El millón literario del ministrete
«Óscar Puente ha destruido el sistema ferroviario español, ejemplo para el mundo entero hasta que llegó él»

Óscar Puente, ministro de Transportes | Europa Press
1. Qué gran idea la de la conferencia que dio Gascón en el Club Tocqueville: Billy Wilder y la política. Es una delicia, por lo que dice del tema y por lo que dice de Wilder a secas. Se podría añadir algo de Traidor en el infierno, que hoy está más vigente que nunca. Cuando los demás presos le echan una manta encima a William Holden y le dan una paliza por creerlo el traidor, narra con la voz en off Holden (cito de memoria): «No podía verlo, pero sabía que el traidor era el que me pegaba más fuerte».
2. Islandia, de Vilas: un libro eminentemente antiburgués, y por eso rechazado por los paladares burgueses, que son todos los paladares españoles menos el mío y el de Manolo Kabezabolo. Tiene una gran virtud, como todo lo de Vilas: la voz, solo suya, singular, interesante. Y un gran defecto, como todo lo de Vilas: que después de varios párrafos ya no sabe qué hacer con esa voz, salvo repetir los mismos párrafos, pero sin el arte de la repetición que tenía Bernhard para que siguiera teniendo interés.
3. «El arte es un modo de desobediencia», dice Millás. ¡Millás! Y se lo dice a Évole. ¡A Évole!
4. El ministro de Transportes que ha destruido el sistema ferroviario español, ejemplo para el mundo entero hasta que llegó él, se saca ahora un millón de euros de la chistera (conectada al bolsillo del contribuyente) para premiar a un literato presumiblemente oficialista, o sea, de García Montero para abajo (o para arriba, según se mire). Como el premio se dará en nombre de AENA, a nuestros literatos ya no les bastará gritar: «¡Vivan las caenas!». Ahora deberán gritar también: «¡Vivan las aenas!».
5. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: los dos mejores escritores españoles vivos, Azúa y Savater, escriben en el periódico al que el dispensador de millones literarios The Puentete llama The Ojete. O sea, que su «aportación» a la literatura ya la tenía hecha el ministrete.
6. He visto los dos documentales sobre Luis Cernuda que hay en TVE (uno de 1986 y otro de 2022). Los dos son mediocres, pero se aguantan por el gran Cernuda y los textos que se leen, y por los escenarios que aparecen. En el primer documental sale algo que hoy resultaría inconcebible y que no diré, porque lo quitarían. Manifiesta la moral laxa de la época, que tenía asidero grecolatino. El segundo está absurdamente recargado de canturreos andaluces, anticernudianos. Resulta llamativo que en los dos se recite el extraordinario poema Si el hombre pudiera decir, pero omitiendo ambos el final, que es lo mejor: «Tú justificas mi existencia: / Si no te conozco, no he vivido; / Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido».
7. Para escapar de Manu Sánchez e incluso de Juanma Moreno (de Marichús Montero no era necesario, porque ya había escapado ella preventivamente), paso el 28-F releyendo las traducciones que hizo Cernuda de Hölderlin. Mi Andalucía es la que lee a Hölderlin. Todo lo demás es la Pantoja. Tiene gracia, por cierto, que Cernuda se equivocase y tradujese como «restallan las banderas» lo que tenía que ser (él mismo lo corrigió luego) «rechinan las veletas».
8. Leo un profundo libro de poemas, que tiene aires de Rilke, Hölderlin y Heidegger, de quien sale el título: Ereignis (o «el acontecimiento»), de Carmen Palomo Pinel (Vandalia). Los versos «Pues jamás se ama tanto la vida / como antes de morir» me provocan una epifanía. Anoto: una sola cosa la vida — una sola cosa (que es todo) lo que se deja.
