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Cultura

El relato más exhaustivo de aquel fenómeno llamado Tàpies

El Reina Sofía repasa en 250 obras el itinerario artístico y vital de uno de los grandes nombres del siglo XX español

El relato más exhaustivo de aquel fenómeno llamado Tàpies

Autorretrato de Antoni Tàpies. | Foto Gasuli

Antoni Tàpies es más que un artista. Un concepto, una marca, a veces un tópico. Matices aparte, Tàpies se podría entender también como un fractal de aquella España que parió esta que tanto nos viene doliendo. A finales del siglo pasado, y mientras estuvo vivo (murió en 2012 en su Barcelona natal), era una moda inevitable. Con Chillida y Barceló, lo más de lo más. Él tampoco tenía la culpa. Después la cosa decayó. Curiosamente, un poco como toda aquella beautiful people, jet set y demás (incluido aquel PSOE que hoy algunos echan de menos). Este año, el centenario de su nacimiento intenta recuperar la leyenda.

No es que Tàpies hubiera desaparecido, ojo. Al contrario, quizás ahora se aprecie mejor la importancia de su obra. Pero las circunstancias en que esta se desarrolló, su narrativa (para ponernos updated), trascienden el análisis técnico para contarnos, además, algo de nuestra propia historia. En estas páginas ya dimos cuenta de la oportuna publicación de su relación epistolar con el poeta Joan Brossa. La exposición que inauguró la semana pasada el Museo Reina Sofía muestra cómo esa intimidad que asoma en la pluma del artista se expande en un recorrido artístico muy significativo. 

La exposición Antoni Tàpies. La práctica del arte, organizad por el Reina Sofía y la Fundació Antoni Tàpies con la colaboración de la Comunidad de Madrid, es abrumadora, hasta excesiva. Más de 250 obras procedentes de museos y colecciones privadas de todo el mundo cubren una trayectoria que va de 1946 a 2012. Un laberinto en el ya de por sí laberíntico Reina Sofía. 

Desde los inicios en una figuración lindera con el surrealismo a la abstracción, y siempre obsesionado por la materia y los símbolos, la obra de Tàpies sugiere el trasfondo de una búsqueda espiritual. La dialéctica entre un padre anticlerical y una madre de fervoroso catolicismo se va destilando en un ambiente liberal y culto, con la política como telón de fondo.

El artista busca su camino no solo en pinturas y esculturas, también en la filosofía, con la huella del budismo zen cada vez más profunda. El comisario de la muestra, Manuel Borja-Villel, acierta a describir la noción del tiempo en Tàpies como «espiral: hay mutaciones y cambios en su obra y desde las materias de los años cincuenta a los barnices de los ochenta hay una evolución. Pero esta no se fundamenta en una progresión, en un quemar etapas, en un desarrollo lineal, sino en las superposiciones, repeticiones y ritornelos».

Materia en forma de pie. | Fundación Antoni Tàpies

Estancia en París

Aunque el recorrido busca un cierto orden cronológico. Así, comienza con sus inicios autodidactas, mediados por la influencia de maestros como Matisse o Picasso y la lógica introspección de la edad reflejada en varios autorretratos. Afecto a la pasión por los símbolos de los Miró, Ernst o Klee, su indagación se expande en la comunidad del grupo catalán de vanguardia Dau al Set, y en 1950 llega la inevitable estancia iniciática en París.

Las siguientes salas muestran el cambio tras la crisálida parisina. La figuración pierde importancia en favor de una obsesión por lo matérico, que explora sobre todo con la alteración de la concepción tradicional de la superficie pictórica: una búsqueda de la densidad asaeteada de intervenciones que encajaba como anillo al dedo con la moda imperante tras la Segunda Guerra Mundial, con la crítica fascinada por tendencias como el expresionismo abstracto.

Y, efectivamente, Tàpies se salió. Apenas en el quicio de la treintena llegaron las grandes citas:  el Carnegie International de 1950 y 1952, las ediciones de la Bienal de Venecia de 1952, 1954, 1956 y 1958, la Bienal de São Paulo de 1957, el MoMA en 1960, el Guggenheim en 1962… Su obra empezó a venderse entre lo más selecto del coleccionismo y la Documenta de Kassel de 1964 marca la consagración con obras gigantescas. El Reina Sofía ha recolectado muy meritoriamente varias de ellas para la ocasión.  

Indagación sobre la materia

Afortunadamente, Tàpies no se conforma y la narración sigue su marcha, siempre incidiendo en la indagación sobre la materia, vivificada por un espíritu que el arte insiste en desvelar. En obras como Materia en forma de pie (1965) o Huevera y periódico (1970) se observa su giro hacia la potencialidad de la realidad más cercana y, sin embargo, tan a menudo desapercibida, con reminiscencias al arte povera

Antes de continuar con el curso biográfico, la exposición dedica in media res uno de sus apartados al compromiso político del artista. Antifranquista de primera hora, en 1959 se negó públicamente a participar en exposiciones organizadas por el régimen y en 1966 fue arrestado por participar en una reunión subversiva en los Capuchinos de Sarrià. Obras como 7 de noviembre o A la memoria de Salvador Puig Antich dejan constancia de esta actitud, que tiene un curioso epílogo cuando en 2010 el rey (ahora emérito) Juan Carlos I lo nombró Marqués de Tàpies. 

Reconduce la muestra la exploración más netamente artística de Tàpies con los matices que, a partir de los años 80, llevan su obra a una serenidad más aposentada, con los famosos barnices y temas de profundidad metafísica alentadas por sus incursiones en las culturas orientales, como la deliciosa proyección de los Upanishads hindúes en Celebración de la miel (1989). 

El espíritu de la nostalgia sobrevuela la parte final de la muestra. Aunque szene encuentra en la cresta de la ola en lo profesional, Tàpies se gira hacia el dolor y la muerte que ve llegar, expandidas además en un mundo en descomposición: Dukkha (1995), su visión de la carnicería de la antigua Yugoslavia, muestra el vacío y la ansiedad, el caos y la sinrazón. 

Celebración de la miel. | Colección particular, Barcelona

En definitiva, una espléndida exposición con algún pero —como el retraso del catálogo, aún no disponible— y mucho material para la reflexión.

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