a todos los españoles que, durante estas décadas de terror y totalitarismo, han cooperado con Maduro, encima forrándose los bolsillos. Como ha venido a decir en estos momentos un teniente general en la reserva: «A Zapatero tienen que temblarle las canillas». Sánchez tiene la basura incrustada en su Ejecutivo: Podemos ya se ha tirado a la calle para organizar la protesta contra los americanos; Sumar no tendrá otro remedio, cuando reaccione, que emparejarse más con Sánchez que con Podemos. Sus socios, incluido el PNV, también se han tirado a la carótida de Trump. Era de esperar. Una auténtica crisis de Gobierno que a Sánchez, en este caso, le irá por una higa. O sea, ¿o es que alguien cree que EEUU no le va a pedir cuentas por los 37 viajes que el tipo ha cursado en este tiempo amparado por el Gobierno de su correligionario Sánchez? En estas horas, también, un gran empresario inmobiliario confesaba al cronista: «No es nada imposible que la fuerte inversión procedente del narcotráfico venezolano cese en sus operaciones en España». Otra cosa es el destino de los miles y miles de exiliados que viven ahora mismo en España. ¿Regresarán a su patria? Pues como aseguraba el presidente de una Asociación de Refugiados: «Veremos como transcurren los acontecimientos, por ahora, mirar y ver».

Para España la detención de Maduro es un triunfo indudable, para Sánchez y sus abyectos corifeos, una derrota en toda regla. Es una auténtica falacia pedir, como ha hecho el Ministerio de Exteriores e incluso en buena medida la Unión Europea, que hay que respetar el Derecho Internacional, pero vamos a ver: ¿lo respetaron una sola vez Chávez y Maduro? Pues claro que no: la premisa más importante de este Derecho reside precisamente en aceptar el resultado de la opinión de los pueblos, es decir, el de las elecciones, y, ¿qué ha hecho Maduro? Todo lo contrario, lo que le ha convertido en el presidente de un Estado ilegítimo. Por tanto: ¿a qué viene esa apelación al Derecho Universal? Es la estulticia general de un Occidente que, de común, no sabe exactamente quiénes son sus enemigos. Es de esperar que en los próximos días el Gobierno de España expulse fulminantemente al embajador de Maduro y retire al nuestro en Caracas. Si esto no ocurre, sabremos que Sánchez sigue, erre que erre, apoyando a un régimen destronado.

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