The Objective
La semana por delante

Feijóo soporta dos némesis conchabadas: Sánchez y Abascal

«No tiene Abascal principios carece de ideología y programa porque sus fans no le reclaman nada de eso»

Feijóo soporta dos némesis conchabadas: Sánchez y Abascal

Alberto Núñez Feijóo. - Archivo

Los cursis del país, que pueden llenar, como los tontos, la meseta castellana, han puesto de moda este término: «némesis». Es un vocablo culto, grecolatino que en lenguaje castizo viene a significar que uno le tiene a otro un odio africano. En vez de llamar a las cosas por su nombre de siempre, enemigo, el personal acicalado ahora mismo acude a la némesis o al némesis; no se sabe bien cuál es el género, para dejar claro que Trump aborrece a Sánchez y viceversa, y que Abascal está haciendo todo lo posible por mandar a Feijóo a las tinieblas exteriores, es decir, a sustituirlo como líder genérico de la derecha. En realidad, Feijóo padece, pues, de dos némesis: Sánchez y Abascal. Y no hay que acudir a la mención expresa de la diosa de la venganza, la Némesis griega o, como ya señalan los eruditos latinos, a Ovidio y sus Metamorfosis, para señalar que la némesis no tiene arreglo, que cuando se detesta de verdad, así, sin componendas. 

Estos días se están buscando razones o motivos para entender por qué Abascal ha ordenado a sus bestiarios que, de ninguna manera, favorezcan las opciones presidenciales de Guardiola en Extremadura, Azcón en Aragón o, a partir de este domingo, presumiblemente Mañueco en Castilla y León. Pues bien, déjense de monsergas. Lo cierto es solo esto que, por ponernos cursis, lo escribiremos de esta guisa: Abascal es la némesis de Feijóo, es su más formidable enemigo, acérrimo rival al que quiere mandar a freír espárragos. No tiene Abascal principios —en eso es un clon de Sánchez—, carece de ideología y programa, porque sus fans no le reclaman nada de eso y, como le decía a este cronista un diputado del partido: «La verdad es que no sabemos cuántos de nosotros vamos a ser ministros». Verde y en botella, desde luego los purgados, Ortega y Antelo, no.

Lo vamos a constatar este domingo, elecciones en Castilla y León: los votos de Vox no son de la reflexión, sino de la emoción, y esta ha encontrado en este punto de nuestra historia un bastón en el que apoyarse: la susodicha némesis, de forma que, según titulamos, en este país o eres némesis de alguien o no eres nadie, date por muerto. Con esa regla acudimos a esta serie de elecciones que empezó en diciembre en Cáceres y Badajoz y que hasta el momento no ha valido para nada porque los extremeños podrían haberse ahorrado la molestia; nadie por el momento les va a gobernar. A Abascal le basta con rodearse de forofos que le aúpen como si se tratara de Mbappé. En esta campaña no ha tenido siquiera que mojarse fotografiando las miserias, las mentiras de Sánchez. Un par de adjetivos y, ¡hala!, a la recaudación de votos. ¿Qué estaría ocurriendo en los medios «independientes» de esta Nación, si el PP hubiera votado dos veces seguidas lo mismo que el PSOE o Podemos? ¿Cómo se hubiera puesto TVE? Pues es lo que hemos visto esta semana, la verdad al revés: la culpa de que ya no exista Gobierno en Mérida la tiene el PP que boicotea el acuerdo. PP, mierda, culo, boñiga, Vox, la Providencia hecha partido.

Por eso no se avizora un buen resultado para Feijóo este domingo. Esta semana, el Parlamento de la Nación va a permanecer cerrado y Sánchez, otra vez de viaje, no va a acudir a rendir cuentas, a explicarnos lo que piensa, ¡hasta dentro de tres semanas! Envía fragatas a la guerra del «No a la guerra», y le larga una peineta descomunal a toda la representación nacional. Los mítines de Sánchez que vamos a soportar estos días se parecen cada vez más a las concentraciones de Franco. El PSOE transporta voluntarios del aplauso y no es imposible que estos reciban un bocadillo, y no de mortadela, para hacer más pasable el viaje en autobús. Las feministas de pitiminí que ayer celebraron su sarao anual se han sumado, entusiastas, al «No a la guerra» de Sánchez. Han permanecido años, 40, calladas como difuntas mientras Jamenei acuchillaba a miles de desgraciadas, y ahora se juntan a los gays, que tampoco han dicho ni pío, contemplando cómo sus congéneres eran ahorcados desde una grúa monumental. Sánchez, la némesis de Feijóo, ha encontrado en las histéricas Belarra y Montero y en el desvergonzado Rufián, maketo por vía afectiva, sus perfectas referencias para conseguir que aquí, en España, no se hable de la rapiña de la familia del presidente y de los robos que han perpetrado durante años sus más cercanos costaleros.

Mañana, la Mesa del Congreso que dominan Armengol y sus secuaces decidirá en qué fecha comparecerá Sánchez en el Pleno, pero no es imposible que cuando lo haga la guerra USA-Irán haya tomado otros derroteros. Si nos acogemos a lo que predicen los medios americanos, los próximos a Trump y los más críticos, esta semana que inauguramos va a ser crucial en el desarrollo de la acometida contra lo que queda de ayatolás en Teherán. Estos van a elegir mañana mismo al hijo del asesino Jamenei que, por lo que se nos transmite, es aún más radical que papá. Por tanto, que nadie espere que el sucesor sea un remedo de la Delcy venezolana que está desmontando, piedra a piedra, el régimen de otro criminal, el Maduro que está a buen recaudo en una prisión yanqui.

Pues bien que, como queda dicho, en este país desgraciado ahora mismo o eres némesis o no eres nadie. Los usuarios de la fórmula, Sánchez y su conmilitón Abascal, van a servirse en los últimos días de campaña de todos los útiles posibles para desbancar al pobre Mañueco, haciendo ingobernable la tercera región de España. Todos a la espera de la fecha que vaya a fijar Juanma Moreno para sus elecciones andaluzas, a las que el okupante, sin comillas, de la Moncloa mira con la detención de un entomólogo por si le conviene un superdomingo electoral, al estilo del que en 2023 valió para continuar en el poder agarrado a lo peor de cada casa, incluido en el lote, claro está, los engañabobos del PNV que, al cuarto de hora de pasarle la mano por el lomo a Feijóo, le ha suministrado un zurriagazo de órdago. A Feijóo le rebosan, aparejadas las dos némesis, Sánchez y Abascal. A ver si esta vez le vale a su PP para entender que con el PNV no se puede ir ni a recoger una herencia, porque se la quedan. Hay pruebas. Aitor Esteban no es la némesis de Otegui; es su aliado. Trump es su némesis también. Tontos.

Una verdad incómoda de Mayor Oreja.

P.D.- Y el miércoles, acto político clave de la derecha. José María Aznar presenta el libro de Jaime Mayor Oreja: Una verdad incómoda. Es todo un arrebato sentido y reflexivo sobre el actual momento de España. Estará presente todo el PP, nadie de Vox que no quiere recordar que el autor fue el pedestal al que se subió Abascal para intentar ahora derribarlo. Muy edificante. El acto será puntual, no puede retrasarse; está a una hora vista de que el Real Madrid, el equipo de la decencia, se pase por la piedra al City del baboso separatista Guardiola.

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