José María Albert de Paco

Acostumbrados los quiere Dios

A Pablo Casado le asombraría saber que en España es tradición matar a los cerdos en casa, y que sólo desde principios de los noventa del siglo pasado rige una normativa sanitaria y de bienestar animal (aturdimiento previo) que no pocos aldeanos incumplen orgullosamente. Sacrifici, el documental de Santi Trullenque coprotagonizado por el cocinero Nandu Jubany y un amoroso ejemplar de puerco catalán, no se puede abrochar precisamente con la certificación pacmática de que la bestezuela no-sufrió-daño-alguno.

Opinión

Acostumbrados los quiere Dios
Foto: Pascal Debrunner
José María Albert de Paco

José María Albert de Paco

De pequeño, en la playa, solía entretenerme yendo y viniendo de lo hondo con algo que demostrara que había estado allí. Fue aquella mi primera escuela de periodismo.

A Pablo Casado le asombraría saber que en España es tradición matar a los cerdos en casa, y que sólo desde principios de los noventa del siglo pasado rige una normativa sanitaria y de bienestar animal (aturdimiento previo) que no pocos aldeanos incumplen orgullosamente. Sacrifici, el documental de Santi Trullenque coprotagonizado por el cocinero Nandu Jubany y un amoroso ejemplar de puerco catalán, no se puede abrochar precisamente con la certificación pacmática de que la bestezuela no-sufrió-daño-alguno. La provocación no se limita al degüello, el borbotón y los chillidos. No en vano, mientras que la mano del hombre mata y despieza, la de la mujer amasa y embute. Usanzas occidentales.

Las ha habido más cruentas, como el toro alanceado de Tordesillas, cuya prohibición definitiva data de anteayer, o los gansos de Lequeitio, que hasta 1986 se ataban vivos a la soga, a partir de ese año se ataron muertos, y hoy son de goma; también la cabra que los quintos de Manganeses arrojan desde el campanario es una cabra de mentira (los ejemplares anteriores a 2001, realísimos, ‘saltaban’). (No lo digo con entero regocijo: a ese mismo lote corresponde el toreo, rito exhausto.) El progreso, no lo duden, también alcanzará a Fuenterrabía, y el hostigamiento a las vecinas que desfilan en el Alarde (por parte, sobre todo, de otras vecinas) dejará de alimentar la sección de sucesos para convertirse en reliquia antropológica, tal vez junto con el Alarde mismo. Pero a quien debe alcanzar, y se va haciendo tarde, es a los dirigentes del Partido Popular. La ablación de clítoris no es una costumbre, sino un delito, y lo que nuestros inmigrantes deben respetar no es la Navidad, sino la ley. La invocación ‘costumbrista’, por lo demás, no tiene como objetivo, como da en afirmar la general politología, vaciar de sentido a Vox. El copyright, en este punto, pertenece en exclusiva al partido del vino, la vida y la familia.

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