Aloma Rodríguez

Diez años después

«Lo que prometía que sería la nueva política era como la vieja política pero con Twitter y buenos publicistas»

Opinión

Diez años después
Foto: Podemos| Flickr
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Están a punto de cumplirse 10 años del 15-M, el movimiento social de protestas y acampada en Sol que nacía de la indignación de los jóvenes, descontentos por las limitaciones del estado de bienestar y porque iban a vivir peor que sus padres. De todo aquello, que simplifico mucho, nació Podemos, un partido político que quiso capitalizar el enfado de «la gente» y lo consiguió. Gran parte de su discurso se apoyaba en el desprestigio a las élites, que en su lenguaje era la casta. Una de las habilidades del nuevo partido era que daba con los problemas. Su líder, hábil en la oratoria y con un autoritarismo mal disimulado, se hizo primero fuerte y después intocable dentro del partido, entró en las instituciones y ahora está en un gobierno en coalición con el partido al que quería adelantar. Todo aquello de asaltar los cielos, que no sé si todos recordamos. Era puro populismo, por mucho que se quisiera ver en ellos la refundación de algo.

Diez años después, chalet de Galapagar mediante y consulta a las bases sobre la compra –y ahí está para mí lo feo del asunto– están en el gobierno y todas las promesas siguen sin cumplirse.

Diez años después, la fractura que se abrió entre ciudadanos y políticos no se ha cerrado, y el partido antes conocido como Podemos vive de que cada día sea más pronunciada, sin que le importe demasiado qué pasa si inflas el descontento. De un bipartidismo apoyado en grupos minoritarios se pasó a una política de bloques, lo que prometía que sería la nueva política era como la vieja política pero con Twitter y buenos publicistas. El descontento sigue, agravado por la covid, pero también al margen de la pandemia: la ley mordaza sigue vigente y sigue habiendo desahucios, entre otros problemas. Quienes están por la mañana en el consejo de ministros en sus horas libres alientan las protestas, que achacan a la indignación (hello, my old friend). Unidas Podemos sigue aferrado a la política del gesto mientras erosiona y desprestigia las instituciones: niega que España sea una democracia plena para tratar de disimular que son todo aquello contra lo que luchaban hace diez años, con perdón de José Emilio Pacheco.

La casualidad ha hecho que el encarcelamiento de Pablo Hasél coincida con el décimo aniversario del 15-M; pero quizá las protestas en la calle tengan más que ver con el 15-M de lo que parece a priori: como entonces hay un gobierno de izquierdas, como entonces la idea de que no hay futuro está en el ambiente.

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