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La larga, descabellada y oscura historia de las mentiras de Elisabeth Finch

Sus inventos parecen sacados de los episodios de Anatomía de Grey y no es casual, ya que durante años fue una de sus guionistas…

La larga, descabellada y oscura historia de las mentiras de Elisabeth Finch

Escena en la que Finch hace de enfermera (lado derecho de la camilla) | ABC

Hay historias tan inverosímiles que si se escribiesen en la ficción no convencerían a nadie, al menos no fuera de una telenovela o un melodrama. Entonces es irónicamente apropiado que Elisabeth Finch haya sido guionista de Anatomía de Grey, una de las series en que los personajes han vivido tantas experiencias traumáticas que es descabellado que aún funcionen como humanos. ¿Por qué lo es? Porque Finch se inventó no solo un drama horrible sobre su vida, sino varios… y cada uno peor que el otro. Vamos, es como si hubiese escrito su vida alla Grey’s pero con la traumática guinda de que lo hizo en el mundo real y afectando la vida de otras personas. Pero vayamos al detalle, porque es ahí donde lo inverosimil se abre a pasos agigantados y sigue, aún cuando se piensa que la historia no podría ser peor.

Hace unos pocos meses Elisabeth Finch fue dada de baja administrativa en su trabajo como guionista de la serie Anatomía de Grey. La razón fue una investigación abierta sobre una serie de mentiras que había contado y que fueron expuestas en un demoledor perfil de Vanity Fair. Finch comenzó a trabajar en la serie médica durante su décima temporada (actualmente va por la 18), tras escribir un ensayo en Elle sobre su diagnosis con un condrosarcoma, una forma rara y casi siempre fatal de cáncer de huesos. La guionista ya había trabajado en The Vampire Diaries y True Blood (esta última reaparecerá luego), pero siempre había querido escribir en la serie bandera de Shondaland y con su bien escrito (y heroico) ensayo sobre su enfermedad logró una audiencia con la propia Shonda Rhimes, que le presentó a la showrunner de Grey’s.

Shonda Rhimes en la portada de EW de septiembre de 2015. En el pico de su popularidad. | Imagen vía EW.

Finch, aún «enferma de cáncer», monopolizaba las reuniones de guionistas cuando alguna de las tramas trataba sobre la enfermedad y relataba sus odiseas con el tratamiento y su valentía ante la incertidumbre y el malestar. Las comillas, como ya habrán imaginado, están ahí porque Finch nunca tuvo cáncer. Ni uno casi mortal ni de otro tipo. ¡Ah! La escritora llegó a contar con lágrimas en los ojos que, durante sus tratamientos de quimioterapia, se había quedado embarazada y había tenido que abortar: tuvo que decidir entre la vida de su bebé o la suya, así lo resumió.

En la sala de guionistas las historias de Finch tenían fuerza, pero no fue hasta que «su historia» se hizo central en una serie de episodios, que Finch comenzó a dar entrevistas y hacerse más visible. La trama, que ya habrán adivinado los que vean la serie, es la Catherine Fox (interpretada por Debbie Allen), la presidenta de la Fundación Fox, esposa del veterano de la serie, el Dr. Richard Webber (James Pickens Jr.).

«He hecho las paces con mi presente, soy una persona con una incapacidad, una persona que vive con cáncer».

Elisabeth Finch a Entertainment Weekly

La doctora es diagnosticada con un condrosarcoma inoperable y, al estilo Grey’s, es salvada milagrosamente por dos de los doctores estrella del hospital (incluida la protagonista, Meredith Grey), pero parte de su cáncer, como el ficticio de Finch, sigue ahí, inoperable y convirtiéndola en una persona que vive y convive con la enfermedad. Finch de hecho habló con Entertainment Weekly sobre su cáncer y la experiencia de escribir el episodio: «Tengo un pequeño tumor en la base de mi columna que no se reduce ni puede removerse. Recibo tratamiento y me realizan escaners frecuentes para asegurarme de que no crece. Soy una persona que vive con cáncer y puede que eso nunca cambie. Soy fuerte, soy capaz. Puede que haya avances médicos, pero no puedo predecir el futuro. He hecho las paces con mi presente, soy una persona con una incapacidad, una persona que vive con cáncer».

El emotivo episodio por el que Finch se hizo famosa. | Imagen vía Grey’s Anatomy / ABC.

Su cáncer, además de entrevistas, le daba otros beneficios: como saltarse largas horas de trabajo, dejar a otros el marrón de terminar el suyo o desaparecer durante semanas «porque necesitaba tratamiento». La mentira, a diferencia del cáncer, no dejaba de crecer. Finch dijo que fue elegida para un ensayo médico en la Mayo Clinic de Minnesota (que le permitía faltar a su trabajo), escribió más de ocho artículos sobre el tema y dijo que necesitaba un transplante de riñón. Sí, y esto último no es lo más loco. ¿A quién imaginan que «debía estar agradecida» por resolver su problema con el riñón? La actriz Anna Paquin, a quien conoció cuando escribía para la serie que esta protagonizaba, True Blood. (Paquin se ha negado a comentar sobre este tema a Vanity Fair).

Más y más mentiras

En marzo de 2019, una sinagoga en Pittsburgh recibió la visita de un asesino que, con un arma, abrió fuego a los asistentes al servicio y mató a 11 personas. Finch, que había ido a la universidad en esa ciudad, no tardó en hablar del tema. En un tweet decía: «Por favor no me envíen fotos del hombre que mató a mi amigo». Sí, según Finch, en el tiroteo había muerto un buen amigo. No solo eso, había sido ella quien había recogido el cadáver de su amigo del suelo de la sinagoga (sí, la policía, extraordinariamente, la había dejado hacerlo).

Fue a consecuencia de su síndrome de estrés post traumático (TEPT) por la muerte de su amigo (algo que, de nuevo, nunca pasó) que se registró en una instalación de rehabilitación. Cuando lo hizo, señaló que su nombre era Jo (un personaje de la serie).

Puede que aquí, dentro de todo lo que hizo, haya efectuado su mayor daño. Durante su estancia en el centro de rehabilitación conoció a Jennifer Beyer. La mujer había entrado en la instalación tras 18 años de un matrimonio en extremo abusivo en el que fue sistemáticamente agredida física, emocional y sexualmente, por su pareja. Beyer sufría de estrés postraumático no solo por el abuso sino por que nadie había creído en sus denuncias (su ex esposo era muy bueno haciendo creer a otros que era ella quien era inestable e inventaba cosas) y vivía en miedo constante. Sus hijos estaban en cuidado del Estado mientras sus trámites de divorcio se llevaban a cabo. En este terrible estado fue en el que Beyer conoció a Finch, o como se hacía llamar, Jo.

Camilla Luddington interpreta a Jo Wilson en Grey’s Anatomy. | Imagen vía ABC.

Antes de continuar hay que destacar algo, tras esta estancia de Finch/Jo en rehabilitación la trama del personaje de Jo Wilson es la siguiente: tiene un ex marido violento, que engañó a quienes los conocían y la aisló a tal nivel que tuvo que huir y cambiarse el nombre. Su personaje, luego, descubre que fue abandonada porque su madre biológica sufrió una violación y en un grave estado de depresión, entra en un centro de rehabilitación, donde se recupera gracias a la ayuda de una terapeuta llamada Carly. ¿Familiar? ¡Ah! Y no olvidemos decir que la terapeuta que ayudó a Beyer en la vida real en su centro de rehabilitación se llamaba, sí, Carly.

Es sorprendente que aún falte historia, pero falta, sí. Durante la estancia de Jo y Beyer en el centro, ambas se hicieron muy amigas. En parte la razón fue que tenían un pasado común de abuso ya que Jo había sido abusada terriblemente por su hermano mientras crecían (de nuevo, y por si es necesario repetirlo, no es cierto). Beyer declara a Vanity Fair que las historias en común (las de Jo siempre similares a las que ella había compartido antes) las unieron tanto que se enamoraron.

Mientras en el mundo laboral y familiar de Finch pensaban que tenía cáncer y sufría TEPT por la muerte de su amigo, en el mundo íntimo con Beyer, Jo se recuperaba del trauma de su amigo y lidiaba con la violencia de su hermano… y no tenía cáncer. No es difícil ver que la conclusión no iba a salir bien.

Cuando los padres de Finch vinieron a visitarla un fin de semana, la verdad (o la verdad inventada) tenía que salir. A pesar de pedirle a sus padres que la llamasen Jo, cuando habló de su horrible hermano ninguno sabía de qué hablaba. Tampoco sabía Beyer de qué hablaba la madre de su amiga cuando le dijo que estaba preocupada por su cáncer.

A pesar de todo, los problemas de Beyer eran mayores que una mentira que olvidó (o quiso olvidar) cuando su ex amenazó con ir a buscarla. En ese tiempo, casualmente, también el hermano de Jo estaba acercándose y amenazándola.

Las dos mujeres salieron de rehabilitación a mediados de 2019 y continuaron comunicándose. Beyer vivía con miedo, su ex marido, del que estaba en proceso de divorciarse, posteaba fotos en las redes sociales cerca del refugio en que se estaba quedando. Pero, en medio de la traumática experiencia, surgió el amor entre Finch y Beyer.

Debbie Allen estudiando el episodio con Elisabeth Finch. | Imagen vía ABC / Entertainment Weekly.

Cuando se acercaba la segunda cita de la corte sobre su divorcio, Beyer fue informada de que su ex marido había estado en su casa -ella estaba visitando a Finch-, la había destrozado y se había suicidado. Por su parte, solo días después Finch escribió a los guionistas de Anatomía de Grey para contarles que su abusivo hermano se había suicidado y que, siendo médico, lo había hecho de manera que se aseguró de tener muerte cerebral para, como última tortura, obligarla a desconectarlo.

A finales de 2019, la pareja se comprometió (esto sí, aunque increíble, es verdad). En el mundo laboral de Finch su hermano había muerto y ella vivía con cáncer y en el personal su hermano la acosaba y ella era una roca para Beyer. Pronto todo culminaría dramáticamente. La pareja se casó y en 2020 llegó el Covid y todos estaban preocupados por la enferma de cáncer Finch, su familia y sus compañeros de trabajo. Beyer había comenzado a sospechar tras una visita al médico y luego comenzó a revisar las redes sociales de su esposa cuando Finch volvió a sufrir episodios relacionados con el tiroteo de Pittsburgh. En las fechas en que había «ayudado a limpiar el cadáver de su amigo», había estado de fiesta. También había fotos de Elisabeth calva, pero Beyer era enfermera y algo no cuadraba. Y luego la confrontó. Finch le dio la razón: había mentido sobre el cáncer, sobre las cartas amenazantes de su hermano, sobre el tiroteo…

Beyer insistió en que fuese honesta con las demás personas en su vida, y, por su parte, buscó terapia. Cuando contactó a Carly, su ex terapeuta, descubrió que Finch la había contratado para trabajar con ella y estaban pasando mucho tiempo juntas (Beyer aún podía perder custodia de sus hijos por sus problemas pasado y Finch era ahora su madre adoptiva).

Escena en la que Finch hace de enfermera vía ABC.

Beyer le contó a Vanity Fair que pensó en suicidarse y, luego, se registró en otro centro de ayuda. Tras una estancia allí, hizo un último intento por salvar su matrimonio. Finch tenía que ser honesta con todos y, solo así, habria algo que salvar. Finch tardó en hacerlo, pero una tras otras las personas de su vida escucharon como todo lo que había contado durante años no era cierto. Pero cuando Beyer recibió, reenviado, el mail sobre el «suicidio» del hermano de Finch, no hubo vuelta atrás.

Beyer escribió a Shonda Rhimes y a Krista Vernoff, la showrunner de la serie, y les pidió que no dejasen a Finch contar más historias que eran las de otras personas. Por su parte, los otros guionistas comenzaron a indagar y descubrieron la verdad: que nada de lo que Elisabeth Finch había contado era ni remotamente cierto. 

Actualmente, las dos mujeres están en proceso de divorcio. Y Finch solo ha declarado públicamente para hablar sobre su ausencia del equipo de escritores de Anatomía de Grey y cómo los sintió su familia. No hace referencia a ninguna de las alegaciones.

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