Manuel Aguilera

Espejito, espejito

38 años son demasiados para no bajarse del burro de la vida pública sobre todo si en el camino no hay un triste charco que nos haga de espejo.

Opinión

Espejito, espejito

38 años son demasiados para no bajarse del burro de la vida pública sobre todo si en el camino no hay un triste charco que nos haga de espejo.

El 20 de octubre de 1981, Mariano Rajoy Brey fue elegido diputado autonómico en Galicia por Alianza Popular. Tenía entonces 26 años. El 20 de octubre de 2019, Mariano Rajoy Brey pretende seguir siendo presidente del Gobierno de España. Habrán transcurrido entonces 38 años desde que el gallego entró en la vida pública española gracias al voto de los ciudadanos.

En esos 38 años, Rajoy seguiría sin cambiar la expresión de su cara. La evolución comunicacional del presidente del Gobierno es sin duda escasa. Sin duda, no hará caso del consejo del presidente de Castilla León sobre la necesidad de mirarse al espejo. Puede que Rajoy fuera el diputado autonómico que necesitaba Galicia en 1981, pero estoy convencido que no es el líder político del PP, ni el presidente del Gobierno que España necesita.

Algo ha cambiado España en estos 38 años. En 1981, con Mariano recién licenciado del servicio militar y pisando moqueta de poder, Albert Rivera, con 2 años, y Pablo Iglesias, con 3, practicaban con sus Madelman.

Pero ciñámonos a la actualidad, los españoles necesitan líderes que respondan a sus interrogantes, que les planteen soluciones a sus problemas. Que lo hagan por televisión, por radio, en las redes sociales, en la calle, en un mitin… En todos esos sitios siempre están Albert y Pablo pero nunca Mariano.

Rajoy se esconde en su despacho sin espejos, esperando que su pantalla de ordenador escupa indicadores económicos con lo que lanzar a alguien a contar lo mucho que han cambiado las cosas y que lo mejor está por venir.

38 son demasiados para no bajarse del burro de la vida pública sobre todo si en el camino no hay un triste charco que nos haga de espejo. Un espejo que nos recuerde que nuestro tiempo ha pasado pero que también nos pregunte si hay alguien más preparado para ponerse al frente del cartel electoral del PP para evitar que los jóvenes y bellos de los nuevos partidos nos manden al infierno de gorma humillante.

Estoy seguro que ese espejo le podría dar a Rajoy y su círculo de pelotas unos cuantos nombres para valorarles como candidatos populares a las próximas generales.  Alguno de esos que jugaban con los Madelman mientras Mariano fumaba puros en los pasillos del Parlamento gallego.

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