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¿Cómo se come esto?

Foto: Pau BARRENA | AFP

Hay que hacerse a la idea de que el fanatismo nacionalista ha llegado también a España y el problema ahora es cómo desarticularlo; probablemente hará falta una generación para que se recupere el sentido común. Los partidos constitucionalistas han conseguido que se moviera su voto, que estaba oculto, pero tienen que ir más allá en su esfuerzo por conseguir ilusionar a millones de españoles que hoy no se sienten bien representados con este PP y este PSOE. Lo de Ciudadanos es punto y aparte: en Cataluña ha ganado Arrimadas, en el resto de España está por ver que logren tan buen resultado.

Las elecciones, todas, se ganan con el voto de centro. El PP es un partido de gran implantación y le sobran candidatos solventes, pero Rajoy y Cospedal se han empeñado en no verlos y promocionan a aquellos que gustan a los militantes –y a los dirigentes de Génova– pero no a los votantes.  En Ciudadanos, en cambio, faltan candidatos, y cuando sale alguien con el empuje de Arrimadas –mucho mejor que Rivera– se dispara el voto.  En Cataluña no han abandonado el PP porque sientan entusiasmo desbordante por Ciudadanos, sino porque se han sentido atraídos por una voz firme que defiende con valentía lo que ellos defienden.

Rajoy se ha volcado en el gobierno, ha conseguido un milagro en lo económico y en la creación de empleo, ha demostrado ser un gran estratega al promover el 155 y adelantar elecciones, pero tiene el partido manga por hombro: no se ha ocupado en absoluto, ni tampoco Cospedal, de pulsar el estado de ánimo de los españoles y llevar a primer plano las figuras más atractivas, en lugar de insistir en aquellas que producen un profundo rechazo.

¿Cómo se come el resultado catalán? Con inteligencia para desarticular el fanatismo y, sobre todo, potenciando los partidos incuestionablemente constitucionales. Para eso hacen falta decisiones drásticas y, a corto plazo, proponer para las autonómicas y municipales los candidatos que más gustan a los votantes. Que no siempre son los que gustan a los militantes.

Las primarias no han demostrado ser una buena fórmula para ganar elecciones.

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