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Salud dental: qué frutas evitar si no tienes cerca el cepillo de dientes

Saludables y sanas, las frutas son casi siempre nuestras aliadas. Salvo que la salud dental y la ausencia del cepillo de dientes lo impidan

Salud dental: qué frutas evitar si no tienes cerca el cepillo de dientes

Gtres

Siempre tenemos a las frutas como referentes de la comida sana y, si tenemos una higiene dental correcta, no hay nada que temer. Sin embargo, la salud dental pasa por tener a mano cepillos, colutorios, seda dental y por pasar por el odontólogo al menos una vez al año.

No todas las frutas son enemigas de nuestros dientes y, por supuesto, no se sientan en el banquillo de los culpables del mismo modo que el café, el vino tinto o la repostería. Eso no significa que no debamos tener cuidado con ciertas frutas. Algunas son excesivamente dulces, otras dejan muchos residuos, una parte también tintan los dientes y, como es lógico, varias llenan nuestros espacios interdentales de incómodas semillas.

Eso no quiere decir que haya que excluirlas de nuestro día a día, pero sí es conveniente tener en cuenta que, si la higiene dental no es buena, pueden acrecentar ciertos problemas. Hablamos de desmineralización del diente, esmaltes manchados o, en el peor de los casos, caries. Estas complicaciones pueden, si no se atajan a tiempo, suponer la pérdida de piezas dentales o la necesidad de reconstrucciones, empastes o endodoncias.

Tampoco significa que erradiquemos a la fruta de nuestra dieta por el temor al daño dental. Algunas frutas son especialmente útiles como aliadas de la salud dental. Incrementan la producción de saliva, regulan el pH de la boca y, por tanto, reducen la placa bacteriana. Es el caso de la manzana y de ciertas hortalizas como zanahoria o pepino, aunque no olvidemos que la manzana —por ejemplo— es una fruta bastante sólida y dura y que no todas las bocas toleran igual.

Cinco frutas que atentan contra nuestra salud dental

Insistimos en no criminalizar ni al total de las frutas ni a estas frutas en concreto. Eso no quiere decir que no debamos mantener ciertas precauciones con su consumo si no vamos a disfrutar de un cepillo con celeridad. Sobre todo cuando las vayamos a tener en mente como snack o aperitivo y no tengamos a mano nuestro cepillo.

Incluso aún con algunas ventajas asociadas concretamente a ciertas frutas. Es el caso de la fresa, por ejemplo, que contiene ácido málico y vitamina C, por lo que es una blanqueadora natural del esmalte. Sin embargo, al tener muchas y pequeñas semillas también puede complicar la higiene dental.

Frutas deshidratadas

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Las frutas deshidratadas son pegajosas y su contenido en azúcar muy alto, por lo que son malas amigas de la salud dental.

Podía resultar obvia su inclusión en la lista de sospechosos habituales de la salud dental. La fruta deshidratada, sea del tipo que sea, concentra una mayor cantidad de azúcar. Además se vuelve mucho más pegajosa, por lo que dificulta la limpieza dentaria. Hablamos de orejones, pasas, ciruelas, higos….

Un mundo lleno de sabor y utilizado como forma de conservación para frutas que coge lo peor del azúcar y lo traslada al mundo frutal. Entre ellas, los peores ejemplos están en las que además tienen algunas semillas como los higos o ciertos tipos de uvas pasas.

Cítricos

La cantidad de ácido cítrico en este tipo de frutas puede erosionar el esmalte dental con facilidad. ©Unsplash.
La cantidad de ácido cítrico en este tipo de frutas puede erosionar el esmalte dental con facilidad. ©Unsplash.

Tienen fibra, tienen vitamina C y, en su propia virtud, está su penitencia porque también están cargadas de ácido cítrico. Resulta evidente, pero este tipo de ácido, presente en naranjas, mandarinas, pomelos, limas o limones es, huelga decirlo, muy ácido. Demasiado para nuestra salud dental.

Esto supone elevar el pH de nuestra boca y debilitar el esmalte, erosionándolo poco a poco. Esto puede desembocar en sensibilidad dental y caries, motivo por el que hay que prestar atención al cepillado después de su consumo. Incluido el terreno de los zumos, que además supone prescindir parte de las ventajas de la fruta y sí todos sus azúcares.

Plátano

Es rico en potasio, magnesio, muy saciante y bastante calórico y, como es lógico, rico en fibra y ciertas vitaminas como la B6. Sin embargo, su textura y su contenido en fibra también puede ser un mal aliado de nuestros dientes. Por eso, si la higiene dental es deficiente, conviene prestar atención a la salud dental tras su consumo.

La consistencia blanda y pegajosa del plátano tiene cierta facilidad para quedarse entre los dientes. Se debe principalmente a su contenido en almidón y en esa propia fibra. Como pasa con el resto de frutas, si nos cepillamos los dientes después del consumo, no hay por qué temerlo, pero no lo olvidemos.

Frutos del bosque y frutos rojos

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Los frutos rojos y los frutos del bosque tienen colores intensos que pueden pigmentar el esmalte dental. ©Unsplash.

Bajo el concepto de ‘berries’, o bayas, como sería en castellano, encontramos un nutridísimo número de frutas. Bautizadas como frutos del bosque o frutos rojos, la realidad es que tienen poco de bosque. Moras, grosellas, arándanos, frambuesas o fresas forman parte de esta familia.

La realidad es que todas ellas suelen tener semillas o pepitas. Más o menos gruesas, tienen facilidad para ocupar los espacios interdentales, problema frecuente de salud dental. Además, su textura dura hace que podamos mellar ciertas piezas. En un sentido parecido, sus vivos colores, ya sean negros, morados o rojos, producto de las antocianinas, también tintan las piezas dentales. Más aún si tenemos en cuenta que son frutas ligeramente ácidas. De esta manera pueden erosionar el esmalte, una superficie muy porosa, y permitir que este color se fije allí.

Granada

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Además de ser bastante ácidas, las pepitas de la granada también pueden teñir los dientes. ©Unsplash.

Es una de las reinas de las frutas del invierno y, por desgracia, tiene el mismo hándicap que las frutas del bosque y bayas: tinta y es ácida. Lo que supone una ventaja en cuanto a color y a no añadir azúcar a mansalva se vuelve un arma de doble filo de la salud dental.

En este caso, volvemos a recomendar que su consumo venga asociado a un cepillado de dientes relativamente inmediato tras consumirla y así paliar la presencia del nivel de acidez elevado. O acompañarla de frutas no muy dulces y poco ácidas como la manzana o la pera, que ayudan a segregar saliva y a corregir el pH.

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