THE OBJECTIVE
Vidas cruzadas

Enrique Rubio: «El autismo te hace inmune a los dogmas»

El escritor conversa sobre su novela ‘Escape’ y reflexiona sobre cómo su personalidad Asperger ha determina su mirada

Enrique Rubio es escritor. Ha publicado títulos como Tengo una pistola, Tania con i 56.ª edición (Premio Francisco Casavella 2011) y Escape. En este última novela se sirve de su propia experiencia como persona diagnosticada con síndrome de Asperger para relatar las peripecias de un joven que, a los 18 años, y después de haberse pasado años rodeado de libros y aislado del mundo exterior, se enfrenta por primera vez a la realidad. El próximo año se estrenará una película inspirada por esta novela, escrita y dirigida por Rodrigo Cortés y protagonizada por Mario Casas. Hablamos de todo esto y de su recién publicado ensayo Religión woke. El despertar del supremacismo identitario (Almuzara).

PREGUNTA.- En la solapa de tu novela Escape aparece una descripción de ti que parece escrita por el protagonista de la novela.

RESPUESTA.- Todo son cosas muy importantes en mi descripción y al mismo tiempo han querido jugar con el lenguaje que usa el protagonista y el estilo narrativo del libro, que es así como muy mecánico y todo muy hiperracional. Yo tampoco soy tan extremo ni hablo así en su vida diaria. 

P.- Pero sí tienes esa mirada tan analítica como tiene ese personaje.

R.- La personalidad Asperger tiene cosas negativas, pero tiene cosas también muy positivas y lo considero como de alguna forma un superpoder para algunas cosas porque te hace inmune a los dogmas, a virus mentales, a creencias socialmente compartidas y lo cuestionas todo de manera más racional. Eso te hace no ser víctima de un adoctrinamiento en cualquier tipo de religión, ya sea laica o teísta, y tiene inconvenientes porque te hace sufrir bastante. La mente humana es religiosa. Para adaptarte siendo tan racional chocas continuamente porque me pone muy nervioso cuando veo algo claramente irracional y la gente está pensándolo con una fe ciega.

P.- Tenemos una mentalidad religiosa y aunque seamos laicos, participamos de determinados ritos y necesitamos tener creencias, que no siempre están contrastadas. ¿La personalidad de Asperger te proporciona es una mirada más nítida? 

R.- Sí, no somos dioses ni tampoco nos equivocamos. También tenemos nuestros sesgos, pero sí que creo que el autismo te permite ver un poco más entre bastidores, cómo funcionan los mecanismos que hay debajo y cómo la mayoría de gente cree cosas que son falsas. No participar de ese teatro te impide muchas veces adaptarte de una manera saludable al mundo, porque tienes que vivir en el mundo y tienes que interactuar, adaptarte a esas mentes que son diferentes a la tuya.

«Vivimos en la era de las excusas, de la victimización, de querer agarrarte a cualquier cosa para sentirse maltratado, oprimido, marginado»

P.- ¿Una persona con personalidad Asperger necesariamente es menos sensible? 

R.- Yo sé que soy atípico dentro del espectro. Realmente hay tantos Asperger como personas, no somos clones. En el cine se ha vendido una imagen demasiado de cómic, demasiado exagerada. Yo me considero muy apasionado, muy sensible, también soy muy emocional. Comparto muchos rasgos, pero hay uno que suele indicar autismo que es cuando no entiendes bien el humor y a mí el sentido del humor siempre se me ha dado bien tanto practicarlo como entenderlo. Una broma, la ironía, el doble sentido… Todo eso se me da bien. Luego hay una parte del lenguaje que se me da mal, por ejemplo, la poesía, que desde siempre ha sido un horror para mí. Me resulta desagradable. No solo no la entiendo si no son muy sencillas y literales como Emily Dickinson, por ejemplo, o Bukowski, que parece prosa. Pero cuando algo es muy abstracto, como es la mayoría de las poesías, a mí me desagrada porque me pongo nervioso cuando no entiendo algo de manera racional.

P.- ¿Y la pintura abstracta? 

R.- No me desconcierta, aunque tampoco es que me haya atraído mucho la pintura. Siempre me ha atraído mucho la música. Para mí es mi arte favorito, mi enfermedad, la música por encima de todas la cosas. Es curioso que lo que me pasa es que busco emociones. Me da igual si es virtuoso cómo está estructurada, si es más o menos inteligente desde el punto de vista de un erudito que entienda de música: busco la emoción.

P.- ¿La literatura también te gusta por las emociones? 

R.- También, pero no sé porqué cuando se trata de lenguaje, tengo necesidad de entender. Siento desasosiego cuando no entiendo algo. Me pasa mucho que viendo una película, si hay una parte que no he entendido, ya no puedo seguir disfrutando o me cuesta. Normalmente las veo en mi casa porque tengo la posibilidad de ir hacia atrás. Por eso no me gusta ir al cine, porque si de repente se me ha pasado algo, no estaba atento o no entiendo algo, me pongo nervioso.

P.- También dices que tienes trastorno obsesivo compulsivo. ¿Eso suele ir aparejado?

R.- Uno de los síntomas del Asperger es una rigidez muy grande y también obsesiones, y muchas veces están solapados. Hay muchas veces que se diagnostica como TOC, cuando en realidad es Asperger; o hay veces también, como en mi caso, que entro en los dos diagnósticos según las pruebas que me han hecho. En mi caso el TOC fue lo primero que me diagnosticaron. He pasado muchos años creyendo que se sostenía solamente, pero me fui dando cuenta yo solo que me atraía muchísimo los Asperger cuando los veía hablar o actuar. Me pasó que inconscientemente, cuando empecé a escribir novelas, que casi todos los protagonistas vivían aislados y su personalidad se podría considerar Asperger. Hasta que llegó un momento que pensé que posiblemente yo también fuese Asperger porque tengo algunos rasgos que no entran dentro del TOC, pero sí dentro del Asperger. Y, por curiosidad, me fui a una asociación donde me evaluaron y era de libro, era totalmente claro que tenía Asperger. 

P.- ¿Cuándo te diagnosticaron ambas cosas?

R.- El TOC fue a los veintipocos años, cuando estaba terminando el instituto y me explotó de manera muy brutal. He pasado muchos años con ese diagnóstico hasta que me diagnosticaron Asperger hace dos años. El TOC no tiene por qué ser asocial, no tiene porque ser hipersensible a los ruidos, no tiene porque sentirse mal hacia un contenido que es abstracto. Hay muchas cosas que no son típicas del TOC, pero sí de Asperger aunque no lo parezco. Hay mucha gente que no se cree que sea Asperger… si me vieran en mi vida cotidiana y como pienso y mi forma de vivir…

P.- ¿Te molesta que se haya popularizado tanto la gente que diga «tengo TOC»?

R.- Vivimos en la era de las excusas, de la victimización, de querer agarrarte a cualquier cosa para sentirse maltratado, oprimido, marginado y que eso sirve para justificar que en realidad no estás haciendo nada. Me acuerdo del acto que hice con Rodrigo Cortés porque me metió un poco el dedo en el ojo con una pregunta que venía a decir «tú te quejas de la victimización de los artistas que venden su condición de mujer maltratada, de su condición de homosexual para sentirse oprimido y de esa manera vender y tú estás haciendo un poco lo mismo» y en cierta manera tenía razón porque es verdad que para promocionar este libro he usado el trastorno, aunque no de manera victimista. No me quejo ni lo uso de coartada o de excusa para hablar de que he fracasado o que no me han hecho caso. El motor de lo que yo he escrito, tanto en guiones como en novelas, ha sido gracias a mi personalidad Asperger y a mi TOC porque estar obsesionado continuamente por algo es un poder para crear. Es un superpoder más que la inteligencia, más que tener una habilidad. Es como una potencia a fuego lento, es continua, todo el día rumiando. No es un procesador súper veloz, pero yo creo que hay cosas que necesitan tiempo y rumiar y rumiar y rumiar. Es algo que no te abandona todo el rato, es un automatismo que es como respirar.

Víctor Ubiña

P.- ¿Cuándo empezaste a escribir?

R.- Empiezo a partir de los 20, cuando salí del instituto, sobre todo empecé a escribir cartas a las chicas. Me empecé a dar cuenta de que me gustaba mucho, me relajaba y me gustaba el proceso, que no me costaba. Poder explicar lo que sentía o pensaba de una manera más pausada. A partir de ahí, de repente empecé a escribir pequeños textos, pequeños relatos que ni siquiera eran relatos en sí mismos, sino era una mezcla de artículo y relato o de anécdotas que me pasaban con mucho humor. De ahí fuí a algo más largo. Fue sin proponérmelo, fue algo muy orgánico. Nunca pensé en la posibilidad de ser escritor ni guionista.

P.- A pesar de que no compartes la ritualización de tu alrededor sí eres capaz de recrearla. Puedes pintar un mundo en el que no participas. 

R.- Lo que pasa es que lo hago desde un punto de vista un diferente. Entonces eso también hace que lo que escribo sea un poco diferente, que las cosas que planteo sean desde perspectivas que no son habituales. 

P.- El protagonista de tu obra está muy obsesionado con que no se cumplen las normas, ¿tú también compartes esta obsesión?

R.- Un poco sí. No de forma tan extrema como el protagonista, pero lo que me interesaba de la de la novela es que él cuando está rodeado de libros, sobre todo de libros de no ficción sobre ideologías, religiones, todo parece perfecto porque en la teoría todo es maravilloso. El problema es cuando eso se lleva a la práctica, que muchas veces la realidad está desconectada de la religión. Me interesaba ese contraste. Cuando sale la frustración creciente de que el mundo no es lo que él ha leído en los libros. No tiene nada que ver. Lo que era perfecto en los libros de repente no se cumple casi nada porque el mundo de las ideas no tiene nada que ver con la vida en sí misma.

Esta novela primero fue un relato que se llamó Cárcel en el 2005. Aquel relato nació de mi necesidad de encontrar un sitio tranquilo para escribir. En aquel momento no tenía mi casa propia y además me afectaban mucho los ruidos. Se me ocurrió la idea de querer entrar en la cárcel porque supuestamente ahí iba a estar más tranquilo, en una celda más aislado y todo iba a estar reglado y ordenado. De ahí nació la novela. 

«Esta religión lo ha contaminado todo. Es una religión que es demasiado ubicua, no como otras en el pasado, que si no te metías en ciertos lugares conflictivos podías vivir más o menos tu vida de manera normal»

P.- Vivimos en un momento en el que se consume cultura de manera masiva, aunque parece que antes con menos opciones uno se cultivaba más. 

R.- Antes era mucho más difícil acceder a una película y costaba su dinero, o un disco, un disco se agotaba hasta la última gota. Estabas meses solo con ese disco porque te había costado 3000 o 2000 pesetas. Eso hacía que se valorara y disfrutara mucho más. Algo en concreto. Te podías concentrar en algo en concreto y profundizar al máximo en eso. Cuando empezó a contrapeso de la era de Internet, que de repente era accesible a tanta música, tanto cine e incluso tanta literatura… eso hace también que le hayamos quitado valor y ya no sintamos tampoco tanta motivación por consumir uno de esos productos, porque la facilidad para acceder le ha quitado valor. 

P.- Tu novela, que ha sido adaptada al cine por Rodrigo Cortés. Cuéntanos cómo surge esta idea.

R.- Conocí a Rodrigo en 2009, cuando publiqué mi primera novela, Tengo una pistola. Cuando estaba terminando la novela, vi su primera película, Concursante, y me enamoré totalmente. Me pareció una rara avis total del cine español que iba a contracorriente y no había nada parecido. Intenté contactar con él simplemente para decirle lo que me había gustado de su película y que también veía cierto paralelismo con lo que ya había escrito. Me puse en contacto con él directamente, sin entrar en intermediarios ni conocerlo de nada. Además, fue curioso porque fue una Nochevieja, unos minutos antes de las uvas, me puse a googlear en busca de un email que pudiera ponerme en contacto con él. Vi una página donde salía un corto suyo y venía un email de la productora y resultó que ese era su email personal. Esa era una página antigua cuando no tenía cuidado en proteger su intimidad y sus datos. Le escribí en 2008, unos minutos antes de las 00:00 para decirle que quería ponerme en contacto con Rodrigo Cortés y unos minutos después, en el 2009, a las 12.08 horas, me respondió diciéndome que él era Rodrigo Cortés. A partir de ahí empecé a hablar del Concursante, él sintió que estaba muy apasionado por su película y de paso también le hablé de mi novela, que veía cosas similares. Me la pidió y se la leyó porque lo pillé en un momento en el que no estaba ocupado. Se la leyó en seguida y quedó tan o más entusiasmado que yo con su película.

P.- Fue un flechazo.

Fue un flechazo mutuo, pero me gustó porque fue algo auténtico y por el mero contenido artístico que habíamos creado, no por no por más intereses. No soy de hacer contactos pensando que me van a ayudar, soy apasionado por la por obras que me encantan y sí que me gusta contactar con quien lo ha creado. A partir de ahí empezó una relación que ha durado hasta ahora de que cualquier cosa, cualquier cosa que escribía, se la mandaba y le encantaba leerlo. Ha leído todo lo publicado y lo inédito. Cuando terminé Escape se la mandé y aproveché para preguntarle si él veía la posibilidad de una película inspirada en esta novela. Me hace gracia porque me dijo que no la veía como película y me dio una serie de argumentos. No estaba de acuerdo, pero no le dije tampoco nada. Años después seguimos nuestra relación y de repente, en 2019 o 2020, me dice que si yo le cedería los derechos de la novela para escribir escribir un guion y de manera un poco humorística y un poco traviesa le mandé el email que me escribió hace varios años diciendo que no había película y resultó que dice que él se le quedó algo, una semilla en la mente al leer esa novela que con los años fue germinando hasta obsesionarse con la idea de que alguien entrara en la cárcel por su voluntad propia. A partir de ahí él quiso hacer una versión propia de la novela porque yo ya tenía un guión, pero él no quería ni leerlo.

Víctor Ubiña

P.- Es un milagro que se convierta en un guión y que ese guión encuentre un productor como Scorsese. 

R.- Que se haya rodado Escape es un milagro, pero también he de decir que el único director en España capaz tanto por talento como mentalidad suicida. Porque no le tiene miedo a nada ni ha agachado la cabeza ante ninguna religión es Rodrigo Cortés. Lo siento, pero tengo que decirlo. Tengo que decirlo porque conozco bastante el mundo del cine y he conocido a muchos directores y hay un miedo grandísimo a hacer algo, ya no sólo que pueda criticar algo de la religión actual, sino hacer algo que no sea a favor. O sea, una historia que no tenga nada que ver con las historias que están haciendo desde hace unos años, a los directores, ya les da miedo. El nivel de censura del totalitarismo cultural que vivimos en España. Es muy extremo, en mi vida yo no he vivido una época igual. 

P.- ¿Es algo que te preocupa desde hace tiempo, el ver que hay algo que coarta la libertad creativa?

R.- Desde que explotó el fenómeno de que la religión me doy cuenta que a mí me empezó a afectar en 2014 porque fue cuando empecé a ver que de repente una cosa que escribí en un artículo que yo no esperaba la más mínima polémica llevó a una turba de gente que no conozco en Twitter a ponerme a parir. Un artículo que está relacionado con la sociobiología y con aspectos de la naturaleza femenina y naturaleza masculina. Ahí me di cuenta de lo que estaba empezando a emerger. Después cuando vi que no podía seguir publicando hasta 2020… me ha afectado personalmente, aunque también ha hecho que me obsesione también con ese tema porque esta religión lo ha contaminado todo. Es una religión que es demasiado ubicua, no como otras en el pasado, que si no te metías en ciertos lugares conflictivos podías vivir más o menos tu vida de manera normal.

P.- Antes decías que ya te consideras más un guionista que un novelista en este momento, ¿por qué? 

R.- Hay varios motivos, pero uno de ellos es que he acabado bastante quemado del mundo editorial porque no se ha premiado el contenido, la calidad, el talento de las obras, sino la condición biológica y no solo la condición biológica, sino también que se hable de un tema muy concreto y con unas ideas muy concretas.

P.- ¿El mundo del cine o en general del audiovisual es más abierto? 

R.- Es un infierno igual o peor que el mundo de la literatura y el editorial. Aunque es un infierno por explorar es un poco virgen. Aunque también es bueno cambiar de infierno, variar de infierno. También porque soy un poco más ingenuo respecto al mundo del cine, aunque conozco ya lo conozco bastante porque llevo unos años intentando colocar guiones y conociendo a directores, productores y el clima es igual o peor. Otro motivo también es que me seduce mucho el perfil del guionista porque vive más en la sombra y vive más centrado en su trabajo. Lo guionistas no son mediáticos, nadie conoce a guionistas famosos. Hay guionistas consagrados que han tenido premio. Todo el mundo conoce al director o a los actores. Y eso a mí me encanta, porque no me gusta nada lo mediático y siempre me ha gustado trabajo escribir. Y también porque el escritor si quiere difundir su obra tiene que dar la cara mediáticamente por huevos. Y el guionista, no. Además, quién se encarga de intentar colocar un proyecto no es el guionista. Es ese el director o es el productor el que se encarga de mover todo el follón y de intentar convencer a mucha gente y remar a contracorriente de la realidad actual. 

P.- Terminamos con la pregunta habitual: ¿a quién te gustaría que invitáramos a Vidas cruzadas?

R.- Hay un grupo en España que me parece uno de los mejores grupos que ha habido en los últimos 25 años de rock alternativo. Se llaman Holywater. Me haría ilusión que trajeras a Ricardo Rodríguez, el vocalista, porque me parece un genio.

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