Tres monjas abandonan las HAM en la «fuga» más numerosa desde que las intervino la Iglesia
Las jóvenes religiosas cuelgan los hábitos en un escrito presentado este miércoles ante el Arzobispado de Madrid

La ex superiora general de las monjas HAM María Milagrosa Pérez. | Kevin Borja
Un rayo de esperanza para las familias que denuncian la situación que viven sus hijas dentro de las Hijas del Amor Misericordioso (HAM). Tres hermanas decidieron abandonar la asociación religiosa durante el pasado fin de semana de forma voluntaria, según revelan fuentes solventes a THE OBJECTIVE; la salida más numerosa en la comunidad HAM desde que la Iglesia anunció en julio del año pasado que quedaba bajo su tutela tras recibir más de una veintena de denuncias en los últimos años por diferentes casos de abusos de poder, de conciencia y de índole sexual.
Las tres monjas salieron del convento de Los Molinos (Madrid) a lo largo del fin de semana de forma escalonada y este miércoles fueron juntas al Arzobispado de Madrid a presentar una carta de renuncia a los votos religiosos, por lo que formalmente han colgado los hábitos. «Anímicamente, están bastante bien. Han salido convencidas. Las veo fuertes, aunque tendrán su proceso interior y tendremos que solucionar ciertos estragos en su salud», asegura una de las personas que las ha podido ver en los últimos días.
«Fue toda una fuga de Alcatraz», subraya otro familiar, que confía ahora «en un efecto dominó» en el resto de religiosas que quedan en Los Molinos. Son alrededor de una veintena de las más de un centenar de mujeres que forman parte de la rama femenina en España. Al frente del convento estaba Clara, una de las Once, el núcleo duro de las más veteranas que rodean a María Milagrosa Pérez Caballero, más conocida como Marimí o Mamí, quien ejercía de superiora general hasta la intervención de la Iglesia hace ocho meses, cuando impuso un comisariado especial bajo la figura de Pilar Arroyo por un periodo inicial de un año, que podrá ser prorrogable, con el encargo de supervisar la entidad religiosa de arriba a abajo.
Clara intentó parar la salida de la primera de las chicas, según las citadas fuentes, y reafirmó a las dos compañeras de esta última en su decisión de abandonar el convento. Todas ellas llevaban más de tres años dentro de las HAM y entraron antes que las últimas novicias, las más pequeñas que volvieron a las casas con sus familias el verano pasado en la única orden ejecutada manu militari por la Iglesia.
Precisamente, los familiares de víctimas de las monjas HAM remitieron una carta el pasado 20 de febrero al arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, para advertirle de la situación intramuros en Los Molinos y que se apartara a Clara de la dirección del convento, «así como a cualquier otra hermana que pueda estar ejerciendo persuasión o control coercitivo sobre las novicias u otras hermanas en situación de recuperación, pues su presencia les dificulta enormemente su alejamiento, desconexión y desprogramación del ideario y adoctrinamiento HAM».
En la misiva, a la que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, se agradece al cardenal su «implicación» en este caso bajo investigación del Tribunal de la Rota y las medidas adoptadas por parte del Arzobispado de Madrid, si bien se le traslada que están «muy preocupados» con las hermanas que siguen estando dentro de la comunidad y «la dificultad por parte de ellas en asumir y aceptar las propuestas de dicho comisariado, debido a la gran influencia que siguen ejerciendo sobre ellas determinados miembros de la misma».

Por ello, los firmantes pidieron al arzobispo el nombramiento de una comisaria «a tiempo completo», que haga las veces de superiora «interna» dentro de la comunidad, con el fin de que esa persona haga «la adecuada vigilancia» de las medidas adoptadas por la diócesis de Madrid en julio del año pasado, pues tenían la «constancia» de que las hermanas de Los Molinos se habían desplazado «en alguna ocasión» a los conventos HAM de Escalona (Toledo) y Carmona (Sevilla).
Asimismo, le trasladaron a Cobo su «seria preocupación» sobre las comunicaciones que, a su juicio, se están produciendo entre Marimí y su núcleo duro de las Once «directa o indirectamente», al tiempo que reclamaron al Arzobispado la asistencia a las novicias «por un equipo especializado de psicólogos y psiquiatras para que puedan evaluar las condiciones psicológicas y médicas en las que realmente se encuentran las hermanas», así como ofrecerles espacios seguros de atención «a otras posibles víctimas de abusos sexuales o de desorden afectivo-moral».
Por último, los familiares de las víctimas pidieron a Cobo un equipo de sacerdotes, ajenos a la comunidad HAM, «que les puedan prestar la adecuada asistencia espiritual» a los hermanos y hermanas que abandonen la asociación, junto con la «debida asistencia psicológica, psiquiátrica, afectivo-emocional y espiritual» para las monjas que «siguen formando parte de la comunidad HAM, sitas en el resto de las diócesis en las que se encuentran ubicadas».
