Pablo de Lora

Cuento de nochevieja

«A ver, hijo: ¿cómo inicias un primer contacto de cara a una posible relación de comunicación, placer y cuidado mutuo?»

Opinión

Cuento de nochevieja
Foto: Manu Fernandez| AP
Pablo de Lora

Pablo de Lora

Profesor titular (acreditado a Catedrático) de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Ha publicado recientemente 'Lo sexual es político (y jurídico)' en Alianza, Madrid, 2019.

“¿Repasaste el Manual de Sensibilización?”

“Síííííí, papá, te lo he dicho veinte veces ya. Y ayer una última vez con mamá”.

“¿Hicisteis la simulación?”

El padre, aún diestro en ese empeño, le centraba el nudo de la corbata. 

“¿Pero no era una fiesta de disfraces, de nochevieja del terror?”

“Ya, íbamos a ir todos de Drácula, pero Aitano dijo que a ver si había algún Erasmus de Rumanía. Que se podía molestar”. 

“¿Y de fantasmas? ¿Simplemente con una sábana blanca, unos agujeros y listo?”

“Ya… Lautaro dijo que podía haber arrianos, o animistas haitianos… que esos sí que dan miedo. Claro, él sin pintarse ni nada, va de zombi negro”. 

“Racializado”.

“Eso, de racializado racializado. Zombi. Por eso, al final, me pongo el esmoquin que llevaba el abuelo. Y me he metido unos dientes aquí en el bolsillo. Si no hay moros en la costa me los pongo. Grrrrr”.

“Ay, el yayo, las cositas del yayo… y esos refranes… no hay forma”.  

“Es la caña. El otro día me pidió que le bajara a comprar unos “Conguitos”, que le apetecían. Que fuera al “chino” que allí encontraría. El “chino” dijo…”. 

“Ya… no hay manera. ¿El diccionario lo llevas? Recuerda que en ruso es “da es da”. Aquí está el formulario. Tiene que firmar todas las hojas… ¿Te lo meto todo en la mochila?”

“Vale…”. 

“A ver, hijo: ¿cómo inicias un primer contacto de cara a una posible relación de comunicación, placer y cuidado mutuo?”

“Bueno, ¿nos acercamos primero?”

“Sí. Pero no como buitres carroñeros sobrevolando las hoces del Duratón. ¿Y qué decís?”

“Ya, ya… será Lautaro primero. Es el más lanzado. “¿Aquí hay temita?” les dirá, o algo así”. 

“Coño, Ernesto… ni en mi época decíamos eso. Y menos en diminutivo, que es condescendiente…”.

“¿Cómo te llamas y ya si eso…?”

“Forzado. Algo más natural. Déjame pensar…  a ver, algo así: “hola, somos un grupo de hombres jóvenes que queríamos compartir esta experiencia de nochevieja con vosotras, si no os importa, claro. Respetamos vuestras opciones y vuestra emancipación, que es también nocturna, para hacer de esta nochevieja una fiesta libre de violencias sexuales machistas para todos y todas”.  

“Un poco largo. Es que en el workshop no nos salía nada tampoco… Yo creo que con el primer cubata…”. 

“A ver. Vamos a ver. De eso también tenemos que hablar. ¿Has repasado las pautas para evitar la sumisión química oportunista?”

“Un poco por encima”. 

“No se las invita a alcohol, eso es una micro-violencia que las vulnerabiliza aún más. Si han tomado ellas, por descuido o por presión del constructo social-nocturno, y se ponen ellas… ya sabes, cariñosas, entonces hay que asegurarse de que su voluntad es libre, plena… en el manual tienes el test de comprobación”.

“Vaaaale. Venga, que ya llego tarde”.

“Una última cosa. ¿Sabes qué es esto?”

“¡Papá! ¿Te has metido en mi móvil? Una… ¿erección? Joooooder, ni Lautaro”.

“Eso es racismo, Ernesto. Interseccional y neocolonial, además”. 

“Bueno, bueno, es que tú no has visto al Lauta en los vestuarios. Tiene una…”

“Esto, esto que parece tan, tan… natural, es la expresión palpitante de un deseo patriarcal que hemos normativizado socialmente… pero que es un antesala a… lo que tú ya sabes…”

“¿La perpetuación? ¿De la doblegación? ¿Del dominó?”

“Del dominio, Ernesto, del dominio. ¿Has practicado la postura?”

“Sí. Así como encorvado, ¿no?”

“Eso es”.

“Pero es que, papá, joder, así no hay quien baile… Lautaro dice que pasa, que a él se le nota el bultaco se ponga como se ponga”.

“Venga, venga, a divertirse, a disfrutar con empatía y sensibilidad. Dale un beso a tu madre antes de irte. Me haces acordarme de mi primera fiesta de nochevieja, el cotillón, el cubata matarrata, el suelo pegajoso, morrear con Paquito creyendo que era Alicia, el chocolate en San Ginés, el vómito a la altura del Joy Eslava…. Otros tiempos… Feliz año hijo”.

“Feliz año”.

¡¡Feliz año!!

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