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Cataluña votará

Es cierto: no habrá consulta el 9-N –al menos, en los términos que CiU, ERC, IC-V y las CUP querían- pero, conviene no olvidarlo, la mayoría de los catalanes sigue queriendo votar. La cuestión catalana ya no es política: es social.

No se hagan cruces: Catalunya votará. Y no en la consulta-placebo del próximo 9 de noviembre, o no sólo. Votará en 2015, al menos en dos ocasiones: en las municipales y en las generales, y tal vez una tercera, en unas autonómicas con posible carácter plebiscitario que llegarán, a más tardar y con el carácter de referéndum o no, en el no tan lejano noviembre de 2016.

Es cierto: no habrá consulta el 9-N –al menos, en los términos que CiU, ERC, IC-V y las CUP querían- pero, conviene no olvidarlo, la mayoría de los catalanes sigue queriendo votar. La cuestión catalana ya no es política: es social. Y sería un error garrafal considerar que el ‘procés’ está resuelto porque, con la ley en la mano, se ha abortado la consulta soberanista. Una reivindicación que es capaz de sacar a una séptima parte de la población a la calle no es poca cosa.

A la hora de analizar lo que pasa en Catalunya, es conveniente no caer en dos errores: el presentismo y la percepción de consenso. El mapa político español, como todos los mapas políticos, es provisional: dentro de un año el parlamento tendrá una nueva forma, como lo tendrán muchos municipios e incluso la propia Cataluña. Los parlamentos son presentes, no perennes. Precisamente ese cambio, que es inevitable, abre la vía de un nuevo consenso. Un consenso real, de Barcelona hacia Madrid y viceversa, y no el conflicto de dos consensos contrapuestos: el del PP consigo mismo respecto al no y el de los partidos del pacto de porcelana fina (Mas ‘dixit’) soberanista hacia ellos mismos.

En 2015 se abrirán en España nuevos debates que ya anticipa Podemos –cualquier mapa electoral que no incluya a los de Pablo Iglesias es impreciso- y el propio PSOE. La reforma de la Constitución es uno de ellos. Falta por ver si en Barcelona y Madrid existen personas con la altura de miras suficientes como para encontrar una vía de solución en una nueva Carta Magna. Sea cambiando el estatus de Cataluña en España o abriendo la puerta para que sean sus ciudadanos los que voten. Como se votó en Québec. En Escocia.
Con naturalidad. Y con voluntad de acuerdo. 

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