José María Albert de Paco

El populismo y sus metáforas

El cáncer que sufre la diputada de En Comu Podem Aina Vidal sobrevoló la sesión de investidura como una causa política

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El populismo y sus metáforas
Foto: Juan Carlos Hidalgo
José María Albert de Paco

José María Albert de Paco

De pequeño, en la playa, solía entretenerme yendo y viniendo de lo hondo con algo que demostrara que había estado allí. Fue aquella mi primera escuela de periodismo.

El cáncer que sufre la diputada de En Comu Podem Aina Vidal sobrevoló la sesión de investidura como una causa política, equiparable en solemnidad, urgencia y heroicidad a la proclamación del Gobierno de coalición PSOE + Unidas Podemos. La propia Vidal, en el comunicado en que hizo pública su enfermedad, y en el mismo párrafo en que la describía como un «cáncer raro, extendido y agresivo», mencionaba los ‘bramidos de la derecha’ para, unas líneas más allá, vincular el Ejecutivo progresista con el ‘retorno’ de las inversiones en ciencia e investigación (que, como es sabido, se habían extinguido bajo el mandato del PP). «Porque la ciencia es vida y la vida necesita recursos», remachaba, identificando, cuando menos de manera imprudente, a la izquierda con la vida. Al hilo de estas palabras, Pablo Iglesias comenzó su intervención agradeciéndole su presencia en el Congreso e Íñigo Errejón, en una vuelta de tuerca, equiparó el anhelo de curación de Aina a la conquista del poder. «Muchísima fuerza y todo el coraje porque esta lucha también la vas a ganar”. También, sí: el derrame sentimental en el que de súbito se reencontraron los excompañeros, había obrado el efecto de conferir a la dolencia un sentido ideológico.

Obviamente, no se trata de un fenómeno novedoso. De hecho, esta misma semana la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha hecho saber, bando, que tuvo a su segundo hijo en abril de 2017, con 43 años y siendo alcaldesa; que el niño nació por cesárea y todo salió bien, él guapísimo y, lo más importante, sano; que a ella le quedó la barriga destrozada, con la musculatura abdominal abierta y una hernia importante en el ombligo. «Explico esto», concluía, «porque creo que mi experiencia es compartida por miles de mujeres y creo que es oportuno visibilizarla». La deformación que le produjo el alumbramiento engrosaba, así, su repertorio de experiencias simbólicas, representativas de todos y cada uno de los frentes identitarios que hoy en día vertebran a la izquierda. El tipo de retórica, en fin, que anteayer señaló a Mariano Rajoy como responsable indirecto de que un joven tirase a su hijo al Besós, o que declaró ‘crímenes de Estado’ los suicidios habidos durante la crisis, o que llenó las redes sociales con imágenes de parias buscando sobras en contenedores, convirtiendo España en una, dos, tres Calcutas. Para explotar esa veta, ciertamente, nunca hizo falta leer a Gramsci; bastó con intuir que no hay nada más persuasivo que hablarle al pueblo, a la gente, con el muñón a la vista.

He vuelto a Susan Sontag, su cenital La enfermedad y sus metáforas: «La utlización del cáncer en el lenguaje político promueve el fatalismo y justifica medidas ‘duras’. […] Nunca es inocente el concepto de enfermedad, pero cuando se trata de cáncer se podría sostener que en sus metáforas va implícito un genocidio». Pero no. Unidas Podemos ni siquiera ha incurrido en metáforas desafortunadas. Antes bien, su lenguaje incriminatorio es de una cristalina rectitud.

Hay una postrera, fatal consecuencia en todo ello: la posibilidad de que el cáncer de Aina Vidal no sea el cáncer de Aina Vidal, sino una alegoría.

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