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Estupidez soberana

Increíbles apodos, no podemos negarlo. ¿Y por qué no? Que ser un tirano no es incompatible con ser creativo

Es importante llamar a las cosas por su nombre. Ser muy claros. Kim Jong-un lo sabe y por eso se hace llamar “Brillante Camarada”. Da igual que su persona carezca de brillo y que no sea un buen camarada. Hay que llamarle así y punto. Todos sabemos que el porcentaje de verdad que haya en las palabras no es importante. Lo importante es repetirlas mucho, ser insistentes, porque las mentiras repetidas acaban convertidas en verdad. Es una máxima conocida por todos.

En realidad es muy curioso que Kim Jong-un se haga llamar “Brillante Camarada”, que su padre Kim Jong-il se autodenominara el “Amado Líder” y su abuelo, Kim Il-sung, fuera el “Presidente Eterno”. La eternidad, como el amor y la brillantez, también es autoimpuesta: los tres Kim se han ido cediendo el poder del país además del nombre, pero el apodo, fijaos, es diferente en cada uno de ellos. Eso sí, increíbles apodos, no podemos negarlo. Tienen en común la grandilocuencia y la soberbia pero también la creatividad. ¿Y por qué no? Que ser un tirano no es incompatible con ser creativo. ¡No, no! Yo ya me muero de ganas de saber cómo se llamará el hijo de Jong-un (de apodo, que de nombre todo indica que será Kim).

Cuando sea analizada en el futuro, esta era nuestra, llamada moderna –¿quién le habrá puesto el nombre?– será la edad de la estupidez institucionalizada, de los eufemismos y de la mediocridad elevada hasta los altares, pero también de la creatividad en ámbitos impensables. “¿Qué sería tu nombre sin ti? Como la palabra rosa sin la rosa”, escribía Ángel González. ¿Y qué sería Corea sin Kim? Seguramente seguiría siendo Corea, como la rosa, que siempre será rosa.

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