El poder reparador de la Justicia y el triunfo del periodismo
«Las personas que desfilan ahora por el Supremo son todas —ahí es nada— exclusivas de THE OBJECTIVE»

Ilustración de Alejandra Svriz.
Estar sentado en la sala de vistas del Tribunal Supremo, la cúspide en la jerarquía de nuestro sistema judicial, es una experiencia imponente. Entre sus bancos de terciopelo rojo inglés, sus paredes enteladas de adamascados, sus maderas nobles, mármoles veteados y arañas de cristal, se engalana el escenario en que aflora la verdad, antesala de la Justicia. Surge un sentimiento reparador al ver al poderoso ministro de Transportes y secretario de Organización del PSOE sentado en el banquillo de los acusados mientras asiste al desfile de «sobrinas», funcionarios y empresarios que confirman punto por punto las principales exclusivas que publicamos en THE OBJECTIVE durante los últimos cuatro años.
Y casi más gratificante es ver que, por fin, la entrega de los 90.000 euros de Carmen Pano en Ferraz aparece en todas las portadas informativas, muchas de las cuales silenciaron hace año y medio nuestra noticia con el manido argumento del bulo. Algunos, incluso, demostraron su rigor periodístico al asegurar sin despeinarse —y sin pruebas— que nuestra primera entrevista de incógnito era falsa, una invención detrás de la cual no había ningún empresario que sostuviera la gravedad de esos hechos.
De nada sirvió que Carmen Pano saliera después a cara descubierta, que nos acompañara ante notario a hacer un acta de manifestaciones, que ratificara su testimonio ante el Tribunal Supremo y, posteriormente, en la Audiencia Nacional. No ha sido hasta la tercera vez que ha repetido milimétricamente su testimonio en el Supremo cuando los satélites del Gobierno se han dado por vencidos, abandonando el silencio y la displicencia con la que nos daban lecciones periodísticas. Ahora ya hablan de los 90.000 euros, aunque, por supuesto, no nos citen. Luego hablarán de machismo quienes (hombres y mujeres) minusvaloran la labor de dos mujeres —Teresa Gómez y yo—, que durante cuatro meses trabajamos sin descanso para poder publicar esa exclusiva (por cierto, sobre otras dos mujeres).
Tres cuartos de lo mismo con Jésica. Que si eran cuestiones personales, que si no había pruebas, que si las pruebas eran falsas, que si los emails eran mentira, que si la del catálogo no era Jésica, que si el proxeneta que le escribía a su móvil no existía… Las mismas que se apropiaban del patrimonio del feminismo y se daban golpes de pecho con el abolicionismo de la prostitución son las que ahora normalizan el sexo de pago como una cuestión privada irrelevante en las contrataciones de mujeres en empresas públicas. A poco estamos de que la prostitución sea declarada eximente en un caso de nepotismo o enchufismo.
Ábalos, el ‘aliado mediático’
Y luego, en otro nivel, está José Luis Ábalos. ¡Quién nos iba a decir que en nuestra batalla de demostrar la veracidad de nuestras informaciones íbamos a tener al propio Ábalos como aliado! Cuando su abogado Marino Turiel tomó la palabra para interrogar a Jésica bajo la mirada inmutable de su expareja, la sala dio un respingo. «¿Es cierto que usted se dedica a la prostitución?». Jésica guardó un silencio desafiante y el puritanismo obligó a reformular la pregunta: «Jésica, ¿su profesión tiene que ver con la prestación económica a cambio de sexo?». «No, no se preocupe, yo le contesto. Soy dentista y estoy colegiada». Su matización posterior como «azafata de imagen» fue más una confirmación que un desmentido.
Cuánta tensión en la sala y cuánto baño de realidad al mismo tiempo. Era el destape —por fin— de cuatro años de mentiras de Ábalos defendiendo su «corresponsabilidad con las mujeres» cuando Risto Mejide le entrevistó para blanquearle y vejar en prime time al mensajero, refiriéndose al periodista como alguien a quien le gusta «guarrear» y moverse «entre la mierda». Paradojas de la vida, fue el mismo abogado Marino Turiel quien me interrogó a mí durante mi baja maternal hace tres años, durante la instrucción de la querella (criminal) que interpuso contra THE OBJECTIVE por un presunto delito de injurias y calumnias. Turiel hizo su trabajo y yo el mío. Pero ganó la verdad y perdió Ábalos.
La desfachatez del exministro en utilizar la prostitución como puntal en su estrategia de defensa sólo es comparable a esa entrevista en Onda Cero en la que aseguró que las mascarillas eran «el chocolate del loro» cuando él sí sabía entonces que había recibido un chalé en Cádiz como pago a sus gestiones para la licencia de operadora de hidrocarburos Villafuel, o unas vacaciones en una villa de lujo en Marbella por el rescate de Air Europa, o que guardaba una caja B en su despacho (las tres exclusivas de THE OBJECTIVE), con la única consecuencia de que Óscar Puente cambió de residencia oficial, y de despacho, y que el Gobierno realizó una enésima operación de descrédito contra nuestro periódico. ¿Cuánto papel y tóners de tinta a color habrá gastado el ministerio de Félix Bolaños para realizar la cartelera oficial de su cacería contra THE OBJECTIVE con el único fin de desacreditarnos desde las tribunas públicas del Congreso y la Moncloa?
«Que nuestras noticias hablen por nosotros»
Todo jaleado por una corte de, ellos sí, seudoperiodistas afines que han tirado las piedras al grito gubernamental de «ha dicho Jehová». Con cada pedrada, una exclusiva más; ha sido nuestra filosofía. «Que nuestras noticias hablen por nosotros. No entremos a responder en redes», es la máxima de nuestro director, Álvaro Nieto. Aunque a veces sea difícil mantener la calma, sobre todo cuando la frustración surge tras meses de cansancio inagotable para aflorar la verdad. «Un hombre no es más que otro si no hace más que otro», dice el ingenioso hidalgo en El Quijote. En THE OBJECTIVE no somos mejores periodistas que nadie, pero sí hemos trabajado como nadie.
Solo así se explica que las personas que desfilan ahora por el Supremo sean todas —ahí es nada— exclusivas de este periódico al que tanto cuesta citar en los resúmenes de prensa: Jésica, Miss Asturias, Carmen Pano, Leonor González Pano, Álvaro Gallego García… todos llegan a la sala de vistas después de haber pasado por nuestras páginas. No hablo desde la soberbia ni desde el orgullo, sino desde la indignación porque, aún a día de hoy, algunos compañeros nos miren por encima del hombro. Muchos por envidia, sin duda; otros, a quienes la arrogancia y la vanidad les impiden reconocer que se equivocaron, incurriendo en el mismo error que el poder: culpar a los periodistas de los hechos que relatan.
Lo obsceno siempre fue el comportamiento de Ábalos, no nuestras noticias. Nosotros sí nos atrevimos a hablar del elefante en la habitación. Y claro que la prostitución es un hecho relevante. Porque lo importante no son las prostitutas, sino quién las paga y para qué. La clave está en los empresarios y políticos que vieron en Ábalos un filón para hacer negocios mientras le tenían entretenido con su talón de Aquiles: las mujeres. Son las prostitutas las que motivaron la destitución de Ábalos y son las prostitutas las que han puesto el último clavo en el ataúd político del exsecretario de Organización del PSOE. Mientras aflora la verdad en el Tribunal Supremo, el Gobierno se sume en un atronador silencio. Es el triunfo del periodismo, pese a los descarnados intentos del poder para frenarlo. Ahora ya sí, ha ganado la verdad.
