THE OBJECTIVE
Ricardo Dudda

Buenos y malos

«Sánchez no necesita intervenir los medios críticos. Su batalla es dejar claro qué es lo aceptable y lo inaceptable, determinar quién es legítimo y quién no»

Opinión
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Buenos y malos

Ilustración de Alejandra Svriz

Sánchez es experto en privatizar problemas colectivos. Su manera de abordar un tema es convertirlo en algo suyo, en un plebiscito sobre su gestión, en una amenaza que solo le afecta a él. La cuestión de la regulación de los bulos y las fake news es importante. A veces se exagera su amenaza y se ofrecen soluciones que van desde la ingenuidad al autoritarismo. Pero es un problema real. El presidente, en cambio, lo ha abordado solo para atacar al periodismo que lo fiscaliza y, supuestamente, porque se ha cruzado una línea roja: se ha puesto en duda la integridad de su mujer (cada vez está más claro que la Operación Cinco Días no tuvo nada que ver con su mujer y ni siquiera con las informaciones sobre ella: fue un giro de guion para ganar de nuevo la iniciativa y el protagonismo). 

El presidente sugiere que «hay que hacer algo» contra los bulos, pero no especifica el qué. Resultaría un poco más creíble si no hubiera convertido el problema en algo personal. En los últimos días se ha centrado en la financiación pública de medios privados, una cuestión que claramente también afecta a los medios que lo apoyan. Así que, como explica Josu de Miguel en El Mundo, o bien discrimina ideológicamente y persigue solo a los medios de derechas que reciben financiación pública (Miguel Mora del medio CTXT hizo ya una lista de los medios que consideraba parte de la fachosfera y solo faltaba El Notario del Siglo XXI) o bien se dispara en el pie. De Miguel escribe, además, que «Los nacionalistas vascos llevan décadas financiando con dinero público todo tipo de medios de comunicación privados con el fin no solo de promocionar las lenguas propias sino de desplegar políticas de nacionalización de la población». La opción «constitucional» que le queda al presidente, entonces, es agitar el avispero, apropiarse más de RTVE, polarizar, dar solo entrevistas a medios amigos, seguir confundiendo el periodismo crítico con los bulos. 

La propaganda contemporánea no persuade, sino que disuade, confunde. Ante la cacofonía de informaciones y opiniones, el ciudadano-espectador no sabe muy bien qué pensar. Sánchez se mueve bien en esa excepcionalidad. El giro narcisista-populista de su carta a la ciudadanía y sus cinco días de reflexión no tenían como objetivo refutar ninguna información sobre su esposa (ninguna de las noticias que han publicado este medio y El Confidencial sobre su posible conflicto de intereses han sido refutadas), sino remover más el barro, transmitir la sensación de que es una víctima que sufre una persecución. Al ciudadano le cuesta mucho comprobar si lo que dice es cierto o no, así que solo queda la adhesión o el rechazo emocional. 

El presidente no quiere ni puede regular el fango porque el fango es su terreno de juego. Señala a medios, confunde interesadamente entre bulos claramente falsos e informaciones periodísticas rigurosas, se proclama víctima de una persecución. Como escribió recientemente Ramón González Férriz, Sánchez quiere hacer oposición desde el poder. Para el presidente, escribe, «quien pone en peligro la democracia no es quien dispone de una coalición mayoritaria, impulsa las leyes y controla todos los ministerios, la televisión pública y el CIS, y tiene el apoyo de la principal radio y el principal periódico del país. Es la oposición. Ella es el verdadero peligro». Es una estrategia claramente populista. 

«Un 50,7% de votantes del PSOE cree que habría que crear un mecanismo de control de las noticias, frente a un 11,5% del PP»

Sus votantes son receptivos. Una encuesta de Sigma-Dos para El Mundo hizo la siguiente pregunta. «¿Estaría de acuerdo que se implantase un mecanismo que controle las noticias que publican los medios de comunicación?» Un 60% de los encuestados dijo que no, un 32% que sí, un 8% no sabía. La cosa se pone interesante si filtramos por partidos. Claramente Sánchez ha sesgado el tema: si estás con él, estás a favor de controlar los bulos. Por eso en esta cuestión la izquierda es significativamente más iliberal que la derecha. Un 50,7% de votantes del PSOE cree que sí que habría que crear un mecanismo de control de las noticias, frente a un 11,5% de votantes del PP y un 20,7% de Vox. 

Sánchez realmente no necesita intervenir los medios críticos. Su batalla es otra, es dejar claro quiénes son los buenos y los malos, qué es lo aceptable y lo inaceptable, determinar quién es legítimo y quién no. Si por el camino consigue ahogar alguna disidencia, bien. Pero el trabajo importante es cultural. En estos años de gobierno de coalición ha aprendido mucho de sus socios de Podemos. Piensa, como Schmitt, que las únicas categorías válidas en política son las de amigo y enemigo. 

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