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Ricardo Dudda

El negro futuro de Ciudadanos

«Ciudadanos intenta desprenderse de su imagen de partido de derechas bronco rescatando su imagen de partido liberal y moderno, pero Sánchez ya lo derrotó en esa batalla y lo anuló»

Opinión

El negro futuro de Ciudadanos

Este fin de semana, Ciudadanos celebra su convención política para relanzar el partido a través de un «rearme de ideas». Su situación es precaria en muchos aspectos. En el Congreso de los Diputados tiene solo 9 diputados; en Cataluña, pasó de 36 a 6. Y el intento, junto al PSOE, de echar al gobierno del PP de Murcia acabó con su poder regional no solo en Murcia sino también en Madrid, donde ya no tiene ningún cargo institucional. Pero sus problemas también son conceptuales, ideológicos o de imagen. Aquí van algunos:

Modernidad. El PSOE le ha robado la imagen de modernidad urbana y liberal. Hoy el partido que dirige Sánchez vende una imagen (a menudo distorsionada y manipulada) de vanguardia y progreso. En cierto modo, le funciona. Al presidente le quedan bien los trajes, es atractivo y joven, habla inglés, usa mucho palabras como «cogobernanza» y «resiliencia». Representa el sentido común de una clase media urbana con cierta preocupación por la justicia social. Ciudadanos intenta desprenderse de su imagen de partido de derechas bronco rescatando su imagen de partido liberal y moderno, pero Sánchez ya lo derrotó en esa batalla y lo anuló. 

El reformismo ya no vende. Es otra de las batallas del relato ganadas por el PSOE de Sánchez. La corrupción ya no existe, el reformismo ya no hace falta. Hace años, a muchos líderes de opinión y políticos les preocupaban la politización de las instituciones, la endogamia y las puertas giratorias, las reformas modernizadoras; hoy, la apisonadora sanchista ha eliminado el debate por completo. También le ha ayudado una nueva derecha autoritaria y un centroderecha despistado y sin legitimidad para hablar contra la corrupción por culpa de su pasado. El resultado es un congreso y un debate público polarizados, algo que siempre perjudica a los partidos moderados y de centro. 

Cataluña. La presencia de Ciudadanos en Cataluña era su gran fuente de legitimidad. Era (porque casi se puede hablar en pretérito) el único partido abiertamente anticatalanista del Parlament; es decir, el único partido que no compró nunca los preceptos nacionalistas en cuestiones como la financiación, la lengua o los derechos de los castellanoparlantes. Su derrota y su casi desaparición implican una vuelta del catalanismo clásico, el del PSC, que se ha demostrado insuficiente para frenar al independentismo, si no a veces cómplice de él. 

Liberalismo disputado. El concepto liberalismo está muy manoseado. En España, se suele asociar con el liberalismo económico y con una visión de la libertad muy infantil, que considera intervencionismo liberticida cualquier acción estatal. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, critica la «cultura de la subvención» y la burocracia y defiende la bajada de impuestos y el emprendimiento. La ciudadanía identifica esto como liberalismo. Convencerle de lo contrario, o matizar esa opinión, es complicado, y no es un debate nuevo en Ciudadanos. El partido siempre ha tenido un problema de ambigüedad ideológica; la ciudadanía no veía muy claro dónde colocarlo (en cambio cuando fue fácilmente identificable, cuando Rivera derechizó el partido, sí cosechó más éxito). En una época especialmente polarizada y bronca, esa indefinición le costará aún más. 

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