«El objetivo es que accedan a sus derechos»: el trabajo de Apramp con las prostitutas
La organización fue pionera en trabajar con supervivientes de la explotación sexual y la trata de seres humanos

Rocío Mora, directora ejecutiva de APRAMP.
Cuando entras en las oficinas de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp), en pleno centro de Madrid, la vitalidad de la sala te invade de inmediato. A lo largo del espacio se alinean maniquíes que portan prendas de distintos colores y tejidos: un pantalón y una blusa de tweed marrón a juego, una falda amarillo limón y múltiples conjuntos a rayas. Contra las paredes, las perchas exhiben una variedad aún mayor de tonos y estampados: rosa, beige, chevrón… En la sala, también se escucha el tic-tac constante de las máquinas de coser y se percibe la presencia de mujeres que las operan, elaborando nuevas piezas que pronto lucirán embajadoras de la fundación, como la reina Letizia, cuya fotografía con un conjunto de Apramp cuelga en la pared.
El proceso de confección de estas piezas forma parte del programa de la Escuela de Moda de Apramp, una iniciativa que busca que las mujeres que han sufrido explotación sexual y laboral puedan transformar sus vidas mediante la inserción profesional. «Si nosotros no somos capaces de formar y ofrecer alternativas a estas mujeres en el ámbito de la inserción sociolaboral, es muy complicado que la sociedad lo haga», explica Rocío Mora, directora ejecutiva de Apramp.
La organización no llama a estas mujeres víctimas, sino supervivientes. Algunas incluso prefieren el término «agentes de cambio», porque son ellas quienes han transformado su propia realidad y la de otras que entraron por la puerta de esta oficina, más parecida a una boutique que a la sede de una fundación. El impacto que generan se materializa a través de la mediación, una formación que Apramp impulsa como parte de su modelo de acompañamiento. En los centros de acogida, «la primera intervención va a ser con una trabajadora social, pero siempre vamos a tener al lado a una mujer superviviente que ha pasado por esa situación y que hoy está acogiendo a otras para dar el primer paso y poder salir», explica Mora. Así, las agentes de cambio se convierten en un puente entre quienes acaban de llegar y la organización: «Nos abren las puertas para llegar a otras».
La necesidad de «hablar de mujeres que no podían hablar»
Apramp nació en 1989 gracias a la observación de su fundadora, Rocío Nieto, que se dio cuenta de que, aunque en las calles de las grandes ciudades de España había muchas mujeres en situación de vulnerabilidad, no existía un mecanismo de atención que las visibilizara. Para Nieto, había una enorme necesidad de comunicarse con ellas, preguntarles qué estaba pasando, qué necesitaban y por qué no estaban siendo atendidas por los servicios sociales.
«Nuestra presidenta lo que hizo fue, sobre todo, acercarse a estas mujeres», explica la actual directora. Al hacerlo, constató la magnitud de la explotación sexual que marcaba la vida en las calles y comenzó a construir un proyecto que buscaba «hablar de mujeres que no podían hablar, que tampoco querían hablar y que muchas veces estaban señaladas o cuestionadas». Sin embargo, Apramp nunca buscó trabajar para estas mujeres, sino con ellas. Al escuchar sus necesidades, la organización se centró en brindar apoyo y formación para que pudieran recuperar sus derechos, su libertad y su dignidad.
Casi 40 años después, la organización sigue trabajando por el mismo objetivo, mientras se adapta a las necesidades actuales que ha observado sobre el terreno, como el aumento de la explotación sexual de personas con discapacidad y de menores de edad, la prostitución coactiva en línea y la explotación laboral. «Tenemos muy claro que nuestra misión es acabar con la violencia en general, pero cuando hablamos de esta forma de violencia, hablamos de la trata, la explotación y la prostitución coactiva», afirma Mora.
Frente a la explotación en «un país de tránsito y destino»
Muchas de las mujeres a las que ayuda la fundación son migrantes que llegaron a España con la promesa de un trabajo y, en cambio, fueron explotadas sexual y laboralmente. Este proceso, disfrazado de migratorio, es lo que la directora define como «un proceso de destrucción».
Aunque Apramp atiende a personas de 49 nacionalidades distintas, algunas predominan, como Colombia, Venezuela, Brasil, Paraguay y Perú, debido a los contextos de pobreza o inestabilidad en estas naciones. «Cuando hay una crisis muy determinada en un país, quien sale a buscar oportunidades suele ser la mujer», señala Mora, y añade que, en esas circunstancias, la moneda de cambio suele ser ella, lo que lleva a grupos organizados a convertirla en objetivo de captación y explotación. Esta dinámica se manifestó al inicio de la guerra en Ucrania, pero pudo contenerse gracias al trabajo de alerta implementado por Apramp.
Sin embargo, España sigue siendo, según la directora, «un país de tránsito y destino», donde existe una enorme demanda «de mujeres y de niñas para ser explotadas en calles, en nuestros polígonos industriales y ahora mismo en pisos particulares o en redes sociales». En los lugares donde mantienen a las mujeres, las controlan las 24 horas del día, «no solo por personas físicas, sino también por cámaras». Este nivel de vigilancia dificulta el acceso a ellas, una situación que se agrava porque muchas no saben a quién pedir ayuda o no se atreven a hacerlo: «Las mujeres que atendemos no van a llamar a ninguna puerta; no llaman porque se sienten culpables. Cuando ellas salen de su país y se les ofrece viajar a España, nunca se les cuenta cómo realmente se van a encontrar aquí, quién las va a acoger y a qué se van a dedicar».
Para llegar a estas mujeres, Apramp aplica una metodología que comienza por la investigación, con el objetivo de identificar los lugares donde pueden presentarse situaciones de explotación. La organización tiene presencia en seis comunidades autónomas y, para cubrir otras zonas, colabora con distintas entidades a través de su Observatorio de Trata y de la Red Española contra la Trata de Personas (Rectp). Además, dispone de un teléfono operativo las 24 horas, al que las supervivientes pueden llamar «para hablar con alguien que las va a apoyar o informar de lo que tienen que hacer en su situación».
Según la directora, el trabajo de contacto suele realizarse antes de las operaciones policiales. Durante este proceso se dirigen «a aquellos lugares donde mayoritariamente vamos a encontrar a mujeres explotadas sexualmente, y lo que hacemos es informarlas. Informarlas de un proyecto que lleva más de cuatro décadas, pero, sobre todo, de un proyecto que trata de dar respuesta a sus necesidades».
Cuando las mujeres logran salir de las situaciones de explotación, son acogidas por la fundación, que ofrece una atención integral orientada a diseñar un itinerario personalizado. Este acompañamiento puede incluir la regularización documental, el aprendizaje del idioma, el apoyo en su proceso de recuperación y el inicio de una formación que facilite su inserción sociolaboral. El objetivo final de esta atención, explica la directora, es que las supervivientes «lleguen a insertarse en la sociedad como cualquier persona».
El año pasado, Apramp estableció 2.078 itinerarios individualizados y atendió a 7.037 personas en situación de explotación y de trata. Además, durante 2025, 270 mujeres alcanzaron la inserción laboral gracias a su participación en los programas de la organización. Al referirse a la magnitud del impacto, Mora destaca el papel de las agentes de cambio: «Nosotras no podríamos llegar a tantas personas si no tuviéramos equipos formados por ellas».
