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José Carlos Rodríguez

Llega el fascismo y la leche vuelve a subir

«Cuando el CIS pregunta por las inquietudes de los ciudadanos, no aparece el fascismo, sino el paro, la situación económica en general o la gestión de lo público»

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Llega el fascismo y la leche vuelve a subir

Juanma Moreno posa junto a una vaca durante la campaña de las elecciones andaluzas de 2018. | EFE

Las elecciones andaluzas de 2018 colocaron a Juan Manuel Moreno Bonilla en la posición contraria a la del joven Arenas: no logró la victoria electoral, pero sí la presidencia de la Junta, gracias al apoyo de su propio partido, Ciudadanos, y Vox. 

El partido de Santiago Abascal sorprendió a todo el mundo, incluyendo a sus mismos dirigentes, que esperaban uno o dos asientos en el Hospital de las Cinco Llagas. El día de las elecciones, Vox tenía sólo cinco nóminas, contando con la señora de la limpieza.

Desde entonces, vivimos en una alerta antifascista. Sonó como una campana en mitad de la noche, despertándonos a todos del sueño democrático. Como una sirena que anuncia la dictadura, la opresión, el hambre, e incluso los micromachismos. Los medios de comunicación esconden la palabra fascismo bajo el eufemismo «ultraderecha». Como el supersticioso que no quiere mentar la causa del mal fario.

El estruendo de la alarma nos ha acompañado desde entonces. Pero, de algún modo, nos hemos acostumbrado. Forma parte del paisaje sonoro habitual, como los sonidos intermitentes de los semáforos o las escalas del afilador. El aullido en las ondas, los aspavientos en la televisión y las hipérboles en los textos no son tan eficaces. 

Y hay mucho que criticar a Vox. Temí que quisieran encarnar un nacionalismo español, y lo han hecho. Vox es la derecha identitaria, un mal especular de la izquierda actual. La gran crítica al partido de Abascal todavía no está hecha.

Quizás es que nos hemos acostumbrado a vivir sorteando el zarpazo del fascismo desde algunas instituciones gobernadas por el PP pero condicionadas por Vox. Ni siquiera el cambio de liderazgo en el Partido Popular nos ofrece esperanza alguna. En la primera ocasión, el partido de Feijóo ha pactado repartirse el gobierno con Vox. Castilla y León nos permite adelantar el futuro en Andalucía, donde las encuestas prevén que Macarena Olona doble, poco más o menos, el número de diputados autonómicos que tiene. 

Castilla y León nos permite adelantar el futuro en Andalucía, donde las encuestas prevén que Macarena Olona doble, poco más o menos, el número de diputados autonómicos que tiene

De algún modo, los ciudadanos no parecen preocupados por eso. Cuando el CIS o el Centro de Estudios Andaluces pregunta por las inquietudes de los ciudadanos, no aparece la ideología de Mussolini, ni la preocupación por el funcionamiento de la democracia, ni el populismo o los extremismos, sino el paro, la situación económica en general, o la gestión de los principales bienes públicos; sanidad y educación.

El espectáculo está en los debates televisivos que advierten sobre las amenazas a nuestra democracia y nuestros derechos, pero el público está en otros terrenos de juego: en los problemas del día a día, en los tópicos de las conversaciones con familiares y amigos, en las cosas del comer. Por eso he rescatado una frase de Siniestro Total: «La leche ha vuelto a subir», decían en una canción que hoy sería inconcebible

Juan Manuel Moreno Bonilla, el candidato camaleón, se ha mimetizado con el paisaje. Su figura traslúcida no asusta a los votantes de Ciudadanos. Tampoco a algunos votantes socialistas. Ha liderado un gobierno más o menos eficaz, y que le habla al ciudadano de sus problemas. Acaba de anunciar «una revolución del agua». El sintagma denota un conjunto de actuaciones razonables y posibles, que van desde las mejoras en los pantanos, a los pequeños trasvases o las desaladoras. Una política de subsecretarios, que es lo que necesita el ciudadano.

Pedro Sánchez ha llevado hasta la extenuación, hasta nuestra extenuación, la sustitución de la realidad por el relato. No importa lo que acaece, si podemos cubrirlo con un manto de especiosa retórica. Pero la realidad es contingente, rocosa, afilada. Y contra ella ha chocado toda la izquierda española. 

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