Retrato de una izquierda tonta
«Nuestra izquierda es insobornablemente fiel a sí misma en cualquier época o colectivo humano»

El actor Óscar Jaenada. | Europa Press
Hace ya muchos años, en una peregrinación a la revolución de los claveles, vi una entrevista con Ernest Mandel en un periódico trotskista que se llamaba Sempre fixe. El titular, a cinco en portada era: «Los maoístas portugueses son la izquierda más idiota del mundo». Era una entrevista larga que mi amigo Pablo López Blanco y yo tradujimos y publicamos en El Norte de Castilla. Después vino la transición, la Constitución y lo que cuelga y a veces he recordado aquella afirmación del santón de la Cuarta para pensar que el pobre Mandel no pudo conocer a la izquierda española en todo su esplendor.
Yo era un joven de izquierdas, feliz e indocumentado. Por decirlo con el título del poemario de Alberti, yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos y el factor que explica el cambio es el descubrimiento de la verdadera naturaleza de la izquierda y de la mácula que la señala en todas sus manifestaciones.
La primera es el homenaje que rindieron 150 juristas al condenado exfiscal general Álvaro García Ortiz en el Ateneo de Madrid el pasado jueves. Uno de los oradores, Nicolás Sartorius, calificó de «aberración» la sentencia que lo condenó y defendió su «presunción de inocencia» al igual que lo hizo la SER en un titular bizarro: «García Ortiz reaparece en un acto donde 150 juristas defienden su presunción de inocencia». Defender la presunción de inocencia de un reo condenado en firme por el Tribunal Supremo es un disparate de proporciones impresionantes, tanto como la acusación de prevaricar al Tribunal Supremo que estuvo presente en todo el acto. ¿150 juristas? ¿Pero hubo alguna vez 11.000 vírgenes?
Hay más casos, claro. Óscar Jaenada es uno de esos cómicos que fungen como intelectuales y nos explica que «no hay artistas de derechas. […] Ahora nos quitamos la máscara. A ver qué pasa ahora. A ver si volvemos al 36…», deseo que remata con una imprecación blasfema. Uno lo comprende. En su etapa tonta también creyó que los intelectuales más relevantes eran inevitablemente de izquierdas. Hasta que descubrió a Jean-François Revel y Raymond Aron y se preguntó qué pensadores de la izquierda francesa podrían comparárseles. Por acotar el terreno de la comparación a España, mi querido Andrés Trapiello publicó hace ya más de 30 años Las armas y las letras, un sumario de los escritores y el bando por el que optaron en la guerra civil. Él, que lo estudió en profundidad, sostiene que es una falsedad esa presunta ventaja de la izquierda entre los escritores, que lo que pasa es que emplea una balanza trucada y pone en el plato de la izquierda a escritores que nunca lo fueron, como Lorca, Juan Ramón Jiménez o Chaves Nogales. En fin, a ver si en la edición del congreso suspendido, no sustituyen a Trapiello por Jaenada.
Uno guarda buen recuerdo de Julia Otero cuando presentaba hace casi 40 años un concurso en la tele llamado 3×4. No era mi modelo intelectual, pero era pizpireta y tenía gracia. Han pasado muchos años y ha corrido mucha agua bajo el puente. Julia, mientras, ha seguido creciendo en sabiduría y bondad y se ha transformado en una periodista de éxito, aunque lastrada por el sectarismo de la izquierda. Son muchas las pruebas que ha dejado de esto que afirmo, aunque es preciso reconocer que hizo cumbre en el famoso asunto del decreto guagua con el que el Gobierno quiso mezclar las churras de la actualización de las pensiones con las merinas de otros 21 asuntos disjuntos entre los que brillaba con luz propia la inmunidad para los inquiokupas.
Bueno, pues la gentil Julia, la bella Otero, lo explicó así en su cuenta de X: «Hemos visto a las derechas dar una patada el Gobierno en el culo de los jubilados». Vamos por partes, querida Julia, a ver si te aclaras con los conceptos básicos. Eres periodista y esa condición te exige amparar tus opiniones en la realidad en lugar de ignorar los hechos. Comprendo que tengas esa ejemplar inquina de izquierdas a la derecha española, pero habrás de reconocerles alguna razón, por ejemplo, que ellos habrían votado afirmativamente a un RDL que contuviera lo de las pensiones en solitario. Y sobre todo, hechos: que Pedro Sánchez provocó voluntariamente el rechazo de la oposición al hacer del real decreto un melting pot con tanto asunto revuelto, dejando una prueba ominosa de su torpeza y mala fe: grabar un video acusando al PP de lo mismo que le acusas tú ¡tres horas antes de que tuviera lugar la votación! Demostró su torpeza al mostrar a la cámara la hora de la grabación en su reloj de pulsera: la una de la tarde. ¿Quién quería dar una patada a quién en el culo de quién, querida Julia?
Luca Costantini daba cuenta aquí del movimiento que se llama GKS (Gazte Koordinadora Sozialista), que solo ve dos únicos modelos, abstenerse medianías: el proyecto de barbarie de la oligarquía y el de igualdad universal del comunismo. Como todos los citados anteriormente descarta apoyarse en la realidad y todo lo suyo descansa en un populismo heredado de Podemos y de su mentor argentino, Ernesto Laclau que les enseñó a agregar descontentos: el movimiento feminista, ecologismo o la vivienda, refundiéndolo todo en un movimiento autodenominado antifascista, que aplica otra táctica insoslayable en nuestra izquierda: levantarse contra la derecha cuando esta gana las elecciones. Lo hizo Pablo Iglesias la misma noche de las autonómicas andaluzas al proclamar la alerta antifascista por la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz con 12 escaños. En fin, que nuestra izquierda es insobornablemente fiel a sí misma en cualquier época o colectivo humano.
