The Objective
Ilustres olvidados

Calvo-Sotelo, el presidente menospreciado cuya investidura fue interrumpida el 23-F

El sucesor de Adolfo Suárez continúa siendo un gran desconocido para muchos ciudadanos

Calvo-Sotelo, el presidente menospreciado cuya investidura fue interrumpida el 23-F

Leopoldo Calvo Sotelo durante su sesión de investidura. | EFE

Esta semana se han cumplido 45 años del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Aquel día, el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, fallecido precisamente este mismo miércoles, irrumpió en el Congreso a tiro limpio para tratar de cambiar el rumbo político de nuestro país.

También esta semana el Gobierno anunció a bombo y platillo una desclasificación de documentos relativos al 23-F. Si bien los primeros análisis apuntan a que los informes que hemos conocido no aportan grandes novedades a lo que ya sabíamos sobre aquel intento de golpe de Estado, sí conviene desclasificar —o recordar— para muchos el motivo que reunía a los diputados en la Cámara Baja en aquella tarde.

En efecto, aquel no era un pleno cualquiera, sino nada menos que el de la votación de investidura de un nuevo presidente, Leopoldo Calvo-Sotelo, nuestro ilustre olvidado de hoy. A quienes arqueen la ceja porque consideremos olvidado al segundo presidente desde el restablecimiento de la democracia, cabe recordarles que son muchos —especialmente los jóvenes, pero no solamente ellos— quienes no recuerdan que tuvimos otro jefe del Gobierno entre Adolfo Suárez y Felipe González. Y, para los que sí lo recuerdan, ¿son capaces de decir algo de lo que hizo? Pues, tanto si están en el primer grupo como en el segundo, este episodio es para ustedes.

Un hombre de Estado que tardó en entrar en política

Nacido en Madrid en 1926, Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo vino al mundo en una familia marcada por la política. No en vano su tío José Calvo-Sotelo fue uno de los principales líderes de la oposición durante el último tramo de la Segunda República y su asesinato fue el detonante último para el inicio de la Guerra Civil. Con todo, su sobrino Leopoldo, pese a su interés por las cuestiones públicas, no aterrizó en la primera línea de la política hasta cumplidos los 30.

A pesar de ello, la inquietud por la polis siempre rondó la cabeza del joven Leopoldo. Así, en paralelo a su formación y trabajo como ingeniero, del cuidado de creciente prole —llegó a tener ocho hijos— y de su actividad empresarial en varias compañías y en el Banco Urquijo, Calvo-Sotelo militó en la Asociación Católica de Propagandistas y en las Juventudes Monárquicas, además de participar en la llamada Cena de los Nueve, que sentó algunas de las bases de la posterior Transición. Asimismo, dejó clara su posición europeísta cofundando la Asociación Española para la Cooperación Europea.

Ministro con Arias Navarro y con Suárez

En 1971 tiene su primera experiencia parlamentaria al representar al sindicato de Industrias Químicas como diputado en Cortes. Pero el plato fuerte llegaría con la muerte de Franco: Arias Navarro le nombra ministro de Comercio, cartera que cambia por la de Obras Públicas cuando Adolfo Suárez llega a la Moncloa. Desde entonces, se convirtió en uno de los más estrechos colaboradores del presidente del Gobierno, especialmente en lo referente a su partido, la Unión de Centro Democrático. De hecho, fue Calvo-Sotelo quien diseñó la lista electoral de la UCD para los comicios de junio de 1977.

Durante la primera legislatura tras la vuelta de la democracia, ejerció como ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas e inició el proceso para la entrada en la futura UE. También participó en los Pactos de la Moncloa, en representación de UCD, unos acuerdos que sentaron las bases de la política económica y social del nuevo sistema. A partir de septiembre de 1980, asumió la cartera de Economía.

Llegamos entonces al momento culminante de su vida política: Adolfo Suárez dimitió como presidente del Gobierno en enero de 1981, designando a Calvo-Sotelo como sucesor al frente del Ejecutivo. Como ya hemos comentado, durante su sesión de investidura se produjo la intentona golpista del 23-F. Una vez restablecida la normalidad constitucional, el político madrileño asumió la Presidencia del Gobierno durante lo que restaba de legislatura, en un contexto nada favorable, con una galopante crisis económica y con los años de plomo de ETA.

Presidente del Gobierno

Una de las medidas que tomó fue en relación a la tentativa de golpe, cuando recurrió al Tribunal Supremo las condenas iniciales a los implicados en la asonada, logrando sentencias más duras. Además, en un hecho poco conocido, bajo su presidencia se frustró otra conspiración militar en octubre de 1982. De esta forma, Calvo-Sotelo asentaba la primacía del poder civil sobre el de las Fuerzas Armadas, que tan protagonista había sido en los últimos 150 años de historia de nuestro país.

En cuanto al resto de su acción de gobierno, sus 22 meses en la Moncloa incluyeron hechos tan destacados como reformas del Estado y de la política económica y energética, la aprobación del divorcio y el despliegue del sistema autonómico que había quedado dibujado en la Constitución. Además, su Gobierno inició procesos para proyectar la imagen internacional de España, como presentar la candidatura de nuestro país para acoger la Exposición Universal o los Juegos Olímpicos, frutos que recogería más tarde Felipe González. Otro hecho destacadísimo fue la entrada de España en la OTAN, a la que el PSOE se opuso férreamente. Cuando Felipe González se convirtió en presidente, sin embargo, cambió de opinión y tuvo que pasar por el famoso referéndum de 1986. De hecho, son muchos los que siguen pensando hoy que fue Felipe González quien nos metió en la OTAN, y no Calvo-Sotelo.

Como apuntábamos, los dos grandes desafíos para el Ejecutivo de Calvo-Sotelo fueron la crisis económica del petróleo y ETA. En el primero de los frentes, su Gobierno afrontó medidas impopulares pero necesarias y reeditó una suerte de Pactos de la Moncloa, pero esta vez no con los partidos, sino con los sindicatos y la patronal. El Ejecutivo logró así controlar la inflación, no así el paro. Respecto a la banda terrorista, Calvo-Sotelo mejoró la preparación de las fuerzas de seguridad en la lucha contra ETA, haciéndola más efectiva, y pidió la colaboración tanto de EEUU como de Francia (París no la dio). En lo simbólico, también empezó a asistir a los funerales de las víctimas.

Su legado, consolidar la Transición

Pero, al margen de medidas concretas, tal vez el punto más relevante del legado de Calvo-Sotelo fue la consolidación de la Transición. El presidente recibió un sistema en la UCI, con intento de golpe de Estado incluido, y entregó una democracia funcional al PSOE. Si el epitafio que adorna la tumba de Adolfo Suárez es «la concordia fue posible», el de Calvo-Sotelo, afirma el historiador Pablo Pérez, bien podría ser «la alternancia fue posible».

Ese importante legado probablemente ha llegado desdibujado a nuestros días por el hecho de que Calvo-Sotelo quedase enmarcado en medio de dos enormes personalidades políticas como las de Suárez y González. Sin embargo, un análisis frío de su etapa en la Moncloa permite concluir sin lugar a dudas que su labor política fue de gran relevancia.

Tras los malos resultados de la UCD en un par de citas autonómicas, Calvo-Sotelo adelantó las generales y renunció a ser el cabeza de lista. Aún pasaría algunos años como diputado y después como europarlamentario. Tras dejar la política activa, volvió al Banco Urquijo durante un tiempo, para después dedicarse a impartir conferencias y presidir fundaciones. Falleció en 2008.

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