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Tecnología

La CIA detectó el corazón del aviador perdido en Irán con un sensor de diamantes sintéticos

El programa Ghost Murmur prima la superioridad tecnológica sobre la fuerza bruta

La CIA detectó el corazón del aviador perdido en Irán con un sensor de diamantes sintéticos

El piloto estadounidense derribado en Irán, en una imagen difundida por el régimen de los ayatolás.

Hubo muchos elementos técnicos, humanos y políticos que salvaron al piloto estadounidense caído en Irán. Pero, conforme se conocen detalles de la misión que lo llevó de vuelta a casa, más delirante y propio de la ciencia ficción parece todo. Lo último que se ha sabido es que lo que salvó al aviador americano no fue un satélite, ni un dron de reconocimiento, ni un informante infiltrado en las fuerzas iraníes. Fue, en el sentido más literal del término, su propio corazón.

Arthur C. Clarke, el padre de 2001: una odisea en el espacio, hubiera alucinado. Su frase «Cualquier tecnología lo bastante avanzada es indistinguible de la magia» sería aplicable a lo que manejan hoy la CIA y el ejército estadounidense. Durante dos días, el oficial de armas del F-15 Strike Eagle caído del cielo permaneció escondido en un paisaje desértico del sur de Irán. Su baliza de supervivencia Boeing Combat Survivor Evader Locator proporcionaba una posición aproximada, pero no exacta. Pero la CIA tenía un as en su manga.

La agencia de inteligencia americana desplegó por primera vez en condiciones reales un sistema cuya existencia ni siquiera había trascendido. Según el New York Post, el nombre del programa es Ghost Murmur, y fue desarrollado por Skunk Works, la división de proyectos avanzados de Lockheed Martin. La misma que trajo al mundo el U-2, el SR-71 y el F-117.

Su principio de funcionamiento es tan elegante como perturbador: detectar la firma electromagnética del latido humano a distancias que hasta hace muy poco eran imposibles. Según el diario neoyorquino, el aparato localizó al aviador desde una distancia cercana a los 60 kilómetros. Sí, oían sus latidos a través de 571 campos de fútbol.

El fundamento físico no es ciencia ficción, aunque lo parezca. El corazón humano genera campos magnéticos que se pueden medir a través de la actividad eléctrica de su musculatura. Es el principio que utilizan las magnetocardiografías hospitalarias. Por norma general, este tipo de auscultación se ejecuta con sensores pegados al pecho del paciente y en una sala blindada contra interferencias.

Lo que Ghost Murmur ha conseguido es trasladar esa capacidad a un entorno operativo real, a bordo de un helicóptero Black Hawk, sobre un desierto, de noche, y con el sujeto a decenas de kilómetros de distancia. El salto tecnológico que lo hace posible se llama magnetometría cuántica de largo alcance, y su componente clave son sensores construidos en torno a defectos microscópicos en diamantes sintéticos. Son las llamadas vacantes de nitrógeno, capaces de detectar variaciones de campo magnético sumamente débiles sin necesidad del entorno controlado de un hospital.

El sistema no es perfecto y tampoco funciona de cualquier manera. Es necesaria una baja cantidad de interferencias electromagnéticas ambientales, pocas firmas humanas competidoras en el área y un cierto contraste térmico entre el cuerpo y el entorno. De acuerdo con estos requerimientos, la madrugada del desierto iraní era el escenario ideal para su estreno operativo.

Era un terreno despejado, con una temperatura ambiental que hacía que el aviador destacara térmicamente sobre la roca fría, y una densidad de población casi nula. Los ingenieros de Skunk Works no podían haber pedido un campo de pruebas más conveniente.

La mecánica de uso tuvo una capa adicional de complejidad. El aviador debía asomar de la grieta para activar la baliza, lo que lo exponía durante un breve lapso. Ghost Murmur no dependía del instante de la emisión de radio: lo que hacía era triangular la posición a partir de la firma cardíaca de forma continua. La baliza era una confirmación secundaria.

Hablar sin decir

El director de la CIA, John Ratcliffe, fue poco revelador y aportó pocos datos en la rueda de prensa de la Casa Blanca. Dijo que «la agencia había conseguido encontrar y confirmar que el aviador estaba vivo y oculto en una grieta de montaña, invisible para el enemigo, pero no para la CIA». Donald Trump añadió que lo habían localizado a 40 millas de distancia, sin dar más detalles sobre el método. Ahora se entiende todo.

La operación posterior fue, en sí misma, una película de acción con final agridulce: cientos de efectivos desplegados, dos aviones de rescate que quedaron atascados en el terreno y tuvieron que ser destruidos para evitar su captura, y más aeronaves enviadas para recoger a la tripulación de los primeros. Ningún estadounidense muerto, y el aviador, recuperado.

Y Nicolás Maduro

El Pentágono no es solo capaz de encontrar personas. Todo indica que también es capaz de inutilizar a quienes quieran impedirlo. El pasado enero, durante la operación que dio como resultado la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro en Caracas, el ejército estadounidense empleó un dispositivo al que el propio Trump, con su habitual afición por los nombres de película, bautizó como «The Discombobulator».

El presidente lo mencionó en alguna comparecencia con la misma naturalidad con la que anunciaría una nueva línea de aranceles. Confirmó su uso, dijo que era clasificado y añadió que los cohetes rusos y chinos del régimen venezolano «nunca llegaron a dispararse».

Los testimonios recogidos sobre el terreno en Venezuela describían efectos fisiológicos que apuntan a una dirección bastante específica: hemorragias nasales, vómitos, incapacidad para mantenerse en pie y una sensación descrita por un testigo como «la cabeza explotando desde dentro». El perfil de síntomas es consistente con la exposición a microondas de alta densidad, una tecnología que actúa sobre el agua presente en los tejidos biológicos. El cuerpo humano es, en su mayor parte, agua.

Cocer desde el aire

El mecanismo es bastante similar al que calienta los alimentos en un horno microondas doméstico. Cuando se apunta hacia personas, genera frecuencias e intensidades que crean un efecto de desorientación severa, dolor agudo y pérdida temporal de capacidad motora: el arma perfecta. Es bastante posible que este sistema viaje integrado en la panza de un Black Hawk, aunque no hay confirmación oficial.

La combinación de ambas tecnologías dibuja un escenario militar coherente: localizar con precisión quirúrgica, neutralizar sin destruir y extraer sin bajas. Ghost Murmur y el Discombobulator son instrumentos distintos del mismo argumento basado en que la superioridad tecnológica pueda sustituir a la superioridad numérica y a la fuerza bruta.

La CIA encontró a un hombre vivo al escuchar su corazón a 60 kilómetros. El Ejército paralizó a una guardia presidencial sin disparar un solo tiro. Si a esto sumamos los drones sin piloto, los robots humanoides que empiezan a pisar el campo de batalla en Ucrania, los rayos láser y otras tecnologías inexistentes hace una década, el propio Arthur C. Clarke, uno de los autores de ciencia ficción más reconocidos, juraría con la mano puesta sobre uno de sus libros y diría que jamás se le habría ocurrido nada parecido.

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