Ignacio Vidal-Folch

El derecho de los catalanes a callarse

Que se le reproche a “los catalanes” no haberse manifestado contra los golpistas, que se reproche a los “empresarios catalanes” y a los “ciudadanos catalanes” el silencio en que se han mantenido hasta el último momento me parece injusto.

Opinión

El derecho de los catalanes a callarse
Foto: ALBERT GEA| Reuters
Ignacio Vidal-Folch

Ignacio Vidal-Folch

Nacido en Barcelona en 1956, escribe artículos para la prensa y ficciones. Su último libro publicado es la novela "Pronto seremos felices”.

Que se le reproche a “los catalanes” no haberse manifestado contra los golpistas, que se reproche a los “empresarios catalanes” y a los “ciudadanos catalanes” el silencio en que se han mantenido hasta el último momento me parece injusto.

Y no sólo porque es discutible que “los catalanes” existan. (Yo mismo no comparto una especial “identidad” con mis vecinos; y menos ese señor del cuarto derecha, que nació a pocos metros de distancia, y fue incluso conmigo al colegio, y será muy respetable, pero no iría con él ni a la esquina).

Lo que explica el “silencio de los catalanes” ante el golpismo es que la gente paga sus impuestos y obedece las leyes en la confianza de que el aparato del Estado le proveerá de pasaporte y DNI y se encargará de asegurar el orden. Para eso exactamente es para lo que existen los Estados; para eso sus aparatos jurídicos y ejecutivos están dotados con un sustancioso presupuesto: votamos en las elecciones para no ocuparnos demasiado de la política y para poder delegar la tarea de mantener el orden y la sensatez pública. Gobierno, Parlamentos, judicatura, guardia urbana, policía nacional, mossos, guardia civil, etcétera. ¿Y encima tenemos que salir a la calle a vociferar contra unos golpistas?

La gente que está ocupada en sus cosas –cosas más o menos serias, no fantasías decimonónicas– paga en la ventanilla que le digan y vota en la urna que le señalan. Y a cambio desea que la dejen en paz, no que la tironeen y le exijan que asista a manifestaciones y enarbole banderas. Es, con perdón, lo de Jesús en los Evangelios cuando le presentan una moneda: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Por eso en esta nueva epidemia de “vacas locas” me parece impropio reprochar a “los catalanes” sensatos su silencio. ¿Y acaso no hemos sido todos los españoles los que hemos contribuido a configurar cacicatos bajo el nombre de “nacionalidades”?

Lo que le corresponde a los golpistas es ir a la cárcel; a judicatura y policía, mantener el orden y poner fuera de la circulación a los rufianes; a la ciudadanía, pagar impuestos, respetar el código de circulación y votar en los comicios. Y poca cosa más. Tiene perfecto derecho a callarse.

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