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Aloma Rodríguez

El poder era un estado

«Hicieron la promo para anunciar la entrevista con Iván Redondo, cuya figura y peso en el Gobierno los medios habían hinchado. El domingo por la noche parece ser que explotó»

Opinión

El poder era un estado
LaSexta

Cuando Pablo Iglesias dejó la política, después de abandonar el Gobierno para hacer frente a Isabel Díaz Ayuso en Madrid y no obtener el resultado esperado en las elecciones, comenzaron las especulaciones: se va a descansar, era irrelevante en el Gobierno, tiene tres hijos, se ha separado, es un farol, se va a la tele. Yo tampoco comprendí muy bien su estrategia ni hacia dónde iba ni por qué, así que no sé si le salió bien o mal. (Lo único que me atrevería a decir que fracasó fue el product placement por parte del periodista y ensayista Pedro Vallín, de La Vanguardia, al dar la exclusiva [sic] del corte de coleta –literal– de Iglesias. La foto se movió mucho, incluso fue objeto de tertulias, pero no levantó las ventas del libro de Vallín, que casualmente leía de manera despreocupada Pablo Iglesias, Me cago en Godard.) Se comentó que las aspiraciones de Iglesias pasaban por un programa en televisión, pero eso ya lo hacía siendo vicepresidente: entrevistó a cineastas, escritores y otras personalidades de la cultura mientras estuvo en el Gobierno.

Pablo Iglesias, como el común de los freelance, se ha visto obligado a multiplicar su trabajo: una columna semanal aquí, una tertulia en la radio allá, una colaboración para la promo de la vuelta de Lo de Évole, y así ha descubierto que su vocación no era cambiar las cosas sino quejarse de que están mal mientras todos le miramos. Para la promo de Lo de Évole eligieron hacer un guiño a El gran Lebowski, y la verdad es que les quedó bastante bien. Puede haber una vocación ahí. El caso es que hicieron la promo para anunciar la entrevista con Iván Redondo, cuya figura y peso en el Gobierno los medios habían hinchado. El domingo por la noche parece ser que explotó. Y eso que Évole ni siquiera llegó a preguntarle si era realmente Batman.

De todo esto pueden extraer algunas ideas. La primera, que el poder es un estado, un escalón para escribir columnas. Y que se puede pasar de un puesto en el Gobierno a asesor de medios sin demasiado problema. Que los mismos mimbres que inflaron tu leyenda sirven para tirarla. Que la mejor serie española de los últimos años es Vota Juan y Vamos Juan. Y surge una pregunta inquietante que los chistes sobre las piezas de ajedrez que Redondo se sacó del bolsillo no logran acallar: ¿quién lo puso ahí?

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