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Mujer rubia vende fusil

Que los países occidentales compitan para vender armas a los países en conflicto me parece amoral. Y que todos ellos se encuentren en una “Feria Internacional de Equipamiento, Defensa y Seguridad” me parece falso

Veo en The Objective la foto de una mujer de melena rubia y pendientes de perla. Sujeta un enorme fusil entre las manos y apunta con él. Es negro y brillante. Es nuevo, infalible, preciso. Ella es elegante y por su media sonrisa nadie diría que lo que tiene entre las manos es una máquina perfecta para matar. La muestra en la feria DSEi de Londres, que empezó anteayer y que exhibirá durante cuatro días lo último de lo último en armamento.

Llámenme inocente, cándida o boba. Llámenme ingenua o idealista, pero a mí, que existan grandes ferias de armamento se me hace extraño. Que cerebros privilegiados se las ingenien para desarrollar la mejor tecnología y aplicarla en máquinas que matan me resulta raro. Que miles de empresas y clientes se reúnan para negociar y cerrar “contratos militares” me rechina. Que los países occidentales compitan para vender armas a los países en conflicto me parece amoral. Y que todos ellos se encuentren en una “Feria Internacional de Equipamiento, Defensa y Seguridad” me parece falso.

Una ciudad puede acoger unos Juegos Olímpicos, una feria alimentaria o un congreso médico. Lo que cuenta es lo que cuenta y lo que cuenta es el dinero. Da lo mismo que sean peras, móviles o Kalashnikov. Y veo a esta mujer fusil en mano en la feria de Londres como en cualquier otra una azafata mostraría peras, móviles o balones y me quedo sin habla. Es la normalidad absoluta. La triste deriva de nuestra especie por el miedo innato al otro. Es, como diría un gran poeta, el enorme y rotundo éxito de todos los fracasos.

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