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Hashtag: política de verano

El pulso entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias nos está llevando al callejón sin salida de la repetición electoral

Foto: Juan Carlos Hidalgo | AP

Los hombres flojos crean tiempos difíciles. Lo dice el escritor G. Michael Hopf y quizás se pueda aplicar a nuestra historia política y la actual falta de pactos nacionales. El pulso entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias nos está llevando al callejón sin salida de la repetición electoral en noviembre.

Una semana para que dé comienzo la sesión de investidura y no hay visos de que vaya a salir adelante en segunda votación (25 de julio). Las negociaciones implican cesiones pero en ningún momento significan el fracaso del otro como ambos partidos, PSOE y Podemos, intentan escenificar. El antes muerta que sencilla se traduce en el antes elecciones que ceder en mis posiciones. A ello se añade un mapa político dividido en bloques que no suman y la rigidez del sistema y ya tenemos el hashtag política de verano.

El PSOE, por si acaso, ya fabrica su relato electoral. Con tuits de “El Pedro Sánchez”, como “La Rosalía”, aseguran hacer todo lo que está en su mano para formar gobierno con el apoyo de Podemos. Sin oferta formal a Cs y tras dos meses permitiendo que se antepongan los sillones al programa, ahora se dan cuenta de que están negociando La Moncloa por el tejado y están dispuestos a enmendarlo mediáticamente.

Así, del no rotundo a incorporar a miembros de Podemos en el Consejo de Ministros, pasamos a permitir independientes y en última instancia a abrir la puerta a “perfiles técnicos” de la formación morada. Algunos se acuerdan de la película Durmiendo con su enemigo, de Julia Roberts, y añaden que, en cuanto se sienten a negociar programa, les harán firmar las “garantías de cumplimiento” del pacto, para atar en corto las posibles maniobras de Podemos en un gobierno de lo que sea —coalición-cooperación—. En otras palabras: tener más miedo que vergüenza.

Resistir

Pablo Iglesias, ahora más disciplinado, sigue fiel las instrucciones de su válido, antes de Lula da Silva y Dilma Roussef, Pablo Gentili, quien habla de resistir como una de las canciones del Dúo Dinámico: resistiré cuando cueste ponerse en pie. Ambos se muestran convencidos de que Sánchez cederá a sus postulados en septiembre y de ahí que se hayan acordado de consultar a las bases, para frenar una posible investidura de mínimos en julio. Acción que ha dinamitado, al menos mediáticamente, las negociaciones. Sánchez retira el órdago y se lo hace saber a Iglesias a través de la radio.

La línea roja de Podemos es acudir a otras elecciones. De intentar asaltar los cielos al infierno de Dante solo hay unos comicios y en Podemos lo saben. Más que nada porque tendrían que acortar su estrategia a largo plazo y forzar una coalición inmediata con Izquierda Unida y otras formaciones minoritarias para reforzar su estructura y evitar el cataclismo en las urnas. Una pelea, pensada a largo plazo, contra la formación de Errejón que también estaría maniobrando para absorber determinados espacios de izquierda y afianzar así su formación.

La batalla por reconfigurar el espacio político está en marcha y una repetición electoral aceleraría todos los planes de las distintas formaciones de izquierdas que ya están en contacto. Las presiones de estos hacia Iglesias se harán efectivas si observan que el líder de Podemos no mueve ficha y el precipicio electoral se avecina. Su grito en estos momentos es resistir.

Pero si alguien sabe de resistir ese es Albert Rivera. La formación naranja ha convocado un nuevo consejo general para el 29 de julio para cambiar los estatutos tan solo dos semanas después del anterior. Pero antes de esto, el próximo 17 de julio, el líder de Cs tendrá que dar la cara ante los suyos en otro consejo para decidir si el partido se presenta a unas eventuales elecciones catalanas, en las que las encuestas los reducen a simple muleta del PSC. Tras el traslado de Arrimadas a Madrid, la formación naranja ha perdido más de 800.000 votos en año y medio en Cataluña.

Ciudadanos ha cerrado su crisis interna en falso y tras algunas dimisiones de peso, todavía hay voces críticas que no entienden la deriva del partido. ¿Se parece Rivera a Pablo Iglesias? Es lo que piensan algunos diputados de otras formaciones cuando analizan desde fuera su no sorpasso al PP; la purga interna contra los que piensan diferente y, finalmente, observan a un líder enrocado en su posición del “no es no” a Sánchez.

Rivera, a diferencia de Casado, no ha acudido a Moncloa; tampoco ha ofrecido pactos de Estado ni asume las múltiples reuniones con Vox para formar gobierno, pese a los documentos gráficos. Un nuevo relato que podría plantearle dificultades de cara a una repetición electoral, tal y como señalan algunas encuestas. Contradiciendo a Amaral, aún quedan días de verano o, como diría Paquita Salas, hashtag política de verano.

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