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Opinión

España ante el reto de una generación sin humo

«Cualquier política eficaz contra el tabaquismo debe apoyarse en tres pilares: prevención, regulación y apoyo activo»

España ante el reto de una generación sin humo

Dos personas fumando. | EP

España cuenta todavía con entre ocho y nueve millones de fumadores. Si el objetivo es avanzar hacia una generación libre de tabaco, el debate no puede centrarse únicamente en prohibir más espacios para fumar, sino también en cómo ayudar de forma efectiva a quienes quieren dejar el hábito.

El nuevo anteproyecto de ley antitabaco impulsado por el Gobierno vuelve a situar el tabaquismo en el centro del debate público. El objetivo declarado —alcanzar una generación sin humo en 2030— es ambicioso y responde a una realidad incontestable: el tabaquismo sigue siendo uno de los principales desafíos de salud pública en nuestro país.

Según la última Encuesta Europea de Salud, entre el 19% y el 20% de los adultos españoles fuma a diario. Cada año el tabaco provoca más de 50.000 muertes en España, más de 130 al día. A ello se suma un impacto económico considerable: el coste sanitario directo supera los 8.000 millones de euros anuales y puede alcanzar hasta los 20.000 millones si se incluyen los costes indirectos asociados a bajas laborales y pérdida de productividad.

Ante esta realidad, el anteproyecto plantea medidas de gran alcance orientadas a reforzar la prevención. Entre ellas, la ampliación de los espacios libres de humo, la prohibición de fumar o vapear en terrazas de hostelería, marquesinas de transporte público o en las proximidades de centros sanitarios y educativos, así como nuevas restricciones sobre determinados productos relacionados con el tabaco (vapeadores y cigarrillos electrónicos).

Se trata de medidas dirigidas principalmente a proteger a los no fumadores y reducir la normalización social del consumo. Sin embargo, el debate que se abre no debería limitarse a dónde se puede fumar menos, sino también a cómo conseguir que más personas dejen de fumar.

Porque la realidad es que millones de ciudadanos siguen atrapados en una adicción química compleja. Alrededor del 70% de los fumadores declara que desea abandonar el hábito, pero menos del 10% de quienes intentan dejar de fumar sin ayuda médica o farmacológica lo consigue al cabo de un año.

Este dato pone de manifiesto una cuestión fundamental: el tabaquismo no es simplemente una cuestión de voluntad individual, sino una adicción que requiere apoyo profesional y acceso a tratamientos eficaces. En este contexto, uno de los elementos más relevantes del anteproyecto es la modificación del artículo 12, que plantea reforzar los programas sanitarios de cesación tabáquica dentro de la red asistencial, especialmente en Atención Primaria. La intención es clara: mejorar el acompañamiento sanitario a quienes desean dejar de fumar.

Sin embargo, surge una pregunta inevitable. Si el sistema de Atención Primaria se encuentra ya sometido a una elevada presión asistencial, ¿cómo se podrá ofrecer en la práctica apoyo efectivo a millones de fumadores que necesitan ayuda para abandonar el tabaco?

Algunos países europeos han explorado fórmulas para ampliar el acceso a tratamientos de cesación tabáquica. Francia es uno de los ejemplos más citados. Allí se ha desarrollado un enfoque mixto que permite que determinados tratamientos para dejar de fumar puedan adquirirse directamente en farmacia sin necesidad de receta médica, al tiempo que siguen estando disponibles mediante prescripción cuando la situación clínica lo requiere.

Este tipo de modelos busca reducir las barreras de acceso al tratamiento en momentos clave. Dejar de fumar suele conllevar múltiples intentos y decisiones que se toman en momentos de alta motivación. Si el acceso al tratamiento exige esperar a una cita médica, esa oportunidad puede perderse. Además, muchos fumadores no perciben su adicción como una enfermedad y no acuden al médico para dejarlo.

Sin embargo, este modelo mixto permite integrar estos tratamientos en el sistema sanitario cuando es necesario, facilitando el seguimiento clínico, el abordaje de casos más complejos y el acceso a mecanismos de financiación o reembolso para hacerlo más accesible a la realidad social actual. Cualquier política pública eficaz contra el tabaquismo debe apoyarse en tres pilares: prevención, regulación y apoyo activo a los fumadores que desean abandonar el hábito.

El proceso legislativo que ahora se abre ofrece una oportunidad para reforzar también este tercer pilar: facilitar de manera efectiva el acceso a soluciones que ayuden a millones de personas a dejar el tabaco. Porque una España sin humo no se construye únicamente con prohibiciones, sino también con herramientas que permitan a quienes quieren dejar de fumar hacerlo con mayores probabilidades de éxito.

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