Irlanda paga a artistas para evitar que usen la IA y obtienen ingresos inesperados
Lo que comenzó como una red de seguridad contra el desempleo tecnológico está demostrando ser una herramienta de resiliencia económica mucho más profunda

Imagen que evoca la Inteligencia Artificial | Grok
En 2022, el Gobierno de Irlanda puso en marcha, como muchos otros países, ayudas para mitigar los efectos de la pandemia del coronavirus que asoló el planeta en 2020. Una de estas iniciativas se centró en el sector de los artistas. Cuatro años después, se ha convertido en una sólida defensa del talento humano frente al avance de la inteligencia artificial. Tras el éxito del piloto, se ha instaurado como un modelo fijo.
El programa se llama Basic Income for the Arts (BIA) —Ingreso Básico para Artistas— y su objetivo es profesionalizar el sector creativo y eliminar la precariedad económica de los creadores.
Fundamentalmente, un grupo de artistas del país —en torno a 2.000— recibe unos 1.300 euros al mes —325 euros semanales— sin condición alguna. Abarca a profesionales de diversas disciplinas: desde profesionales audiovisuales, músicos y escritores hasta bailarines y trabajadores técnicos del sector creativo.
Todo partió del grupo de expertos Arts and Culture Taskforce tras advertir al Gobierno de que el modelo de subvenciones puntuales no funcionaba. Hacía falta una red de seguridad permanente, no un parche. La pandemia había empujado a los artistas a desempeñarse en trabajos para los que estaban menos cualificados que para los que habían sido formados.
Los informes elaborados entonces aseguraban que este grupo de profesionales dedicaba el 70% de su tiempo a trabajos fuera de su ámbito de actividad habitual para poder mantenerse.
El Ejecutivo irlandés quería ver qué pasaba si se podían dedicar al 100% a su tradicional ámbito de actividad con una ayuda compatible con otros ingresos que pudieran generar por la venta de su obra o sus actuaciones para capitalizar su talento. Una iniciativa con la que querían blindar a este colectivo, muy sensible ahora a la inteligencia artificial, a los algoritmos que lo están cambiando todo.
Los artistas no tienen que justificar una productividad inmediata o concreta. El objetivo es que tengan el tiempo y la libertad mental para crear sin la presión de la supervivencia económica.
Cada euro invertido genera un retorno de 1,39 euros a la sociedad
El resultado de esta iniciativa pandémica fue tan positivo que el Gobierno de Irlanda ha decidido extenderla en el tiempo. Entre los puntos clave que se han conseguido mejorar se encuentran los siguientes:
- Retorno económico: por cada euro invertido por el Estado, se ha generado un retorno de 1,39 euros a la sociedad. El hecho de poder dedicarse en exclusiva «a lo suyo» se ha traducido en un aumento de la generación de negocio. Hasta tal punto que la ayuda es rentable desde el punto de vista económico para la sociedad.
- Productividad humana vs. IA: Los beneficiarios dedican una media de 24 horas semanales exclusivamente a la creación (8 horas más que el grupo de control), lo que demuestra que la seguridad financiera fomenta la producción humana genuina frente al contenido automatizado. Es decir, tener la posibilidad de hacer lo que uno quiera lo hace, en casos concretos como este, más trabajador.
- Bienestar psicológico: El mayor beneficio reportado ha sido la reducción de la ansiedad, clave en un sector que hoy se siente amenazado por herramientas de inteligencia artificial (IA).
En un comunicado de prensa, el Ejecutivo irlandés daba más detalles sobre el resultado de la iniciativa: «El coste fiscal neto real del programa piloto durante el periodo 2021-2025 fue de poco menos de 72 millones de euros. La participación del público en las artes generó un valor social estimado de 16,9 millones de euros durante los tres años del programa piloto, según nuestras estimaciones. El beneficio social más significativo provino de las mejoras en el bienestar psicológico, que contribuyeron con casi 80 millones de euros al total de beneficios».
De igual manera, el informe revela que los ingresos de los beneficiarios provenientes de actividades artísticas aumentaron en más de 500 euros mensuales de media, mientras que sus ingresos por trabajos no artísticos disminuyeron en unos 280 euros. Es decir, generaban casi el doble de dinero cuando se dedicaban a actividades artísticas que a tareas para las que estaban menos cualificados.
Además, la dependencia de la protección social se redujo, ya que los beneficiarios recibieron 100 euros menos al mes de media y tuvieron un 38% menos de probabilidades de recibir la prestación por desempleo.
El debate de las subvenciones es histórico en la economía por su repercusión en las cuentas del erario público. Sin embargo, ingresos como el otorgado por el desempleo o para una atención sanitaria de calidad son hoy incuestionables. Con una gran parte de la población amenazada por la IA, la reflexión ya está sobre la mesa.
