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Legislaturas cortas, apoyos efímeros

"En unos tiempos donde los sentimientos priman sobre el razonamiento, no cabe más que esperar, como espectadores, a la imprevisibilidad de las formaciones independentistas para conocer si hacen de la necesidad virtud"

Foto: SERGIO PEREZ | Reuters

Nacen con voluntad de morir pronto. Hasta ahora conocemos las tiendas con fecha de caducidad, los restaurantes temporales y las empresas que se montan y desmontan a la velocidad del rayo. Se alquila un local y se contratan trabajadores temporales para llevar a cabo proyectos efímeros que tal y como vienen se van. Se trata de un hacer un marketing agresivo en el menor tiempo posible, sin necesidad de invertir un capital desproporcionado en la iniciativa para abandonarla cuando se consiga el mayor nivel de rentabilidad. La estrategia siempre es la itinerancia para sobrevivir en tiempos de crisis. Pero lo cierto es que este modelo empresarial comienza a exportarse a nuestro parlamento y, por ende, a nuestras leyes.

Fragmentación, multipartidismo, sopa de siglas, estrechamiento en el marco de referencia político, llámenlo como quieran. Todo pasa por una legislatura corta sin huella legislativa. Así pasamos 126 días, XIII legislatura, y todo apunta a repetir el plan en la siguiente. Nuestros políticos lo vienen advirtiendo: “La gobernabilidad va a ser cada vez más difícil”. Hemos olvidado los acuerdos históricos o la responsabilidad de Estado. Todo pasa por el beneficio propio y, a partir de ahí, elaborar la estrategia más convincente. Cuantas menos posibilidades de ganar tenga, más propuestas llevará en su programa. Todo por el cambio, pero sin el cambio.

Viendo que Sánchez tiene que pactar con ERC, el acuerdo con Podemos se ha hecho menos malo. Iglesias salva su testa tras perder un millón y medios de votos desde que prometió asaltar los cielos. “Ahora ambos tenemos las garantías que necesitábamos. Para Unidas Podemos era crucial participar en el Consejo de Ministros. Para el PSOE era condición indispensable garantizar un único gobierno cohesionado”, dice Pedro Sánchez en su carta a la militancia.

El presidente describe a su futuro socio de gobierno como alguien ciego por el poder y en un intento desesperado decide imitar a Saturno. Goya, en sus pinturas negras, mostró a Crono, en romano Saturno, devorando a los hijos de Rea, su mujer, por temor a ser destronado por uno de ellos. Se trata de un emblema alegórico del paso del tiempo, donde Sánchez sale debilitado el 10N al no haber pactado con su enemigo. Ahora y para conciliar el sueño, su única alternativa de gobierno pasa por fagocitar y arrastrar a Podemos hacia la opción más arriesgada: ERC. Si cae uno, cae otro y son conscientes de ello. Por eso, ya no interesa poner luz y taquígrafos a unas conversaciones extremadamente sensibles.

El líder del PSOE se aferra a Amos Oz, “acordar no es traicionar”; mientras el silencio ensordecedor de los suyos -y de la derecha- delata el cesarismo. Sánchez no consultó a nadie este giro inesperado. Tampoco lo hizo Zapatero pactando la reforma constitucional con el PP. “En estos momentos, no hay capacidad real dentro del PSOE para marcar a Sánchez otra hoja de ruta”, señalan dirigentes históricos.

En unos tiempos donde los sentimientos priman sobre el razonamiento, no cabe más que esperar, como espectadores, a la imprevisibilidad de las formaciones independentistas para conocer si hacen de la necesidad virtud. Algunos empresarios tiemblan, barones socialistas advierten de los obstáculos que presenta el camino escogido por Sánchez y desde Ferraz no ocultan que la legislatura puede ser “corta”. En Bruselas, ya empiezan a escucharse los gritos de la desaceleración: “El emperador va desnudo”. Aquí miran hacia otro lado y que continúe la fiesta de la democracia. Legislaturas cortas, apoyos efímeros.

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