The Objective
Hastío y estío

Y Noelia no resucitó al tercer día

«La vida algunas veces no es ese regalo divino que algunos nos cuentan, y puede estar envenenado en su totalidad»

Y Noelia no resucitó al tercer día

Noelia Castillo Ramos durante una entrevista en Antena 3.

Noelia dejó la fisicidad de la vida el jueves pasado. Justo una semana antes que este Jueves Santo. En el caso de ella no ha habido resurrección al tercer día. Ayer también fue domingo, pero no hubo ese milagro; por no haber, no hubo ni liga en primera división. Perdónenme por esa frivolidad, pero de alguna manera hay que desdramatizar la gravedad suprema. Desde el jueves de Noelia —forma justa de llamarlo así a partir de ahora—, tengo ganas de pegarle una patada al destino, al azar, a quienes hicieron de la vida de Noelia algo a destruir, a aniquilar. Pegarle patadas a un balón es la desconexión nacional acordada por la mayoría. Jugar con los pies, para disimular que las decisiones se toman pensando también con ellos.

El suicidio asistido como espectáculo mediático e ideológico. Que la vida convertida en un sufrimiento agudo y profundo, sin un momento de descanso, sea un lugar más donde echarnos en cara nuestras desavenencias zafias e insustanciales. En Eldiario.es, un tal Oriol firmaba una noticia donde para él ganar era morir. Se refería a la batalla jurídica que confirmaba la eutanasia a Noelia y que la Fundación de Abogados Cristianos intentaba evitar, calificada de «ultra» por este periodista. Siento tener que volver a utilizar al fútbol, pero es en ese deporte reconvertido en un espectáculo cada vez menos divertido donde se gana o se pierde. Querer morir no puede ser nunca una victoria. La mayoría de la gente empatamos a lo largo de la vida, habiendo siempre quienes ganan más que nosotros, o tienen una vida mejor, pero también quienes pierden de manera asidua, y sufren una existencia atroz. El empate es el resultado justo cuando somos conscientes de pertenecer a la humanidad.

He querido escribir este artículo para hoy lunes, pues parece que lo ocurrido pertenece a una parte más del olvido de lo que ocurre en España. La muerta al hoyo, y el vivo al bollo. Y más en una semana como esta, festiva para una gran parte de los españoles. La muerte de Noelia es tratada de la misma manera mediática y políticamente que saber el nombre del nuevo vicepresidente primero del Gobierno o el ministro de Hacienda. Se ha hablado de ambos temas en las tertulias durante el mismo jueves que ocurrieron los hechos, algo el viernes y residualmente el sábado. Noelia ha tenido la mala suerte de que su muerte haya coincidido con un fin de semana anterior a una semana festiva. Ayer domingo, Noelia volvía a ser el título de una canción de Nino Bravo donde se dice eso de «hace tiempo que vivo por ella», pero la ironía del destino ha querido que la realidad haya sido todo lo contrario en su caso. Nadie que pudiera hacer algo realmente por ella, ninguna institución, se ha preocupado profundamente por su existencia y por intentar ayudarla. Solo la familia y sus más cercanos, como siempre.

Y es que la batalla ideológica, la lucha cultural o religiosa, en estos casos muestra su cara más egocéntrica y malsana, si es que aún pudiera manifestarse de peor manera. Poner por delante nuestros ideales que ayudar activamente a una chica de 25 años con un dolor vital donde su experiencia le dijo que no se podía creer en las posibles curas. Ni Dios ni Estado. Una máxima libertaria y ácrata, que en casos como este luce en todo su esplendor. Acogerse a Dios para justificar un sufrimiento crónico hasta el final de sus días es para mí tomar su nombre en vano. La vida algunas veces no es ese regalo divino que algunos nos cuentan; puede estar envenenado en su totalidad. Y es que hay oscuridades por las que no se cuela ni el más pequeño resquicio de luz. Para los que idolatran al Estado para tutelarnos, decirles que su esclavitud moral es tan peligrosa como su dictatorial desempeño. El Estado para estos es su religión laica, algo en lo que creer a pies juntillas siempre que manden los progres. Un sustituto de Dios donde los mandamientos son sus leyes, y solo eres libre si las cumples. La cosa en ambos casos es introducirse en la intimidad de las personas y decidir por ellas. Mucho Estado de las Autonomías, pero poco o nada de la autonomía individual de las personas. En mi hambre mando yo, pero también en mi muerte.  

Noelia pertenece ya a una parte más del olvido mediático y político de nuestro país. Estamos en un lunes de una semana festiva y santa. Ambos bandos la celebrarán, el anticatólico estatalista descansando de su actividad laboral, como hacen muchas otras semanas que sí que son laborales, pero amparándose en una festividad que les asquea. Ser consecuentes es una cosa que dejan para el pueblo, al que no le queda otra que obedecer y quedarse en casa una madrugada del año 2020 en la pandemia cuando no hay nadie por la calle y el riesgo de contagiarse en la pandemia era escaso, solo para disfrutar el placer del poder absoluto. Los más fanáticos de los católicos, que por suerte son los menos, procesionarán de la única manera correcta, que es la suya, por supuesto. Las cosas son a su manera y la fe se siente como ellos, o si no te conviertes en un hereje al que preparar la hoguera. Un servidor en esta semana de pasión solo les ponía una penitencia a ambos: que sobre su conciencia lleven para siempre el nombre de Noelia, y que no la olviden nunca ni ellos ni nosotros.

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