Lambán, González y los ministros serviles
«Hoy besan la mano del líder, mañana lo traicionarán sin pestañear»

El ministro de Transformación Digital y Función Pública, Óscar López. Alejandro Martínez Vélez | Europa Press
En un momento en el que el PSOE debería estar reflexionando sobre sus recientes batacazos electorales, tanto en Extremadura como en Aragón, nos encontramos con unas declaraciones, que no solo carecen de tacto, sino que rayan lo inhumano. Me refiero a las palabras pronunciadas por Óscar López, ministro de Transformación Digital y Función Pública, quien no ha dudado en culpar al fallecido Javier Lambán de los malos resultados del PSOE en esa comunidad autónoma. Según López, Lambán fue el precursor de la decadencia socialista en Aragón porque prefirió criticar al Gobierno de Pedro Sánchez en lugar de hacer una oposición firme al Gobierno aragonés de Jorge Azcón, del Partido Popular. Estas afirmaciones no solo son injustas, sino que son absolutamente deleznables, especialmente considerando que Lambán murió hace apenas seis meses, víctima de un cáncer devastador con el que luchó con dignidad hasta el final.
Óscar López afirmó que «en lugar de hacer oposición al señor Azcón, se dedicó a hacer otra cosa, muchas veces con argumentos propios de la derecha». Esta acusación no solo ignora el legado de Lambán como presidente de Aragón entre 2015 y 2023, donde defendió los intereses de su región con firmeza, sino que también olvida que su discrepancia con Sánchez era precisamente por lealtad a los principios socialdemócratas. Lambán, un hombre que siempre priorizó sus principios éticos sobre el servilismo a un líder nacional de un partido de inmoralidad comprobada. Culparlo cuando ya no puede defenderse es un acto de cobardía política que revela la podredumbre moral del actual PSOE.
Pero estas palabras no son un caso aislado. Ángel Víctor Torres, otro fiel y sumiso sanchista, ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, ha criticado duramente a Felipe González por sus recientes afirmaciones sobre no votar al PSOE si Pedro Sánchez repite como candidato. González declaró que optaría por el voto en blanco en tales circunstancias, pero que nunca apoyaría a otro partido que no sea el PSOE. Torres, en respuesta, recurrió a una frase de Alfredo Pérez Rubalcaba para insinuar que González debería replantearse su permanencia en el partido: «Cuando quieres que pierda el líder de tu partido, piensa qué haces tú en ese partido». Esta insinuación no solo es irrespetuosa hacia una figura histórica del PSOE, sino que refleja una intolerancia absoluta a cualquier disidencia interna.
A Lambán lo mató una terrible enfermedad. Un cáncer le arrebató la vida el pasado 15 de agosto a los 67 años. Y ahora, con otra enfermedad casi tan letal, pretenden acabar con Felipe González dentro del Partido Socialista: el sanchismo. Esa patología política, que se ha extendido como un tumor maligno por las venas del PSOE y de toda España. El sanchismo no es más que un culto a la personalidad de Pedro Sánchez, donde la lealtad ciega suplanta a los principios de la socialdemocracia.
El sanchismo es una enfermedad que está arrasando España. Se alimenta de la división, de la polarización y de la erosión de las instituciones democráticas. Ha convertido al PSOE en un instrumento personal de Sánchez, donde críticos como Lambán o González son marginados o atacados póstumamente. La cura para este mal, esperemos, llegará en 2027, con unas elecciones generales que permitirán extirpar este tumor y restaurar una socialdemocracia que priorice el bien común sobre el ego de un líder.
Es una vergüenza injustificable que figuras como López o Torres pierdan toda moralidad solo para mantener un puesto que les permite comer caliente y disfrutar de una calidad de vida que jamás habrían conseguido en la empresa privada. Estos individuos, formados en el aparato del partido, carecen de experiencia real en el mundo laboral fuera de la política. En el sector privado tendrían que hacer méritos, generar valor. En cambio, en el PSOE sanchista basta con adular al líder y masacrar a sus enemigos sin piedad alguna.
Denigrar a dos de las figuras más históricas del Partido Socialista, como son Felipe González y Javier Lambán, solo para que el amado líder, Pedro Sánchez, les mantenga en sus puestos, los convierte en chupópteros y apesebrados. González, artífice de la democracia en España, presidente durante 14 años que sacó al país del aislamiento franquista y lo impulsó hacia la modernidad. Lambán, un líder regional que defendió la unidad de España frente al separatismo, incluso cuando eso significaba chocar con Sánchez. Atacarles es un acto de inmoralidad indigno de seres humanos que pretenden representar valores progresistas. Son garrapatas adheridas al cuerpo del Estado, succionando recursos públicos.
Estos parásitos políticos, como López y Torres, se convertirán en ratas cobardes cuando Sánchez pierda el poder. Le negarán las veces que sean necesarias, como Pedro a Jesucristo, para salvar su pellejo. Hoy besan la mano del líder, mañana lo traicionarán sin pestañear. Hemos visto esto antes en la historia: regímenes personalistas que colapsan cuando el caudillo cae, dejando a sus acólitos huyendo despavoridos. En 2027, cuando el electorado sane este tumor, veremos a estos oportunistas renegando de Sánchez, alegando que nunca apoyaron sus excesos. Pero la memoria colectiva no olvida, serán recordados como los inmorales que vendieron su alma por un cargo.
