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El nocivo gesto de Rosalía para los dientes en 'Bizcochito', según una odontóloga

Haciendo un ‘meme’ de sí misma, la pose de la artista barcelonesa mascando chicle se ha hecho viral en las redes

El nocivo gesto de Rosalía para los dientes en  ‘Bizcochito’, según una odontóloga

La cantante Rosalía. | ©Gtres.

Todos tenemos más o menos claro que los bizcochos, sobre todo si son muy dulces, no son buenos amigos para los dientes. Lo que tampoco sabíamos, o no tan claramente, es que el videoclip de Bizcochito de la cantante Rosalía se iba a viralizar, aunque quizá para terror de los odontólogos, a través de las redes sociales.

Haciendo un meme de sí misma, la artista barcelonesa ha publicado un reel en su cuenta de Instagram donde autoparodia uno de los gestos que más repite en el vídeo musical de Bizcochito: el de mascar chicle. En una tienda, de compras, haciendo deporte e incluso mientras come sushi, Rosalía ha concatenado una colección de vídeos cortos donde sale con el chicle dando vueltas.

Un hábito que, sin embargo, no es ni saludable ni recomendable. No, nos referimos al hábito de subir vídeos cortos a redes sociales o estar haciendo reels todo el rato, sino a que ‘malamente’ le viene a nuestra salud dental que estemos comiendo chicle, ya sea mucho o poco, pues es un ejercicio no exento de riesgos y que puede dar problemas a medio y largo plazo.

Dudamos bastante de que la intérprete de Sant Cugat del Vallés esté ‘despechá’ por el aviso, pero lo cierto es que su gesto —que pueda calar o no—, no es una buena noticia para cuidar la salud bucodental, tal y como explica la doctora Patricia Bratos (ortodoncista y cofundadora de la Clínica Dental Ferrus & Bratos de Madrid), más aún cuando el vídeo en cuestión tiene más de 35 millones de reproducciones en apenas cuatro días.

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Los chicles no pueden, en ningún caso, sustituir al cepillado. ©Gtres.

Evidentemente, no se trata de que masticar un poco de chicle pueda ser extremadamente nocivo, pero sí que su hábito, muy reiterado, está vinculado a ciertos problemas de la salud oral que no conviene dejar de lado, independientemente de que el consumo de chicle sea con azúcar o sin azúcar. Como es plausible, la doctora Bratos avala que, en caso de consumir chicle, se haga «de forma puntual optando siempre por un chicle sin azúcar pero con xilitol».

Aunque la recomendación de Bratos es «evitar este hábito lo máximo posible», aconseja que se apueste por este tipo de chicles porque «porque inhibe el crecimiento de streptococcus mutans, una de las principales bacterias causantes de la caries», algo que no hacen el resto de chicles, especialmente los que tienen azúcar que además se convierten en elementos cariogénicos de primer orden, por lo que deberían ser los primeros en no entrar en nuestra boca.

Sin embargo, explica la ortodoncista y doctora, que no es solo una cuestión de azúcar la que debe preocuparnos. Debe preocuparnos, lógicamente, pero no es el único enemigo que está presente en ellos, o en la forma de consumirlos, que es lo que puede pasar desapercibido en la mayoría de los casos. O, peor aún, en lo que no caemos en la cuenta cuando mascamos aquellos sin azúcar, pensando que son del todo inocuos.

El gran enemigo de los dientes (y el ejemplo Rosalía con el chicle)

«Es un acto tan cotidiano que tiene diferentes efectos adversos. Por ello, mi recomendación es evitar su consumo todo lo posible», enfatiza Patricia Bratos, pues lamenta que «parezca que mascar chicle no implica ningún riesgo para la salud dental».

Sí lo supone, y el primero, si nos atenemos al tipo, tiene que ver con el azúcar. «El primer efecto negativo relacionado es que los chicles con azúcar favorecen la acumulación de placa bacteriana, que se convierte en sarro, propiciando y favoreciendo el desarrollo de caries», indica. Razón por la que, en caso de consumirlos, se hiciera solo con aquellos que fueran sin azúcar.

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En caso de consumir chicle, que sean sin azúcar y con xilitol. ©Gtres.

Sin embargo, hay un mal inherente e intrínseco a su consumo, que es el que generalmente pasa desapercibido y que puede tener consecuencias graves tanto para las piezas dentales como para la salud articular. Aclara Patricia Bratos que «el mayor riesgo asociado al acto de mascar chicle está relacionado con los trastornos de una parte fundamental durante la mordida, la ATM (articulación temporomandibular)», que tiene que ver sobre todo con la repetición del gesto.

«Son tantos los movimientos reiterados que se requieren para masticar que la articulación temporomandibular sobrecarga los músculos intensificando el dolor en la zona y provocando dolor de cabeza y cuello», explica sobre esta conjunción de gestos que pueden luego reproducirse de manera dolorosa.

Relacionados con el habla, la masticación o la deglución, lo que hacemos realmente al mascarlos de manera constante es estar ‘entrenando’ a nuestra articulación temporomandibular, formada por la parte superior de la mandíbula y el hueso temporal del cráneo, y cuyas molestias están vinculadas a ciertas patologías como el bruxismo, traumatismos faciales, distintos tipos de oclusión —la forma de cerrar la boca, que puede generar desarreglo en la ATM— o malos hábitos, entre los cuales podemos citar el que hoy nos ocupa.

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Los chicles duros, especialmente si tienen azúcar, son un doble riesgo para la salud dental. ©Gtres.

Sin embargo, los riesgos asociados a este consumo no se quedan solo en lo que suceda por el azúcar o por los trastornos de la ATM. Como advierte la doctora Bratos, «el gesto repetitivo favorece el desgaste dental e incluso puede llegar a provocar fracturas en las piezas y en las restauraciones dentales». Razón por la que si fuéramos una Motomami que se acaba de comer un Chicken Teriyaki, lo mejor es lavarse los dientes y olvidarse de la goma de mascar como solución higienizante.

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