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Las ces de Cs

Foto: Juan Carlos Hidalgo | EFE

El poder desgasta, sobre todo cuando no se tiene. Giulio Andreotti.

Un cojo vende cojines y otro cojo vende cajones. El cojo de los cojines le regaló un cojín al cojo de los cajones. Y el cojo de los cajones le regaló un cajón al cojo de los cojines. Así que, ahora el cojo de los cojines vende cajones y el cojo de los cajones vende cojines.

Este trabalenguas tardoadolescente, propio de Ozores, resonaba en mi cabeza mientras trataba de entender la situación en la que se encuentra Ciudadanos actualmente. Ante la investidura de Sánchez unos piden que venda cojines y otros que venda cajones. Todos parecen tener sus motivos y casi todos tienen cierto fundamento.

El dilema parece estar planteado de tal manera que consigue camuflar que fue Sánchez quien ganó las elecciones con claridad y que Sánchez, no Rivera, es el ungido al que le corresponde mover ficha y argamasar una mayoría parlamentaria.

Pero Ciudadanos no consigue encontrar la fórmula que le permita sacudirse la presión y salir del foco mediático. Es llamativo ver cómo apenas genera sorpresa que un partido en plena expansión sufra una crisis interna de esta naturaleza.

Parece que en España hemos desarrollado una capacidad de asimilación muy sofisticada. Hemos pasado del monocorde bipartidismo a la efervescencia pluripartidista, donde admitimos como habitual que los partidos suban, bajen, nazcan, mueran, se multipliquen o mengüen.

Por eso, es recomendable despegarse de la actualidad y ganar perspectiva para saber cómo hemos llegado hasta aquí. Es decir, ¿cómo es posible que un partido que hace un año lideraba las encuestas, cerca del 30%, se haya quedado en tercera posición y en el 16%?

El ascenso demoscópico entre verano de 2017 y la moción de censura de 2018 se fundamentó en tres ces: Cataluña, compatriota y corrupción.

Las últimas autonómicas en Cataluña, donde Ciudadanos consiguió la victoria, sirvieron como punto de apoyo para catapultar sus expectativas electorales en unas eventuales generales. Esta palanca puede estar ahora desgastada por el cambio de liderazgo. Un síntoma, no menor, es que Ciudadanos no ha conseguido ninguna alcaldía en el millar de municipios catalanes.

Además, el término compatriota, que Albert Rivera utilizó en sus inicios para justificar su transversalidad y superar la dinámica de rojos y azules, servía para abanderar la igualdad entre los españoles. Una igualdad que se veía amenazada por la crisis territorial, pero también por la crisis económica.

Y, en tercer lugar, entró en escena el factor de la corrupción, especialmente la que afectaba al PP, pero también al PSOE. La dimisión de Cifuentes como presidenta de la Comunidad de Madrid en abril de 2018 contextualiza el máximo histórico de Ciudadanos en las encuestas.

Pero todo cambió con el gran desconcierto tras la censura. La luna de miel de Pedro Sánchez en Moncloa provocó un reajuste de expectativas y, tras unos meses de infecundo reclamo de adelanto electoral llegó uno que no era el deseado, las andaluzas.

El vigoroso brote de VOX provocó el replanteamiento estratégico en Ciudadanos. La nueva meta era pasar de eterna promesa bisagrista a ser el primero del bloque de la derecha en competición abierta con el PP, es decir, ser la alternativa a Sánchez.

Las ces de Cs 1

Crédito: Efe

En un partido de cuna progresista y alma liberal un viraje ideológico para conquistar el centro derecha genera fricciones inevitables. Esa reconfiguración se hizo de forma destemplada, a golpe de Colón, cordón, coalición.

En Colón PP y Cs bautizaron a VOX en política nacional. Renunciaron a su fuerza parlamentaria para hacer oposición en la pancarta, donde 137 diputados valen lo mismo que 32 y lo mismo que 0.

Luego llegó el cordón sanitario al sanchismo, que trataba de apuntalar uno de sus talones de Aquiles, la falta de consistencia en campaña. El peaje de ese movimiento fue amenguar su espacio potencial por el flanco izquierdo.

Por último, el anuncio de coalición. La oferta de Rivera a Casado de conformar un gobierno de coalición para echar a Sánchez se convirtió en la práctica en una lucha fratricida por la medalla de plata, es decir, por el liderazgo de la oposición.

Los adversarios y competidores de Ciudadanos no desaprovecharon la oportunidad de acentuar cada uno de esos movimientos para desgastarle electoralmente. Los rivales le colgaron el sambenito del trifachito, aunque la percepción de derechización que tenían los votantes apenas había variado en el último año. Sus competidores señalaban su mudable ideología, aunque ellos juraban y perjuraban que con Sánchez no irían ni a cruzar la calle.

Y es que Ciudadanos tiene una cualidad singular. Tiene el electorado más heterogéneo de todos los partidos. Su mix energético es difícil de conciliar, y a las críticas y ataques exógenos, propios de un sistema de partidos, se le añaden las lógicas tensiones endógenas.

Pero, a pesar de lo que a veces se lee, apenas ha variado la composición política de su clientela en el último año. En la estructura del voto de Ciudadanos existen tantos votantes de corte conservador, liberal, como progresista.

Las ces de Cs

Por la experiencia vivida y por la propia idiosincrasia de Ciudadanos sabemos que sus costuras se ponen a prueba en periodo electoral y en procesos de investidura.

Por eso, para superar cuanto antes esta aparente crisis y convertirla en una pasajera gripe de verano, Ciudadanos necesita que la conversación cambie y recuperar la ce que mejor le sienta, el ecosistema donde consigue conciliar a sus tres almas: el Congreso.

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