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Economía

García-Carranza, el 'poli malo' de Botín, pierde enteros en el Santander tras fracasar en Merlin

Isolux, Duro Felguera, Abengoa, OHL, Dia e incluso el grupo Prisa son parte de las ‘víctimas’ del directivo del banco cántabro

García-Carranza, el 'poli malo' de Botín, pierde enteros en el Santander tras fracasar en Merlin

Javier García-Carranza Benjumea, en una imagen de archivo.|Agencias

Javier García-Carranza Benjumea, el implacable poli malo de Ana Botín y el Banco Santander ante grandes empresas en problemas, ha sufrido un duro revés esta semana. El consejo de administración de Merlin ratificaba a Ismael Clemente como consejero delegado al filo de la medianoche del miércoles y tras el órdago del propio García-Carranza que intentó apartarle del cargo.

El vicepresidente del Santander y en la práctica el número tres del banco cántabro consideró que la etapa de Clemente en Merlin debería terminar y en noviembre abrió una guerra para sustituirlo. Sin embargo, no encontró los apoyos suficientes dentro del consejo de administración y su ataque se vio truncado, sentando un mal precedente para sus gestiones como encargado de «asuntos especiales» y «solucionador de problemas» de Ana Botín.

Las fuentes consultadas por THE OBJECTIVE indican que este revés le ha llevado a perder muchos enteros -y apoyos- dentro del banco. En privado se critica no solo que haya intentado el asalto de la compañía sin tener los apoyos necesarios, sino que además haya quedado expuesto públicamente, él y el nombre del Santander.

A diferencia de otros procesos en los que su nombre había pasado relativamente desapercibido, pese a ser protagonista de reestructuraciones como la de Isolux, Duro Felguera, Abengoa, OHL o DIA, en el caso de Merlin se le puso en primera línea y como directo responsable de las presiones para que Clemente abandonase la compañía.

Exposición de García-Carranza

Una situación que no ha gustado en el entorno de Ana Botín, ya que se considera que la primera tarea de su trabajo como «solucionador» del Santander es precisamente la discreción y la capacidad de moverse sin ser detectado entre los despachos de entidades financieras y compañías en problemas e instituciones.

Pero García-Carranza no solo ha pecado de exceso de exposición pública en el caso Merlin, sino que además de un punto de soberbia. Ha intentado asaltar una de las mayores inmobiliarias del país sin mayor argumento que un supuesto cambio de ciclo que nadie dentro del consejo de administración había pedido. «Midió mal sus fuerzas y eso le llevó a precipitarse», indica un directivo conocedor del proceso.

No es la primera vez que intenta poner o quitar gestores de las empresas en las que el Santander tiene participación. Como principal acreedor se ha convertido en parte activa en el nombramiento de los CEO de las empresas afectadas. Una situación que también le ha granjeado muchos enemigos.

Fichado por Alfredo Sainz en 2016 procedente de Morgan Stanley se ha encargado de gestionar las reestructuraciones más importantes de España, una labor que le ha convertido en el terror de las empresas y en protagonista, juez y parte de muchos de los procesos de quiebra y de concurso de acreedores de grandes corporaciones españolas.

Isolux y Duro Felguera

Quienes le conocen coinciden en señalar que solo vela por los intereses del Santander, lo que le hace volverse implacable en las negociaciones. «Nunca le importa el futuro de la empresa con la que negocia y en ocasiones bloquea acuerdos solo porque quiere imponer sus términos, aunque esto pueda precipitar la compañía a la quiebra», dice un directivo que ha negociado con él.

García-Carranza está presente en las renegociaciones más conflictivas y sus decisiones suelen hacer la diferencia entre un concurso de acreedores o mayor oxígeno financiero para seguir sobreviviendo. Al vicepresidente del Santander se le señala como responsable indirecto de la quiebra de Isolux en 2017 con una deuda de 4.294 millones. Santander se negó a seguir negociando las condiciones de refinanciación ya pactadas entre CaixaBank y Bankia y la empresa tuvo que presentar el concurso.

Una situación similar se ha vivido en Duro Felguera. La compañía asturiana lleva casi un lustro con graves problemas financieros y en permanente renegociación con la banca. Durante varios meses García-Carranza se negó a refinanciar y a dar avales y llevó a la compañía al borde del concurso, pese a la presentación de sucesivos planes industriales. Finalmente, la quiebra se sorteó gracias a la llegada de los 120 millones solicitados al fondo de rescate de la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI).

En el caso de Abengoa el directivo tiene incluso implicaciones familiares. García-Carranza es el sobrino de Felipe Benjumea, expresidente de la firma energética y se le señala como el responsable de nombrar a Gonzalo Urquijo al frente de la compañía andaluza en su condición de principal acreedor bancario. A este último se le acusa de ser uno de los responsables del hundimiento de Abengoa y de los malos resultados que le han llevado a presentar un concurso de acreedores hace un año.

Abengoa y OHL

Urquijo perdió el control de la compañía a manos de los minoritarios, pero al parecer García-Carranza querría recuperar Abengoa apoyando al fondo Terramar, la única empresa que ha presentado un plan para salvar a Abenewco 1, la filial de la andaluza con sus activos más atractivos. De hecho, esta última pidió 249 millones al fondo de rescate de la SEPI para una operación que busca salvar a toda la matriz.

García-Carranza también intentó mover ficha en DIA. En 2019 Santander se opuso a la entrada de Mikhail Fridman en la cadena de supermercados e incluso llegó a bloquear una línea de créditos para entorpecer la operación, aunque finalmente el ruso consiguió financiación fuera de España y logró sacar adelante la compañía sin ayuda de los acreedores.

En OHL apoyó a los Villar-Mir en el peor momento de la firma de infraestructuras y no facilitó la llegada de los Amodio. Aunque finalmente terminó dando el plácet de la banca para el plan de reestructuración tras años en el abismo del concurso de acreedores.

Con todo, las críticas a García-Carranza tras el fiasco de Merlin se multiplican porque se considera que en muchas operaciones va más allá de sus atribuciones como representante del Santander y excede los intereses de la banca en los procesos de reestructuración, intentando muchas veces tener la llave del control de las empresas en problemas.

El caso de Prisa

El mejor ejemplo se vivió en Prisa. En noviembre del año pasado Blas Herrero presentó una oferta de 200 millones de euros para hacerse con los medios del grupo: El País y Cadena SER, una operación que se especula estuvo liderada en la sombra por el directivo del Banco Santander.

Casi de inmediato la operación fue descartada, pero generó un efecto bumerán que llevó al Santander a perder el control de la compañía. Con un 4,2% y con buenas alianzas en el Consejo de Administración, Ana Botín había logrado situar a Javier Monzón como presidente del grupo, sin embargo tras la presentación de la oferta de Herrero, el fondo Amber Capital se unió a Telefónica para generar un nuevo núcleo de poder y poner fin a más de dos años de Monzón en el cargo.

Muchas de las fuentes consultadas ven en esta operación muchas similitudes con el fracaso de Merlin y, como entonces, se advierte que los movimientos de Carranza no han gustado en la plana mayor del banco presidido por Ana Botín.

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