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El ganador del Pulitzer, Art Spiegelman, vuelve a la ilustración tras diez años

El autor de ‘Maus’ ilustra ‘Street Cop’, una novela gráfica con apariencia de libro del escritor Robert Coover, en la que recuerda la esencia de su leyenda posmoderna

El ganador del Pulitzer, Art Spiegelman, vuelve a la ilustración tras diez años

Imagen de una página de 'Street Cop'

¿Qué papel juega un policía a pie en una moderna distopía? Sobre dicho eje surfea Street Cop (Reservoir Books, 2022), un cómic sin llegar a solucionar nada, los crímenes se disuelven como al aire de una tóxica calada en un mundo interconectado habitado por ineptos digitales. Tan vanguardista guión es obra de Robert Coover, una leyenda de la novela posmoderna. En nuestro sistema cultural no es demasiado conocido, pero hay una selecta minoría que sabe del importante peso de este autor en muchísimos narradores, en Quim Monzó para poner un ejemplo. 

Coover fue traducido por Anagrama y Seix Barral en los noventa, en ediciones que permitían al lector español comprender la esencia de su estilo revisionista de cuentos clásicos visto en Zarzarrosa, El hurgón mágico o Azotando a la doncella. Dos clásicos suyos en dicha línea los editó Galaxia Gutemberg, Noir en el que revisita los tropos de la novela negra y Ciudad fantasma en el que hace lo mismo con el western. En los últimos años su primera obra, El origen de los brunistas, fue recuperada por Pálido Fuego.

Portada de la novela gráfica ‘Street Cop’

El fiel lector podrá encontrar al mismo Coover en Street Cop, igual de ágil, revisando el género policial desde la perspectiva de la absoluta incompetencia y la sensación de vivir en un mundo en el que se ha quedado desfasado. A lo mejor el logos de esa distopía no está tan oculto cuando, en las primeras páginas, el policía reconoce que «ahora echa de menos la vida poco tecnológica de su infancia».

La maravilla de esta edición es que está ilustrada por Art Spiegelman, el ganador de un premio Pulitzer por la novela gráfica Maus. El autor sueco es hijo de supervivientes de Auschwitz. A partir de 1975, y después de regresar a Nueva York tras una temporada en San Francisco, comenzó a trabajar para diversas publicaciones, como New York Times, Village Voice y Playboy. Más tarde, trabajó como profesor en la School of Visual Arts y en 1980, fundó junto con su mujer, Françoise Mouly, la revista Raw, en la que se publicó originalmente Maus. En 1992 se le otorgó el prestigioso Premio Pulitzer por dicha publicación. En la actualidad, Spiegelman es dibujante, colaborador y editor de la revista New Yorker y en los últimos años ha ganado el National Jewish Book Award en la categoría de memorias por Metamaus. Así pues este es su retorno a la ilustración tras una década, un encuentro propiciado por la editorial Isolarii que el propio autor explica de este modo:

«Bueno, llegó en el momento justo. Acabábamos de trasladarnos a nuestro búnker en los bosques de Connecticut un día antes de que comenzara el confinamiento, sin saber cuánto tiempo íbamos a estar allí. Lo único que había planeado para trabajar era mi cuaderno de bocetos, para recuperar mis habilidades, ya que durante el período previo a todo esto había estado escribiendo más que dibujando. Pero no tenía ninguna urgencia, porque era simplemente «ahí hay un árbol, aprende a dibujarlo». O «aquí está mi hermosa idea de cómic que tal vez nunca ejecute más allá de mi cuaderno de bocetos». Y entonces, a finales de marzo o principios de abril, recibí una carta de Isolarii diciendo: ‘Coover nos pidió que nos pusiéramos en contacto para ver si ilustrarías su nueva obra para un pequeño libro suyo que estamos haciendo’. Literalmente, un pequeño libro. Eso fue parte de la seducción para mí: un formato tan bonito, y me gustan mucho los libros como objetos».

Imagen de una página de ‘Street Cop’

En una conversación entre artistas en la que reniegan de la etiqueta «posmoderna» que ambos recibieron por, en su opinión, resultar demasiado vaga, el propio Coover explica la esencia de la confusión que rebosa durante la lectura, una fuerte sensación de estar perdido, que de alguna manera tan bien predijo el caos del mundo tras la pandemia al que no le falta demasiado para ver volando por la ciudad los drones que describe el autor estadounidense:

«El propio policía de a pie está sacado de una antigua tradición popular, más que de los titulares de las noticias. Lo que quería captar era la insignificancia del policía de calle, utilizando la ciudad tecnológica como un espejo para reflejar su ineptitud. Creo que algo de su humanidad aflora a través de todas las imágenes contrarias. A menudo contrapongo personajes más o menos inocentes a sus entornos hostiles, pero en este caso la inocencia y la hostilidad se confunden».

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