THE OBJECTIVE
La otra cara del dinero

Francisco Cabrillo: «Los políticos que diseñaron la financiación autonómica no tenían ni idea»

«Cada región debe tener su propio IRPF y gastar en función de lo que recaude, como en Estados Unidos»

Francisco Cabrillo: «Los políticos que diseñaron la financiación autonómica no tenían ni idea»

El catedrático emérito de Economía Aplicada de la Universidad Complutense Francisco Cabrillo. | Víctor Ubiña

No creo que les descubra nada nuevo si les digo que España no destaca por su libertad económica.

Los números no resultan, a primera vista, alarmantes. «En el Index of Economic Freedom de The Heritage Foundation de 2022 —escribe el catedrático emérito de Economía Aplicada de la Complutense Francisco Cabrillo— [España] ocupa la posición 41 entre los 177 países analizados». Y en el Economic Freedom of the World, del Cato Institute, figuramos los 28 de 165. Pero, me advierte Cabrillo, uno y otro informe «incluyen muchos países que son irrelevantes. Cuando nos limitamos a Europa, salimos los 26 de 45, es decir, de la mitad para abajo».

Ahora bien, también en esto hay clases.

Mientras un madrileño puede ir de compras casi cualquier día del año, en Cataluña las tiendas tienen tasados en ocho los festivos que pueden abrir. Y tampoco la presión fiscal es la misma en todas las regiones: el esfuerzo que los andaluces y los extremeños deben realizar duplica el de los navarros, los vascos y los madrileños.

Todo ello está recogido en Libertad Económica de España, el estudio que desde hace 14 años toma la temperatura liberal de nuestras regiones y cuya última edición acaba de publicar Cabrillo en colaboración con la Fundación Civismo.

«La condonación de la deuda a Cataluña puede acabar haciendo mucho daño, por dos motivos. Primero, porque crea una sensación clara de agravio. Segundo, porque premias al irresponsable y fomentas que engorde su deuda»

PREGUNTA.- En el prólogo del libro asegura que hay una correlación entre libertad económica y PIB per cápita: cuanto mayor es la primera, más próspero es un país. Esa regla no siempre se cumple.

RESPUESTA.- Es verdad. Francia es rica y está muy intervenida y Estonia es muy libre y es más pobre. ¿Qué ocurre? Que la renta presente es fruto de la acumulación de capital y ahí Francia le lleva décadas de ventaja a Estonia. Pero si pasamos de considerar los valores absolutos y nos fijamos en la evolución, vemos que Estonia ha ido ganándole terreno a Francia. A nosotros ya nos ha adelantado. Y no es la única. También lo han hecho Lituania, la República Checa y Eslovenia. Estamos en claro retroceso respecto de Europa, que a su vez está en retroceso respecto a Estados Unidos.

P.- ¿Cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades?

R.– Destacamos en lo que no depende de nosotros. España queda bien en comercio internacional, en estabilidad monetaria y en inversión extranjera, áreas todas ellas transferidas a la UE. En cambio, puntuamos muy bajo en mercado laboral, en presión fiscal o en burocracia: las gestiones para crear una empresa siguen siendo muy complicadas.

«El tema de la justicia es gravísimo. Eso de que, si una sentencia no te gusta, montas una comisión parlamentaria y llamas a capítulo a los jueces, me parece inconcebible»

P.- ¿Y no hemos progresado algo?

R.– En materia tributaria hemos empeorado claramente. La administración pública tampoco nos la tomamos en serio. Y en el terreno laboral, después de las reformas de [José Luis Rodríguez] Zapatero y [Mariano] Rajoy, que tampoco fueron gran cosa, no hemos hecho más que ir hacia atrás.

P.- ¿En qué aspectos?

R.– En negociación colectiva. Aquí hay unos grupos de interés, que son los sindicatos y la patronal, que defienden una negociación centralizada porque viven de ello, y esto resta autonomía a las empresas para pactar las condiciones que más se acomodan a su situación.

P.¿Y a qué atribuye esa aversión de los españoles a la libertad económica? ¿A la herencia católica?

R. Hay un libro de mi buen amigo y colega Pedro Fraile que se llama La retórica contra la competencia en España en el que analiza los motivos de esta prevención y uno de ellos es, en efecto, la Iglesia, para quien la competencia es mala y la cooperación buena. Pero no es solo la Iglesia. Mire a Los irlandeses. Son católicos, pero en un momento dado se plantean: ¿cuál es nuestro futuro? Y deciden que van a ser el portaaviones de las multinacionales estadounidenses. Dicen: vamos a bajar el impuesto de sociedades, y nada de hablar gaélico, aquí todo en inglés. Y con todo su catolicismo se han convertido en uno de los países más ricos del mundo.

«Decir que no hay democracia en España porque no se reconoce el derecho a la secesión unilateral es lo mismo que decir que los Estados Unidos no es una democracia porque en Texas no pueden plantear un referéndum de secesión en Texas»

P.En España el antiliberalismo parece permear todos los ámbitos…

R.– En el académico se ve clarísimo. El premio Nobel George Stigler se pregunta en sus memorias por qué las universidades estadounidenses son mejores que las europeas. ¿Son más listos los estadounidenses? No. ¿Tienen más dinero? No. La explicación que él encuentra es la competencia: las universidades estadounidenses compiten por los mejores profesores y compiten por los mejores alumnos. En España eso no está bien visto. Es una mentalidad que viene de muy atrás y que es un lastre.

P.- De todos modos, no todos somos iguales, hay diferencias entre comunidades.

R.– El Índice de Libertad Económica (ILE) lo elaboramos a partir de 12 indicadores. La mitad se refieren a la dimensión del sector público (gasto, número de funcionarios, deuda, esfuerzo fiscal, impuestos y transferencias) y la otra mitad, al nivel de regulación en distintas áreas (vivienda, educación, sanidad, comercio, medio ambiente y movilidad). La novedad esta edición es un indicador de migraciones que es muy curioso, porque desvela cómo la gente se mueve hacia unas comunidades y no hacia otras. El País Vasco, por ejemplo, capta poca población, nadie quiere irse a vivir allí.

P.Madrid lleva años liderando el ILE.

R.– Puntúa alto en casi todos los indicadores, pero curiosamente da como más intervencionista en dos variables por las que sistemáticamente se la ataca: la vivienda y la sanidad. Madrid tiene mucha vivienda pública y mucha sanidad pública.

«Economistas destacados como James Buchanan o Gary Becker se han mostrado partidarios de una ley de claridad para Cataluña, pero la secesión tendría que aprobarse por una mayoría muy cualificada»

P.En 2019 Madrid se convirtió en la región más rica de España. ¿Tiene que ver con la mayor libertad?

R.– Se han debatido mucho los motivos y hay quien mantiene que es producto de la capitalidad, pero no me parece un argumento sólido, porque Madrid lleva siglos siendo la capital; de hecho, era mucho más capital antes, cuando no era la primera economía. Yo creo que lo relevante ha sido la concentración espacial que se ha producido con la revolución informática. Mucha gente pensaba que, con las nuevas tecnologías, el emplazamiento perdería importancia. Un consultor, un ingeniero, un programador pueden trabajar desde cualquier lugar, solo necesitan un ordenador conectado a internet. Pero lo que ha ocurrido es todo lo contrario: se han creado aglomeraciones de servicios en unos pocos núcleos.

P.¿Y por qué Madrid ha sido uno de ellos? Barcelona partía en mejor posición después de la gran campaña que supusieron los Juegos del 92. Cuando salías al extranjero y decías que eras español, no te decían: España, ah, sí, claro, Madrid. Te decían: España, ah, sí, claro, Barcelona.

R.– Efectivamente. En mi opinión, ha pesado mucho la política económica. Yo fui siete años y medio presidente del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid. Era la época de Esperanza Aguirre y fui testigo de sus esfuerzos por liberalizar la economía.

P. ¿Y en Cataluña no ha influido, en sentido contrario, el procés?

R.– Sin duda, pero insisto en lo del intervencionismo. Barcelona es mucho más reglamentista que Madrid. Y la imposición del catalán tampoco ha ayudado. Los directivos de multinacionales que vienen a España lo que quieren es que sus hijos aprendan castellano. A ellos mismos, ¿de qué les vale saber catalán? El castellano les permite moverse por toda Iberoamérica.

«Estonia ya ha adelantado a España en PIB per cápita; y no es la única. También lo han hecho Lituania, la República Checa y Eslovenia. Estamos en claro retroceso respecto de Europa, que a su vez está en retroceso respecto a Estados Unidos»

P.Y para no hablar siempre de Madrid y Barcelona, ¿qué otras comunidades destacaría?

R.– Lo preocupante son las regiones que siempre están abajo: Extremadura, Castilla-la Mancha y Andalucía, aunque Andalucía ha mejorado algo últimamente.

P.¿Por qué quedan sistemáticamente mal en el ILE?

R.– Su justificación es que, como Madrid y el País Vasco son ricas, pueden permitirse bajar los impuestos, y por eso salen mejor en el índice. Extremadura y Castilla-La Mancha, en cambio, necesitan un mayor esfuerzo público para contrarrestar sus carencias. El problema es que si elevas la presión tributaria y el gasto público, ¿quién diablos va a invertir? En Estados Unidos se dieron cuenta hace tiempo. Tennessee o Alabama, que son el equivalente de nuestra Extremadura y nuestra Andalucía, son menos intervencionistas que California o Nueva York. ¿Por qué? Porque liberalizar es la mejor manera de captar capital y, si partes de una situación de desventaja, por geografía o por historia o por lo que sea, lo último que debes hacer es subir impuestos. Eso se aprecia también en regiones que fueron prósperas en su día, como Asturias. La presión fiscal elevada no funciona como estrategia de crecimiento.

P.La situación de Asturias tiene mucho que ver con la reconversión industrial.

R.– También hubo reconversión en el País Vasco y les ha ido mucho mejor, aunque es verdad que el concierto económico supone una ventaja grande.

«Uno de los factores que está detrás de nuestra aversión a la libertad es la Iglesia, para quien la competencia es mala y la cooperación buena. Esa mentalidad es un lastre»

P. Ya que trae a colación el concierto, vamos a hablar de financiación autonómica. ¿Cómo la ve?

R.– Yo ahí mantengo una tesis heterodoxa, y es que los políticos que redactaron los apartados de la Constitución sobre el sistema de financiación no tenían ni idea de lo que hacían.

P.Eso de que la Constitución es una chapuza no se piense que es tan heterodoxo. Se dice mucho estos días.

R.– Yo me refiero a la financiación. Había que haber ido a un verdadero federalismo. Que cada región tuviera su IRPF y, en función de lo que recaudase, gastara. Pero lo que tenemos es un régimen basado en la participación en los ingresos de la Hacienda nacional y ¿cuál es el incentivo de las autoridades regionales? Gastar e intentar luego recuperar todo lo que se pueda extorsionando al Estado. Si descentralizas el gasto tienes que descentralizar la recaudación.

P.Los políticos de la Transición fueron generosos con las trasferencias culturales (la educación, la bandera, el himno) y mezquinos con las fiscales, cuando igual había que haber hecho al revés.

R.Las autonomías deberían tener su propio IRPF y usarlo para financiar una cosa u otra. Y si necesitan más dinero, pues lo suben. Así funciona Estados Unidos: unos estados tienen un impuesto sobre la renta más alto, otros más bajo y otros ni siquiera lo tienen.

P.- En esos estados tampoco hay aceras ni autobuses…

R.– Vale, pero tú eliges.

«Madrid es muy intervencionista en dos terrenos por los que sistemáticamente se la ataca, que son la vivienda y la sanidad. Tiene mucha vivienda pública y mucha sanidad pública»

P.¿Y cómo sería ese sistema de financiación? Habría que calcular primero lo que necesita el Estado para sufragar la defensa, la justicia, las grandes infraestructuras…

R.– …y cierta redistribución, porque en todo el Occidente civilizado las regiones más ricas trasfieren fondos a las más pobres. La cuestión es en qué cantidad, porque esa es otra. Aquí existe la convicción de que todo español, por el hecho de serlo y resida donde resida, debe tener acceso a los mismos servicios. Y yo no digo que eso esté mal, pero entonces habrá que limitar la autonomía fiscal, porque no tiene sentido. La autonomía fiscal genera diferencias y por eso requiere trasferencias.

P.Los catalanes se quejan precisamente de que esas trasferencias son excesivas…

R.– …y yo no cuestiono que lo sean, la cifra concreta se puede discutir, pero primero habrá que conocerla y para eso hace falta claridad y un modo de aportarla es que cada cual se haga responsable de sus ingresos y que el sistema no consista en que yo, Gobierno central, recaudo todo y luego te doy a ti mucho, porque tus votos en el Congreso me hacen falta, y a ti poco, porque no te necesito para nada.

P.El problema territorial ha sido una constante en nuestra historia, pero últimamente se ha exacerbado. ¿A qué lo atribuye?

R. Aquí se da una paradoja. Si nos fijamos en Estados Unidos, ¿quién ha defendido tradicionalmente la autonomía fiscal? Los conservadores. ¿Y quién ha defendido el centralismo? Los socialdemócratas. El presidente [Franklin Delano] Roosevelt es el gran centralizador, pero en España lo que se da es todo lo contrario. Los independentistas son de izquierdas y eso los lleva a una contradicción muy significativa. Porque si tú eres de izquierdas y estás en la Generalitat, ¿qué haces con el impuesto de patrimonio? Pues dices adelante, voy a poner uno, para eso soy progresista. Pero entonces ves que en la región de enfrente lo quitan, y eso te fastidia, ¿y qué haces? Pues pides al Estado que recentralice el tributo. O sea, por un lado, reclamas más autonomía y, por otro, menos. Todo el sistema es un disparate.

P.¿Y no cree que hay dumping fiscal por parte de Madrid?

R.El dumping es un término de comercio internacional que se usa para denunciar a quienes venden por debajo de coste. Tener impuestos más bajos no implica vender por debajo de coste. El problema de fondo es otro. En una edición anterior del ILE usaba la teoría de los oligopolios de George Stigler para ilustrarlo. ¿Cuál es la situación ideal para el oligopolista? Aquella en la que ningún consumidor tiene interés en cambiar de proveedor, porque todos han configurado una oferta similar. Con las autonomías pasa lo mismo. Tú no quieres que ningún ciudadano cambie de sede, pero se trata de un equilibrio muy precario, porque siempre hay un presidente regional que suprime patrimonio o rebaja el IRPF. ¿Cómo se puede recuperar la estabilidad? Unificando los tributos, lo que nos lleva a esa situación absurda en la que reclamas simultáneamente la centralización de los impuestos y la trasferencia de las competencias.

P.Lo cual genera constantes tensiones…

R.– Claro, porque las regiones se desentienden de la recaudación, se centran en gastar y, cuando se quedan sin dinero, le echan la culpa al Estado y eso exacerba los ánimos.

P.Hoy en día no pueden estarlo más. ¿Le inquieta las medidas que está adoptando Pedro Sánchez?

R.- La condonación de la deuda a Cataluña puede acabar haciendo mucho daño, por dos motivos. Primero, porque la gente experimenta una sensación clara de agravio. Los catalanes replican oiga, es que yo he estado pagando mucho y ahora me devuelven un poco, pero no me parece una justificación válida. Lo que hay que hacer es cambiar el sistema, no cambiar las reglas a mitad de partido. En segundo lugar, con la condonación premias al irresponsable y fomentas que engorde su deuda, a sabiendas de que en algún momento el señor que ocupe la Moncloa necesitará sus votos y tendrá que perdonarle otros 20.000 o 30.000 millones.

P.Usted ha considerado siempre esencial para el crecimiento el buen funcionamiento de las instituciones. ¿Las está socavando este Gobierno?

R.– Para mí el tema de la justicia es gravísimo. Eso de que, si una sentencia no te gusta, montas una comisión parlamentaria y llamas a capítulo a los jueces, me parece inconcebible.

P.El ministro Félix Bolaños ha salido en defensa de los jueces con bastante energía.

R.– ¿Y cuánto le durará? Hasta que los otros le digan: «Oye, ¿quieres o no quieres aprobar los presupuestos? Pues si quieres, tráeme al magistrado Manuel Marchena». Y como Marchena dirá que no, pues ya tienes montada una crisis institucional.

P.¿Habrá finalmente referéndum?

R.– Ni idea, aunque no me extrañaría que se hiciera una chapuza y se convocara una consulta de lo que fuese.

P.Los nacionalistas alegan que España no es una democracia, porque si uno quiere independizarse no puede.

R.Es lo mismo que decir que los Estados Unidos no es una democracia porque no pueden plantear un referéndum de secesión en Texas. Si se les ocurriera, al día siguiente tendrían a la Guardia Nacional en la calle y se acabó el problema.

P.En Canadá han redactado una ley de claridad para encauzar el contencioso de Quebec. Contempla la posibilidad de celebrar un referéndum y, si la votación arroja una mayoría amplia, abrir una negociación en la que participarían todas las regiones.

R.– Economistas destacados como James Buchanan o Gary Becker se han mostrado partidarios de hacer algo así en Cataluña. A mí me sorprendió cuando me enteré y, como tenía cierto trato con Becker, se lo pregunté un día y me confirmó que, efectivamente, lo había dicho, pero a renglón seguido añadió que la mayoría en el referéndum tendría que ser muy cualificada y, por lo que he oído a algún independentista, no me parece que ese sea su plan. [Artur Mas manifestó en 2015 que sería «poco consistente o incoherente» frenar la secesión porque lo pidiera el 49% del Parlament]. La democracia no consiste en hacer lo que dice la mitad más uno.

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