Laura Fàbregas

1-O: Catarsis colectiva

Se cumplen seis meses del referéndum ilegal del 1 de octubre, y el fanatismo independentista ha elegido esta fecha para recrearse en el dolor y en el recuerdo de aquella traumática vivencia de porras y golpes. Ese día muchos de mis conciudadanos pasaron miedo.

Opinión

1-O: Catarsis colectiva
Foto: Francisco Seco
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

Se cumplen seis meses del referéndum ilegal del 1 de octubre, y el fanatismo independentista ha elegido esta fecha para recrearse en el dolor y en el recuerdo de aquella traumática vivencia de porras y golpes. Ese día muchos de mis conciudadanos pasaron miedo. Lo que empezó siendo una jornada ilusionante se transformó en la primera exhibición pública de la fuerza legítima del Estado. Y dolió. Como duele cualquier intento de derrocar a un Estado democrático, por mucho que sea mediante la revolución de las sonrisas en lo que Daniel Gascón llamó un golpe posmoderno.

En muchos de los pueblos, como el mío, no llegó ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil, pero el miedo se propagó como la peste. La circulación de vídeos de municipios colindantes donde las fuerzas del Estado sí que dejaron huella de su paso y los rumores falsos fue el terreno para que el gregarismo campara a sus anchas. La masa, contagiada. El individuo, derrotado.

En sus últimos estertores, el nacionalismo ha elevado este episodio a efeméride. Una derrota más para celebrar junto a la Diada, la fiesta nacional de Cataluña que conmemora la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 en manos de las tropas borbónicas.

Ese episodio llenará el depósito del victimismo durante muchos años. Se recrearán en esa jornada cuya consecuencias, dicen muchos, ha sido tener que asistir a terapia. Ahora, seis meses después, observamos la catarsis colectiva de sus pulsiones reprimidas. De un pueblo castrado. Que tiene en el victimismo su placer prohibido.

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