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Victoria Carvajal

Nacionalismo inmunológico

«Sería recomendable que la UE no sólo evite ser el hazmerreír de la campaña mundial de vacunación y garantice el suministro, sino que también evite serlo de las políticas fiscales expansivas por quedarse una vez más corta en los estímulos»

Opinión

Nacionalismo inmunológico
Mario Tama Getty Images/AFP

Son los paladines mundiales del libre comercio pero andan enzarzados en una irresponsable guerra comercial a cuenta de las vacunas de la Covid-19. Han decidido no exportar ninguna de las dosis producidas en sus territorios aunque sí importen de otros. Empezó Trump en EEUU, le siguió Johnson en el Reino Unido y ahora la Unión Europea. ¿Nacionalismo inmunológico? Algo así se le podría llamar. Los dos grandes fabricantes mundiales, la estadounidense Pfizer y en especial AstraZeneca, que por otro lado desarrollaron la vacuna en colaboración con dos empresas europeas, han encontrado la complicidad de sus gobiernos para incumplir los contratos pactados y sólo destinar su producción de viales a la inmunización de la población nacional o, si acaso, exportar a terceros países con un cuantioso recargo en el precio. Las grandes economías europeas, Alemania, Italia y Francia, inmersas que en una severa tercera ola de contagios, o España, que teme por su campaña turística de verano, ven cómo se aleja irremediablemente la salida de la crisis por la falta de vacunas. Bruselas ha dicho basta. 

Lejos del proteccionismo practicado por los anglosajones, la UE ha sido leal a las reglas de juego. Ha llegado a exportar 45 millones de dosis a terceros países de las que el Reino Unido ha recibido diez. Mientras que AstraZeneca, asociada a la sueca Recipharm, no ha hecho más que reducir las entregas comprometidas con la UE: de 300 a 100 millones de viales. ¿Y qué hay de los 29 millones de dosis de encontradas esta semana en un almacén en Italia? Procedentes de la planta que la multinacional tiene en Bélgica y Holanda, 14,5 millones de personas podrían ser vacunadas con estos viales. La farmacéutica dice que su destino era la UE y los países menos desarrollados a través del mecanismo solidario Covax impulsado por la OMS. Las autoridades de la Unión recelan de esta versión. Y de momento las dosis han sido confiscadas. 

El bloque europeo no está dispuesto a convertirse en el hazmerreír de la campaña mundial de vacunación. Se juega la salud de sus ciudadanos y la recuperación económica tras más de un año de práctica parálisis en su actividad. Europa ha vacunado a 12 de cada 100 de sus ciudadanos comparado con 43 del Reino Unido y 37 de Estados Unidos. Y esas cifras no recogen los inmunizados con las dos dosis necesarias. Según la página llamada timetoherd (el tiempo para alcanzar la inmunidad de rebaño, que equivale a tener al 70% de la población vacunada) a España le quedan 611 días para alcanzar esa cifra. Es decir; a menos que se acelere el ritmo de vacunación, no lograremos esa protección hasta noviembre de 2022. 

Harta del regateo de AstraZeneca y del difícil acceso a la vacuna de Pfizer por las restricciones impuestas a la exportación por parte de Trump y no derogadas por Biden, la Comisión Europea ha decidido responder: interrumpirá las exportaciones de vacunas a los países que lleven un ritmo mayor de inmunización y no respeten la reciprocidad. La multinacional estadounidense es socia en Europa de BioNTec, cuya tecnología revolucionaria de inmunizar a través del ARN ha sido desarrollada gracias a las ayudas públicas de Alemania. Lean este hilo revelador al respecto del periodista Dave Keating en Twitter donde cuenta los antecedentes que explican la drástica medida adoptada por Europa. 

Sólo si la Comisión logra amasar un elevado número de dosis en abril y mayo, se podrá pisar a fondo el acelerador de la campaña de vacunación y tal vez salvar el verano, vital para algunas economías muy dependientes del turismo como España. La llegada de la vacuna Janssen en abril y la posible fabricación de la rusa Sputnick en laboratorios europeos pueden dar un buen empujón. La industria turística nacional supone el 13% del PIB español y da empleo a 2,3 millones de personas. Hoy aguanta a duras penas con la respiración asistida de los ERTE y otras ayudas directas. ¿Por cuánto tiempo? Según el servicio económico del banco Morgan Stanley, perder la campaña turística de verano restará entre dos y tres puntos de crecimiento del PIB a España y de Italia.

El exasperante ritmo de vacunación europeo está ahondando en la brecha de crecimiento que separa a Europa del resto de economías industrializadas. El FMI, en su informe de perspectivas de crecimiento para 2021 publicado en enero, cuando aún la campaña de vacunación prometía, ya pronosticaba una recuperación desigual: estimaba un avance del 5,1% en EEUU, un 4,2% en la zona euro y un 8,1% y 11,5% en China e India, respectivamente. 

Hace escasos días la Fed, el banco central estadounidense, elevó al 6,5% la cifra de crecimiento de EEUU. Por el conrario, su homólogo europeo, el BCE, cree que la zona euro crecerá el 4% (algunos servicios de estudios la rebajan al 3,9%) tras retroceder un 6,9% en el 2020. En el caso español, el Banco de España revisaba de nuevo a la baja este dato hace dos días: un 6% frente al 9,8% que mantiene el Gobierno y sobre el que ha basado sus presupuestos generales. Es un avance que le deja aún lejos de reponerse de la caída del 11% sufrida en 2020. 

Nos hemos escandalizado con la mala gestión de Trump y el número de contagios y fallecidos que ha registrado la primera potencia mundial. Pero la realidad es que el viejo continente, incluida Rusia, le supera en ambas variables. Y no sólo le va muy por detrás en la campaña de vacunación, si no su tan celebrado paquete de estímulo aprobado en verano hoy palidece frente al estadounidense. Tras el acuerdo alcanzado en el Congreso para inyectar 1,9 billones de dólares a la economía, el aumento del gasto público llega a los 2,8billones de dólares. Equivalente al 11% de su PIB y más de tres veces que los 750.000 millones aprobados por la UE tras una ardua negociación entre los países frugales del Norte y los más necesitados de estas inyecciones como los del Sur.

Todo apunta a que las cicatrices de la pandemia serán más profundas en Europa. Pocos creen que regrese a niveles de crecimiento pre pandemia antes de 2024 o 2025. Estados Unidos lo hará el año que viene. Así las cosas, sería recomendable que la UE no sólo evite ser el hazmerreír de la campaña mundial de vacunación y garantice el suministro, si no que también evite serlo de las políticas fiscales expansivas por quedarse una vez más corta en los estímulos. 

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