The Objective
Fíjate bien

8-M para todas las mujeres del mundo

En el triángulo maldito de conflictos armados abiertos ante nuestros ojos, las mujeres son botines de guerra

8-M para todas las mujeres del mundo

Fotografía de Pío Cabanillas.

La vida resumida en el traje camaleón de la abuela, confundida con el terreno, una flaca flexible que luce sus 40 como si llevara en la encorvada espalda la mochila a cuestas de otras tantas vidas.

La fotografía de Pío nos la retrata en ninguna parte, en plena calle de una ciudad pobre de la India, entre las dos jóvenes hijas vestidas de rojo matrimonial con el determinismo de vida que dan los hijos engendrados en la adolescencia. A ninguna de las tres mujeres les inquieta el 8-M. Su destino está sellado, son intocables, curiosa adjetivación para la clase social más baja cuyas niñas son tocadas con matrimonios forzosos y las mujeres son pasto de violaciones con impunidad. 

Para millones de mujeres del mundo, el Día Internacional de la Mujer pasa con mucha pena y ninguna gloria. En el triángulo maldito de conflictos armados abiertos ante nuestros ojos, las mujeres son botines de guerra. Más allá, veo a las mujeres afganas enclaustradas en burkas carcelarios; a las castigadas iraníes por quitarse un velo; a las niñas de Yemen, de Chad o del Congo, entregadas al matrimonio a los 11 o 12 años. Veo contra las mujeres, no tan lejos de nuestras fronteras, abundante violencia sexual, látigos por el adulterio, escasez de sanidad y educación, nulidad de herencias y de custodia de hijos, derechos civiles cercenados, castigos por el mero hecho de reclamar esos derechos. 

En todas las mujeres pienso en este 8-M. En las mujeres del mundo, donde ningún país ha alcanzado la igualdad real. Pienso en los 131 años que se tardará en cerrar la brecha de género, según el Foro Económico Mundial. El mismo Foro de Davos que cifra en casi 2.500 millones el número de mujeres que viven en el mundo sin iguales derechos económicos que los hombres, una brecha que se tardará 169 años en cerrar. Una centuria larga que, si tuviéramos conciencia y decencia, deberíamos acortar entre todos, con determinación.

Mientras no sea así, millones de mujeres seguirán condenadas a vivir en tan lastimoso laberinto sin encontrar ninguna salida a sus vidas. Condenadas a ser esclavas. 

Y ello cuando emergen nuevos liderazgos masculinos, verticales, que guerrean con desenfreno, mandando hijos a la guerra sin el permiso de las mujeres que los han engendrado.

Texto de Gloria Lomana y fotografía de Pío Cabanillas.

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