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Coyote, el aparato que echa un pulso en el aire a enjambres de drones y los desarma sin disparar

El nuevo dron de Raytheon promete derribar sin explosiones ni impactos

Coyote, el aparato que echa un pulso en el aire a enjambres de drones y los desarma sin disparar

Un dron Coyote de Raytheon en vuelo.

El Coyote jamás soñó con algo así. Para atrapar al Correcaminos se subió a trenes, misiles, a catapultas, le puso dinamita bajo el suelo o le arrojó pianos desde una loma. Lo que no hizo nunca fue mandarle un dron que le pegase un chispazo electrónico para liquidar su funcionamiento. Pues esto es lo que hace el Coyote. Pero otro coyote, el del fabricante de armamento Raytheon.

La defensa aérea vive una extraña paradoja. Nunca ha sido tan sofisticada y, al mismo tiempo, jamás ha estado tan amenazada por artefactos tan plastiqueros y baratos. Durante décadas, el equilibrio fue claro: avión contra avión, misil contra misil, pero esto ha cambiado. Los drones, y más en concreto los enjambres de drones, han erosionado la lógica tradicional del interceptor caro frente a objetivo aún más caro.

Ante este escenario, el fabricante estadounidense Raytheon ha presentado una evolución que apunta al corazón del problema: el Coyote Block 3NK, de «no cinético». Es un dron interceptor reutilizable capaz de liquidar múltiples drones mediante un pulso electrónico. Sube al cielo, les pega un calambrazo invisible y vuelve a casa para guardarse en una caja hasta la próxima misión.

El 11 de febrero de 2026, desde Tucson, Arizona, su fabricante anunció que el Ejército de Estados Unidos había probado con éxito su última variante durante una demostración. El sistema completó su lanzamiento, voló hasta un nutrido grupo de amenazas ficticias, las tiró al suelo sin esfuerzo aparente y volvió a su base. No hubo explosión visible. No hubo colisión directa. Los drones cayeron tras el paso del interceptor; le bastó con acercarse lo suficiente.

El Coyote no nace de cero. Forma parte de una familia de interceptores desarrollados dentro del programa Low, Slow, Small Unmanned Aircraft Integrated Defeat System, conocido como LIDS. Este sistema integra sensores, mando y control, lanzadores y distintos tipos de dispositivos diseñados para proteger bases, centros logísticos y para hacer frente a amenazas aéreas pequeñas, lentas y de baja altitud. Dentro de esa arquitectura, el Block 2 representa la solución cinética clásica, el clásico castañazo que derriba por impacto, un puñetazo aerotransportado. Sin embargo, el Block 3NK introduce un cambio conceptual profundo.

La diferencia no reside solo en la ausencia de explosión. Reside en la lógica de empleo. El 3NK puede merodear en el espacio aéreo protegido, posicionarse en la ruta de aproximación de un enjambre y aplicar su carga útil no cinética en el momento oportuno. Raytheon no ha detallado el mecanismo exacto, pero las imágenes difundidas muestran un patrón compatible con un pulso electromagnético localizado o un efecto electrónico de alta potencia. El interceptor pasa junto a los drones y estos pierden estabilidad sin impacto físico ni fragmentación.

En términos prácticos, el sistema parece diseñado para inutilizar sistemas de navegación, control o alimentación eléctrica. En un dron comercial adaptado para uso militar, esa vulnerabilidad es crítica. Sin enlace de datos, sin estabilización o con la electrónica alterada, la plataforma cae al suelo de manera irremediable. La neutralización se produce, además, sin generar restos explosivos ni daños secundarios. No habrá restos cayendo en llamas, explosiones ni ruidos. Lo peor que puede ocurrir es que a un desafortunado vecino le caiga encima.

La importancia de este enfoque se comprende mejor si se observa el campo de batalla actual. En la experiencia ucraniana, los drones FPV y las municiones merodeadoras han demostrado su capacidad para saturar defensas. Pueden adquirirse por unos pocos miles de euros y, en algunos casos, incluso menos. Frente a ellos, los interceptores tradicionales superan con facilidad el millón de euros por unidad. La relación coste-efecto se vuelve insostenible cuando el atacante lanza decenas de plataformas de bajo precio.

El enjambre no busca penetrar con una sola aeronave. Busca obligar al defensor a gastar todo lo que tiene, a agotar su arsenal. Cada misil disparado es un recurso menos en inventario y cada lanzador vacío se convierte en una brecha abierta, una debilidad que atender. La defensa aérea, concebida para amenazas de alto valor, sufre cuando se enfrenta a amenazas en grandes cantidades. El Coyote 3NK responde a ese dilema desde la economía de la repetición.

Prueba superada

Durante las pruebas asociadas al ejercicio Operation Clear Horizon, el sistema neutralizó al menos diez drones antes de ser recuperado con la ayuda de una red. Ese detalle no es menor. Introduce el concepto de interceptor patrullero. No es un proyectil de un solo uso, sino una plataforma aérea que despega, actúa y regresa. Raytheon ha señalado que ha reducido de forma significativa el tiempo entre recuperación y retorno al vuelo, lo que permite sostener ciclos de defensa frente a oleadas sucesivas.

El Coyote opera integrado con el radar KuRFS en banda Ku, también desarrollado por Raytheon. Este sensor está diseñado para detectar y discriminar pequeños objetivos aéreos en entornos saturados. La combinación sensor-respuesta es esencial. Detectar un enjambre a tiempo y asignar el interceptor correcto determina el éxito de la defensa. Lo uno no funcionaría sin lo otro.

Las fuerzas armadas occidentales han asumido que deben proteger bases avanzadas, aeródromos y nodos logísticos frente a plataformas baratas y numerosas. El Coyote 3NK no sustituye a sistemas de medio o largo alcance. No está diseñado para interceptar misiles balísticos ni cazas tripulados. Su papel se sitúa en la capa baja, donde los drones vuelan a escasa altitud y buscan saturar.

Entornos civiles y sensibles

El enfoque no cinético ofrece además una ventaja política y operativa. En entornos urbanos o cerca de infraestructuras críticas, la fragmentación puede generar daños colaterales significativos. Un interceptor que neutraliza sin explosión reduce el riesgo para población civil y activos propios. Esta característica adquiere relevancia en escenarios europeos, donde muchas instalaciones militares se sitúan cerca de áreas densamente pobladas.

El viejo continente se enfrenta al mismo dilema que Estados Unidos. La proliferación de drones comerciales modificados y la facilidad de acceso a componentes electrónicos han democratizado las amenazas. La protección de puertos, centrales energéticas o centros logísticos requiere de soluciones concretas. Un sistema reutilizable que reduce el coste por enfrentamiento encaja en esa necesidad.

El Coyote 3NK no es invulnerable a la evolución tecnológica. Drones con sistemas endurecidos frente a interferencias electromagnéticas o con modos autónomos sin dependencia de enlace de datos podrían limitar la eficacia de un pulso electrónico. También existen incógnitas sobre el alcance efectivo y el radio de acción de la carga útil no cinética.

Un arma limpia

El Coyote Block 3NK busca restaurar ese equilibrio mediante reutilización y efecto múltiple. No dispara proyectiles. No genera imágenes espectaculares. Opera con discreción electrónica. En un campo de batalla saturado de señales, donde cada dron representa una amenaza y una carga presupuestaria, la solución puede residir en sistemas que no destruyan por explosión, sino por interrupción. El Coyote despega, sube, emite, neutraliza y regresa.

El enjambre seguirá evolucionando. Los drones serán más autónomos, más resistentes y más numerosos. Frente a esa tendencia, el Coyote 3NK simboliza una adaptación pragmática. No promete invulnerabilidad: ofrece sostenibilidad. En la guerra del número, la capacidad de volver a volar puede valer más que la potencia de una sola detonación. Por desgracia, Coyotes y Correcaminos habrá siempre. Lo que es nuevo es cómo se van a enfrentar en el próximo episodio.

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